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27 de julio de 2008
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XIV BIENAL DE FLAMENCO DE SEVILLA



 

 

 

 

Especial XIV Bienal de Flamenco de Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...

Texto: Estela Zatania

Pastora Galván “La francesa”
Sábado, 16 de septiembre, 2006. 2100h. Teatro Central

Baile: Pastora Galván. Dirección musical y guitarra: Pedro Sierra. Guitarra: Miguel Iglesias. Cante: David Lagos, Antonio Villar. Acordeón y zanfoña: José Manuel Vaquero. Contrabajo y bajo eléctrico: Álvaro Ramos. Cajón: José Carrasco. Percusiones: Manuel Vergne.

Cosas importantes tuvieron lugar en el escenario del Teatro Central la noche de sábado 16 de septiembre dentro del marco de la Bienal de Flamenco de Sevilla. En primer lugar se puede dar por definitiva la consagración artística de Pastora Galván. Al margen del hecho de que el genial Israel haya firmado la coreografía, Pastora anoche dejó de ser “la hermana de …”, y reivindicó su propio lugar dentro de los grandes del baile.

En marzo de este año la bailaora ya causó una excelente impresión con su espectáculo “Del cielo a la tierra”, un recital del flamenco más clásico con sólo cante y guitarra, que fue una de las actuaciones más comentadas del prestigioso Festival de Jerez. Ahora, gracias a la mente prodigiosa de su célebre hermano mayor, ha podido demostrar que el gen específico de la creatividad también está bien colocado en la composición de su ADN. Es cierto que la obra “La francesa” estrenada en el Teatro Central lleva el marchamo inconfundible e idiosincrásico de Israel Galván. Pero hay que saber distinguir lo que hace una artista en un momento determinado, de lo que es su capacidad artística. Que quede claro que si a Pastora Galván le quitas la admirable coreografía de su hermano, sigue siendo un portento de bailaora.

Pastora anoche dejó de ser “la hermana de …”, y reivindicó su propio lugar dentro de los grandes del baile.

“La francesa” es una obra intrigante, profunda sin exceso de equipaje ideológico y sobretodo entretenida, la función más fundamental del arte, digan lo que digan los elitistas. Israel Galván tiene una pregunta permanente en su mente: ¿porqué las cosas tienen que ser de la manera que son? La plantea a través de sus coreografías con la misma inocencia de un niño que pregunta por qué tiene que acostarse cuando se pone el sol, y no sabes qué contestar. Los demás aceptamos un complejo sistema de convenciones como “establecido” – Galván cuestiona hasta el aire que respira, y lo que no le convence, es modificado o descartado sin miramientos. Algunas cosas funcionan mejor que otras, pero los desaciertos son pocos e insignificantes.

No se puede pasar por alto que “La francesa” es una declaración feminista, no estridente sino totalmente representativa del clima social actual. Pastora flexiona los músculos de su compacto cuerpo, luce una camiseta del futbolista Zinedine Zidane, da un cabezazo al vientre del cantaor David Lagos, pavonea como John Wayne… Pero también pone en marcha todo el arsenal femenino heredado de su género a lo largo de cientos de miles de años: en una de las escenas más divertidas representa a una cabaretera cutribunda que vende su españolismo agitanado a un público imaginario, y nosotros somos el público en tercer plano que lo contempla todo.

Una declaración feminista, no estridente sino totalmente representativa del clima social actual.

Abundan las referencias francesas. El vestuario reitera los colores de la bandera francesa, se alude oblicua pero continuamente al personaje de Carmen creado por el francés Merimée y elaborado por Bizet, suena el Bolero del también francés Ravel y en general se recrea el estereotipo de mujer fatal que es universalmente relacionado con España y que Israel Galván exagera hasta ridiculizarlo porque sabe que es la mejor manera de desmontarlo.

La música que ambienta y respalda el baile es punto y aparte, tan digna de admiración en su ejecución y concepto como el baile de la Galván. El guitarrista Pedro Sierra que también figura como director musical, impresionante. Sorprende el sonido de una zanfoña, David Lagos, aparte de soleá por bulería, romance o cantiñas, interpreta trozos de la canción “Non, Je Ne Regrette Rien” de Edith Piaf en francés y español, otra canción en vascuence, un acordeón nos sitúa en el París de los años veinte, de pronto suena “Los cuatro muleros” al xilófono (toda la música en directo con los músicos en el escenario), recortes del zorongo gitano, la guitarra reitera los tonos de rondeña que tanto le gustan a Israel, “Una paloma blanca” nos transporta a los años setenta, otra década se manifiesta con el “Buana Buana King Kong”, “Fuera de mí” de José el Francés y cuando suena “Sevilla” recordamos que estamos en Andalucía. Israel se sirve hábilmente del recuerdo colectivo (pero un reconocimiento en el programa a los autores de estas clásicas melodías hubiera quedado mejor que bien).

El galáctico Israel Galván ha sabido crear una obra idónea para lucir los talentos y la personalidad de su hermana.

Después de caer el telón sobre el cuerpo de Pastora tendida por el suelo dejándola parcialmente al lado “exterior”, el público exigió bis que fue proporcionado de la manera más convencional con la pataíta de Pedro Sierra.

El galáctico Israel Galván ha sabido crear una obra idónea para lucir los talentos y la personalidad de su hermana, ¿pero cómo los aficionados veteranos asimilamos todo lo acontecido? ¿Cómo lo relacionamos con el baile de la Malena o la Macarrona, el de Carmen Amaya o incluso Manuela Carrasco que sigue tan vigente? Sinceramente, no lo sé. Sólo deciros que ha nacido una obra, tiene todas sus extremidades, respira con normalidad y es necesario ir a visitarla para comprender la magnitud del genio de los hermanos Galván.

Amador, Amador
Sábado, 16 de septiembre, 2006. 2330h. Hotel Triana.

Raimundo, Juan José, padre e hijo, Diego, Ramón, padre e hijo, dos Luises y una Carmen. Amadores a gogó de familia trianera, unidos en el escenario del Hotel Triana. Piano, voces, percusión, guitarras y mucho compás, todo con fuertes reminiscencias de los años ochenta cuando Pata Negra y Camarón eran todo lo que los jóvenes necesitaban saber acerca del flamenco.


Amador, Amador . Foto: Rafael Manjavacas

Pero lejos de un viaje nostálgico, la nueva generación, representada por los hijos de sus padres, todos reunidos, reivindica la relevancia de esta estética que no acaba de caducar. La larga siguiriya de Juan José Amador sirve de declaración de autenticidad, Diego Amador al piano por bulerías acompaña su propio cante, cante minero con Juan José padre, además de cantiñas, bulerías, tangos y el “Ay, José”, que arrasaba en su día.

Demasiado pronto llegó el fin de fiesta de las pataítas - tanto Amador, y sólo 50 minutos de música. Pero el barrio feliz con haber visto a los suyos y la diversidad del flamenco perfectamente servida entre las dos ofertas del día en esta Bienal de Sevilla.

Más información familia Amador

Más información:

Especial XIV Bienal de Flamenco. Programación, reseñas, fotografías

 

 
 

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