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Andalucía, el Flamenco
y la Humanidad
Miércoles, 13 de septiembre,
2006. 2200h. Teatro Lope de Vega
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Dirección, puesta en escena
y coreografía: Mario
Maya. Baile: Belén
Maya, El Grilo,
Rocío
Molina, Rafaela
Carrasco. Cante: Fernando
de la Morena, Capullo
de Jerez, Rocío
Bazán, María José Pérez,
Segundo
Falcón, La Tremendita,
Marina Heredia, Carmen
Linares, Juan Moreno “El
Pele”, Guillermo Cano. Guitarra: Alfredo Lagos,
Juan
Carlos Romero, Paco Cruzado, Miguel Ochando, Emilio
Maya, Chaparro, Francisco Javier Jimeno. Cuerpo de baile:
Álvaro Méndez, Moisés Navarro, Fernando
Jiménez, Raimundo Benítez, David Forte, David
Pérez, Eva Esquivel, Conchi Maya, Silvia Lozano,
Anabel Moreno. Percusión: Antonio Coronel. Panda
de verdiales Santo Pitar. Coro: Escolanía de niños
de Almonte. Música adicional: José Antonio
Rodríguez, J. A. Amargós. Letra: Blas Infante.
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programa de mano
Texto: Estela Zatania
El miércoles 13 de septiembre terminó
la cuenta atrás de dos años, y se inauguró
la decimocuarta Bienal de Flamenco de Sevilla. Este año
dedicado al baile, puede haber cierta intención de
competir con el Festival de Jerez, celebrado anualmente,
y que siempre se centra en el baile.
Los espectáculos de inauguración y clausura
de cualquier festival a menudo pecan de una exceso de grandiosidad
y una escasez de calidad artística. El título
Andalucía, el Flamenco y la Humanidad, y
un total de 48 artistas en pista, sugiere la típica
orgía chovinista incoherente y ruidosa, pero por
lo general fue una grata sorpresa. A través de una
serie de diez escenas bien construidas y ligadas sin costuras
apenas, el bailaor, coreógrafo y director Mario Maya
reitera el himno de Andalucía, o al menos el verso
del mismo, en una diversidad de lenguajes musicales correspondiendo
a las provincias de Andalucía, premisa que fue la
base de un CD producido por la Agencia Andaluza para el
Desarrollo del Flamenco para conmemorar el Día de
Andalucía.
Belén
Maya y el cuerpo de baile
Diez escenas bien construidas
y ligadas sin costuras apenas
Sin protagonismo por parte de los artistas, el espectáculo
es un viaje por la mente del genial Mario Maya. Nadie hoy
en día, dentro del flamenco, sabe mover personas
y elementos teatrales por un escenario con mayor efecto:
parece una natural continuación y consecuencia de
su concepto geométricamente orientado con el que
revolucionó el panorama del baile flamenco hace más
de treinta años. Todo es visual sin excesiva vistosidad.
Los espacios negativos entre cuerpo y cuerpo, o cuerpo y
pared, cortina, suelo, son otorgados la misma importancia
que los bailaores en sí, cada detalle es cuidado
y las diez horas diarias de ensayo durante meses que recuerdan
algunos de los artistas, han dado su fruto – la coherencia
es casi perfecta.
Han participado algunos nombres de alto octanaje como Belén
Maya, Joaquín Grilo y Rocío Molina en el baile,
Capullo de Jerez, El Pele y Carmen Linares en el cante,
o José Antonio Rodríguez y Alfredo Lagos en
guitarra, pero en cada momento el desarrollo del espectáculo
es protagonista absoluto. Las transiciones entre escena
y escena se realizan con el uso ingenioso de unas simples
gradas movibles que te entregan por ejemplo el espléndido
cuadro de Jerez, uno de los momentos más destacados,
con los artistas Capullo de Jerez, Fernando de la Morena,
Joaquín Grilo y palmeros, ya colocados y en plena
faena.
Otra escena destacable es la de Sevilla con la soleá
de Triana y del Arenero. Es interpretada por Rafaela Carrasco,
una bailaora que a veces proyecta la personalidad de vampiresa
de comic, pero en esta ocasión ha sido oportunamente
suavizada por la mano sabia de Mario Maya. Segundo Falcón
y la joven Rosario la Tremendita la respaldan con un hermoso
juego de voces que en ningún momento se aparta del
flamenco más clásico – innovación
sin agresión. Rafaela vuelve a lucir en la escena
dedicada a Córdoba con fandangos de Lucena y el Pele
poniendo el cante.
Nadie hoy en día, dentro
del flamenco, sabe mover personas y elementos teatrales
por un escenario con mayor efecto que Mario Maya

Rocio Molina
El momento onubense llega con la voz de Guillermo Cano
que ha adoptado el look de Arcángel, con las guitarras
de Juan Carlos Romero y Paco Cruzado. El irresistible toque
de gracia - queremos resistir semejante sensiblería
pero es superior a la voluntad de cualquiera - es la intervención
de la Escolanía de los niños de Almonte, chiquininos
con voces angélicas, bien instruidas con melodías
sobrepuestas y armonizadas.
Dignas también de mención son las intervenciones
de Belén Maya, y de la joven bailaora Rocío
Molina, ahora luciendo un cuerpo estilizado, que no deja
de sorprender con su estilo onírico que saca provecho
de contorsiones serpentinas y un fascinante juego de brazos
y manos con la cabeza y cara.
Quizás lo negativo tenía que haberse comentado
al comienzo, pero ahí va: totalmente imperdonable
y lamentable, una metedura de pata de tamaño olímpico,
es la ausencia de cualquier referencia de la bahía
de Cádiz. Mario Maya, ubicado desde hace años
en Granada, una tierra que rara vez recibe el debido reconocimiento
por su contribución al flamenco, conoce el ostracismo
provocado por el localismo que todavía infecta este
arte, entonces su caso omiso no tiene explicación.
Aunque sea en términos puramente musicales, unas
alegrías o cantiñas hubieran facilitado el
único descanso de la cadencia andaluza, además
de aportar el deliciosamente pungente olor a salitre.

Rafaela Carrasco, Rosario la Tremendita
Tan inexplicable como la no inclusión de Cádiz,
es la presencia de Brooklyn (y las Tres Mil según
dice el programa) en Dos Barrios. Una estética caduca
a lo West Side Story, delata que este número, metido
con calzador, procede de una obra antigua de Mario que debería
de saber que es malo cuando el artista se enamora de su
propio trabajo.
El balance sin embargo, después del saludo final,
es fuertemente positivo. Andalucía, el Flamenco
y la Humanidad es una experiencia teatral y flamenca
perfectamente disfrutable que defiende las raíces
sin promocionar más política de lo que contiene
el verso en sí de Blas Infante que tanto se repite
a lo largo de la función. Lástima que la presentación
sea demasiado cara para su exportación excepto en
formato reducido.
Más información:
Especial XIV Bienal de Flamenco. Programación,
reseñas, fotografías
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