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Israel Galván “Tábula
Rasa”
Domingo, 17 de septiembre, 2006. 2100h. Teatro Central.
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
Baile:Israel Galván.
Cante:Inés Bacán.
Piano:Diego Amador.
Hace sólo dos días vimos “Arena”,
la penúltima obra de Israel Galván, Premio
Nacional de la Danza, genio profesional y bailaor. A lo
mejor “Tábula Rasa” hubiera sido más
tragable de haber habido más tiempo neutro entre
obra y obra, porque Israel no es de fácil digestión.
El asunto es que algo falla, y tiene que ver con la esencia
de la experiencia artística desde el punto de vista
del espectador. Después de ver esta obra por segunda
vez, y de haber acudido al teatro con la firme intención
de abrir la mente de par en par para gozar del trabajo sincero
de uno de los artistas más destacados del panorama
nacional, lamento informar que para la que escribe, “Tábula
Rasa” sigue siendo una obra que se ha sacado del horno
mental de su creador mucho antes de su debido tiempo de
cocción.

Teatro bailado
En la nota de prensa del estreno a primeros de año,
se insistía en que Israel iba a bailar al “recuerdo
auditivo” del piano de Diego Amador y la voz de Inés
Bacán. Porque “Tábula Rasa” consiste
en eso: un mini recital de piano, un mini recital de cante
sin guitarra e Israel a secas, moviéndose por el
tiempo y el espacio sin voz ni guitarra ni compás
como lo entendemos los aficionados. Entonces, obediente
que es una, pasé la primera hora de aquella función
esforzándome al máximo para recordar el sonido
del piano y la voz, no vaya a ser que Israel baile sin acompañamiento.
Pero cuando por fin se presentó el bailaor en el
escenario, el silencio borró al instante, y con brutal
eficacia, toda la música que había precedido.
Me hice la promesa de prestar más atención
la próxima vez. En cambio anoche en el programa de
mano no se hablaba de un “recuerdo auditivo”,
y leo: “Un artista deja su escenario lleno de sus
tonos, formas, modos, gestos, aspiraciones, inspiraciones,
expiraciones. Sobre esos ecos viene la inspiración
del siguiente”. Me invadió la sensación
de haber sido violada intelectualmente y tomo nota de seguir
mi propio consejo de no leer nunca lo que pone en un programa
de mano. Borrón y cuenta nueva – hablando en
latín, “tábula rasa”.
Un desglose de sus famosas posturas
y pellizcos que han abierto un universo de posibilidades
para la nueva generación de bailaores

En este contexto entonces, Diego Amador con su piano, e
Inés Bacán con su voz pelada, quedan como
teloneros. Si la obra teatral existencialista de Pirandello,
“Seis personajes en busca de un autor”, está
basada en la natural incoherencia de la vida y la ausencia
de un guión, “Tábula Rasa” es
“Un bailaor en busca de una obra”. ¿Qué
diferencia entonces entre este trabajo y “Arena”
o “Edad de Oro”? La respuesta no tarda en llegar:
compás. Ese protagonista absoluto de cualquier acontecimiento
flamenco está ausente, y observamos a un ser humano
moviéndose libremente por un escenario, sin la guía
siquiera de la más elemental pulsación rítmica.
Teatro bailado.
La actuación de Israel en “Tábula Rasa”
es un desglose de sus famosas posturas y pellizcos que han
abierto un universo de posibilidades para la nueva generación
de bailaores, pero carece del empaque natural del flamenco.
Es decir, haz lo que quieras, Israel, pero házmelo
a compás.
Más información:
Especial XIV Bienal de Flamenco. Programación,
reseñas, fotografías
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