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Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
Fotos: Rafael Manjavacas Lara
Israel Galván “Arena”
Viernes, 15 de septiembre, 2006. 2100h. Teatro Lope de Vega
Baile:
Israel Galván. Cante: David Lagos, Diego
Carrasco, Miguel
Poveda Guitarra: Alfredo Lagos. Palmas, jaleos y pataítas:
Bobote, El Eléctrico. Gaita del Gastor: Mercedes
Bernal.
De las luces y el colorido de Andalucía,
el Flamenco y la Humanidad que inauguró la Bienal
de Flamenco de Sevilla el pasado miércoles, al sorprendente
mundo existencial de Israel Galván. Este viaje mental
del maximalismo al minimalismo da fe de la amplitud del
actual panorama del baile flamenco que tan a menudo enfrenta
a los vanguardistas con los clásicos, y de la intención
de los organizadores del festival de abarcar todo el abanico
de gustos.

De las tres últimas obras de Israel Galván,
cada una que require un nivel diferente de miras amplias.
Si la Edad de Oro es la oferta más clásica
de las tres, y Tábula Rasa, la que más
desafía a las convenciones, Arena está
en medio de ambos con una propuesta que ofrece múltiples
referencias al flamenco tradicional, siempre templadas por
detalles chocantes y sorprendentes que obligan al espectador
en cada momento a replantear su propio criterio
A los vanguardistas de su época advertía
Duke Ellington con el famoso conundro: “Si no conoces
las reglas, no deberías de romperlas”. Israel
conoce y domina las reglas del flamenco mejor que ninguno
de su generación. Técnica impecable, compás
infalible, conocimientos y fundamento. Entonces sus proyectos
se merecen todo el beneficio de la duda, por descabelladas
que nos parezcan a veces las travesuras que comete sobre
el escenario en nombre del baile flamenco. Pies descalzos,
bailar con una mecedora o con pieles rellenas que representan
toros, pegar cabezazos contra un burladero, el sonido agrio
de una gaita del Gastor en medio de unas dulces cantiñas,
o desorientador de una orquesta pachanguera… Israel
rompe todos los esquemas, y lo hace casi siempre con naturalidad
y absoluta convicción, a diferencia de otros que
simplemente dan la nota. Muchos otros artistas muestran
señales de poseer una intensa vida interna. Israel
Galván vive la suya abierta y públicamente
en el teatro, y miles de personas por todo el mundo pagan
por ser testigos de ella. Quizás sea la descripción
más concisa de un auténtico artista.
Israel obliga al espectador
en cada momento a replantear su propio criterio
Como es lógico, ha habido modificaciones desde el
estreno de la obra hace dos años. Los elementos fundamentales
se han mantenido: 6 coreografías con referencias
taurinas, separadas por intervalos audiovisuales con la
voz e imagen de Enrique Morente, la espléndida guitarra
de Alfredo Lagos, el piano de Diego Amador, dos voces en
directo, las de Miguel Poveda y David Lagos, y la indefinible
personalidad de Diego Carrasco. Pero Galván ha tenido
el buen gusto de permitir más flamencura al flamenco,
hay un poco más de cante, los palmeros Bobote y Eléctrico
tienen más protagonismo, hay toques obvios de humor…
Todo esto enriquece la obra, a la vez que la hace más
accesible al gran público, sin sacrificar la intención
del bailaor, y más importante: la experiencia global
no es opresiva, y aunque el espectador es obligado a participar
intelectualmente, el proceso es indoloro, y al final, agradable.
Cuando cae el telón estamos contentos de haber sido
capaces de acompañar a Israel en su excursión
por el mundo fellinesco y surrealista de su fértil
imaginación.
La
Susi / El
Potito
Viernes, 15 de septiembre, 2006. Hotel Triana, 2330h
La segunda actuación de la noche tuvo lugar
en el patio del Hotel Triana, un escenario al aire libre
en el corazón de Triana con ambiente informal y ameno.

Antonio Vargas Cortés “Potito”, sevillano,
el que fuera niño prodigio hace unos quince años
después de haber sido descubierto y promocionado
por Pepe de Lucía, pasó unos años de
poca actividad, casi cayendo en el olvido a pesar de varias
grabaciones, hasta hace poco cuando ha resurgido, retomando
el hilo de su popularidad como se ha manifestado por la
calurosa reacción del público anoche en el
Hotel Triana. Con el magnífico Pedro Sierra a la
guitarra, secundado por Miguel Iglesias, cantó largo
y bien, por soleá a palo seco, fandangos, taranto,
siguiriya, tangos y bulerías conectando con el numeroso
respetable con su voz convenientemente matizada y madurada,
y un compás suelto y natural. A juzgar por los aplausos,
es posible que los cantaores más nuevos hayan abandonado
el sonido Camarón demasiado pronto.
Después del descanso, el recuerdo del cantaor de
la Isla seguía presente con La Susi, alicantina cincuentona
que siempre será “la niña de Camarón”
para cierta generación que devoró sus numerosas
grabaciones, incapaz de saciarse de esa voz terciopelada
y ese decir dulcemente hiriente. Es otra de aquellos años
que ha surgido del casi retiro y sabido reinventarse. Empezó
de manera espectacular, de rojo vivo y por tonás,
rematando, cómo no, “En el barrio de Triana”,
con un oportuno viento que le meneaba los largos flecos
de su mantón. Tenía que haber seguido el plan
de siempre, un poco de mineras y luego esos cantes por bulerías
y tangos a los que tanta personalidad aporta. Se atrevió
con una larga serie de soleá, casi todo de la Serneta
y Juaniquí, es decir, el cante adoptivo de Utrera,
luego vidalita, cante minero, rondeña….no era
el repertorio que la gente esperaba de ella, y la chispa
se iba apagando a pesar de sus mejores esfuerzos. Un fin
de fiesta con Potito volvió a despertar el interés,
y así de redonda quedó la jornada del viernes
en la Bienal.
Más información:
Especial XIV Bienal de Flamenco. Programación,
reseñas, fotografías
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