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La noche de Pepe Habichuela
Viernes, 13 de octubre, 2100h.
Teatro Central
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
Guitarra y dirección: Pepe
Habichuela, Josemi
Carmona. Artistas invitados: Cante: Pitingo,
Pepe Luis Carmona, Amparo Bengala. Bajo: Carles
Benavent. Baile: David Paniagua. Guitarra: Carlos Habichuela,
Carlos Carmona. Percusión: Bandolero, Nono Carmona,
Juan Carmona “El Tallarín”.
En el flamenco tradicional, la familia tiene una
importancia especial debido al papel que juega en la transmisión
de costumbres, cantes, bailes o música. Hoy en día
cuando la globalización del flamenco está
uniformando y homogeneizando los sabores que antes se distinguían
tan fácilmente, dentro del marco vanguardista de
la Bienal de Sevilla ha habido sitio para espectáculos
teñidos de lazos familiares, destacablemente, la
noche de la familia Amador, o en menor grado, las de Fernando
Terremoto o Tomás de Perrate. Pero “La noche
de Pepe Habichuela” ha sido una auténtica celebración
del flamenco granadino a través de la saga de los
Habichuela.
La figura central, Pepe Habichuela, es un guitarrista curtido
en el toque de su tierra durante una época cuando
parecía que la escuela granadina, heredada de Juanillo
el Gitano y desarrollada espectacularmente por los Habichuela
y Juan Maya Marote, iba a poner la pauta de una nueva época
en la guitarra flamenca. Hacia finales de los sesenta, efectivamente,
reinaba este estilo enérgico de sacar sonidos flamencos
de una guitarra. Llegaría el joven Paco de Lucía
para coger el timón cuando nadie estaba mirando,
pero aquella época de transición entre pasado
y futuro, ha quedado como una brillantez que no se apaga,
incluso décadas después.

De los últimos de una
generación de guitarristas que empezaron a tocar
sin tener el concertismo como meta primaria
Esto es lo que hemos disfrutado anoche en el Teatro Central,
la reivindicación de una forma de tocar la guitarra
que sigue demostrando su relevancia. Sincero y directo,
con armonía clásica y el compás en
bandeja como invitación abierta a cualquier cantaor
o bailaor, el resultado de los años que Pepe Habichuela
ha pasado tocando en tablao o con grupos de baile, siguiendo
el camino emprendido por su hermano mayor, Juan Habichuela.
El programa, que empieza con imágenes históricas
de Habichuela el viejo, juega entre la nostalgia y la actualidad,
con la constante comunicación entre generaciones,
sugerida por los audiovisuales, y hecha realidad por los
músicos jóvenes y veteranos en el escenario,
haciendo gala de su perfecta compenetración. Pepe
Habichuela es de los últimos de una generación
de guitarristas que empezaron a tocar sin tener el concertismo
como meta primaria.
Comienza con un solo de granaína, exhibiendo una
pulsación expresiva, dulce y lírica, y por
soleá, aprovechando su pulgar y el rasgueado de Marote,
toca con sabiduría y dignidad. Su hermano Carlos
le segunda para los fandangos de Huelva, y el joven cantaor
Pepe Luis Carmona se defiende por martinete y debla –
es otro sabor, diferente a lo acostumbrado, se agradece.
Sale Amparo, esposa de Pepe, bailaora que fuera, y sevillana.
Afirma sentirse orgullosa de estar en su tierra y explica
“soy bailaora, pero voy a cantar los fandangos de
mi padre, Miguel Bengala”. Al terminar, besa tiernamente
a su marido y éste se queda solo para tocar por bulerías.
Una brillantez que no se apaga,
incluso décadas después
Llega al escenario el cantaor Pitingo, que recientemente
ha grabado con los Habichuelas, y canta por malagueñas
con una voz frágil y melismática que recuerda
tiempos pasados. A continuación, David Paniagua baila
por alegrías con un estilo puramente farruquero,
y haciéndolo bien a pesar de cierto exceso de. A
partir de este momento se siente el paso del testigo, entra
Carles Benavent con su bajo, los jóvenes sacan los
instrumentos hindúes y el sonido se vuelve internacional.
Se une al grupo Josemi, guitarrista, hijo de Pepe, y sólo
queda el fin de fiesta para atar cabos sueltos. Pero es
una fiesta al estilo granadino, por tangos, con cantes antiguos
del Sacromonte. Parece que nadie se mueve mientras no suenen
unas bulerías, entonces otro bis, y todavía
uno más cuando Pepe y su mujer nos regalan el recuerdo
de verlos bailar juntos.
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