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”Gala de Clausura”
Sábado, 14 de octubre, 2100h.
Teatro de la Maestranza
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
Primera parte. Solistas de baile: Manolo
Marín, Merche Esmeralda, Nani Paños. Guitarra:
Alfredo Lagos, José Arenas, Juan Campallo, Antonia
Jiménez. Cante: David Lagos, Tamara Tañé,
Pitingo. Violín: Juan Pablo Zielinski. Percusión:
Sergio Martínez. Colaboración especial: Diana
Navarro. Piano: Chico Valdivia.
Segunda parte: Baile: Manuela Carrasco. Guitarra: Joaquín
Amador, Pedro Sierra, Miguel Iglesias, Eugenio Iglesias.
Cante: Enrique Extremeño, Antonio Zúñiga,
Tobala, Samara Amador. Percusión: José Carrasco.
Palmas: Torombo.
La última presentacíon del último
día de la Bienal de Flamenco de Sevilla, el primer
día en el Teatro de la Maestraza. A los seres humanos
nos gusta destacar los comienzos y los finales de las cosas,
aunque todo sea un gran círculo infinito como confirmó
Einstein. Un mes bien despachaíto de actuaciones
de toda la gama del flamenco, con una fuerte dosis de lo
contemporáneo, anoche llegó a su conclusión.
Para la clausura habíamos esperado algo más
dramático quizás. Alguna intervención
institucional, algunas palabras de despedida o un espectáculo
que saliera de lo habitual. Pero ha sido un recital relativamente
al uso, dentro del contexto de la Bienal. Se pretendía
exaltar la “escuela sevillana” del baile, y
el propósito se ha llevado a cabo mediante tres sevillanos,
Manolo Marín, Merche Esmeralda y Manuela Carrasco.
En la primera parte, una cuadro fijo con las voces de David
Lagos, Tamara Tañé y Pitingo, una guitarrista
disfrazada de hombre y la colaboración especial de
la cantante Diana Navarro, dio lugar a una mezcla algo irregular
que prácticamente se convirtió en “el
show de Merche Esmeralda”. La bailaora quedó
elegante y muy “sevillana” en unas alegrías
con bata de cola y mantón blancos. Su intervención
hubiera quedado como una joya perfecta de haberse terminado
allí, pero una larga canción sin música
de la cantante Diana Navarro condujo a un mal aconsejado
paso a dos entre Merche y el excelente bailaor y bailarín
Nani Paños en el que la separación de edades
de muchos lustros llamó más la atención
que el baile en sí, y la voz de la Navarro empieza
a cansar en serio. Sigue cantando, sin música, “La
Lola se va por los mares”, y el Paños se queda
solo, luciendo su formación clásica, bien
adaptada al flamenco en una farruca que incluye un sorprendente
salto a lo José Greco, con rodillas encogidas.
Ni un solo instante defrauda
y todo es una declaración de fuerza interior, disciplina,
sabiduría y buen gusto
Vuelve Merche. Salió del retiro para el último
Festival de Jerez, y habiendo vuelto a sentir los aplausos
del público, parece estar recargando pilas, pero
la edad le traiciona, y ni una preciosa bata de cola roja
salva un baile donde quiere hacer más con menos,
con el inevitable resultado.
Manolo Marín por tientos. Esto es otra cosa, un
diminuto y compacto maestro, siete décadas de vida,
conoce su cuerpo y sabe qué puede hacer con él.
Se encuentra su personalidad y no la suelta, ni un solo
instante defrauda y todo es una declaración de fuerza
interior, disciplina, sabiduría y buen gusto. Merche
le hace pareja cuando entra en tangos y así termina
la primera parte.

La segunda es de Manuela Carrasco con su cuadro habitual
casi al completo para tres bailes suyos, separados por dos
interludios musicales. Por siguiriya, la voz de Antonio
Zúñiga rompe el silencio y aparece la diosa.
Sería fácil criticar diversos aspectos de
su baile, pero tiene un aplastante carisma y una estampa
que hace que todo se perdone. Agarra el borde inferior de
su chaquetilla y nos seduce con cuatro pellizcos, se retira,
interludio musical número uno y los cantaores se
turnan con rondeñas y otros cantes abandolaos. El
cajón gana la batalla de los decibelios y nos rendimos
irremediablemente a su protagonismo. También el suelo
está pésimamente amplificado de modo que no
suenen sutilizas ni golpes profundos.
Vuelve Manuela para un taranto con la voz del Extremeño
y las paradas y arranques de la bailaora. El segundo interludio
musical son tangos en clave extremeña, nuevamente
con los cantaores turnándose. Reaparece la bailaora
para su clásica soleá, la misma que lleva
bailando unos veinticinco años, esta vez modificada
para incluir una dramática entrada al cante grabado
de Camarón que parece observar el baile desde la
enorme imagen proyectada de su rostro. Con la apoteósica
aceleración que conduce al final, se da por terminada
esta edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla
del año 2006.
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