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Dorantes en concierto
Miércoles, 11 de octubre, 2006. 2100h.
Teatro Central
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
Piano: Dorantes.
Percusión: Tete Peña. Bajo: Manolo Nieto.
De noble estirpe flamenca nos llega David Peña
“Dorantes” a esta Bienal de Flamenco de Sevilla,
escenario de su primer triunfo importante hace exactamente
diez años. Sobrino del gran cantaor Juan Peña
“Lebrijano”, con todo el largo historial que
ese vínculo implica, el hijo de Pedro Peña,
siendo muy joven, sintió que sus necesidades artísticas,
las mismas que siente todo artista, de hecho, todo ser humano,
de comunicar las inquietudes a sus semejantes, tenían
una salida afín a su personalidad a través
del teclado.
Pianistas ligados al flamenco, ha habido muchos. Arturo
Pavón fue la primera gran figura en hacer carrera
con lo que a partir de él se empezó a llamar
el “piano flamenco”. Felipe Campuzano tuvo mucho
éxito hacia finales de los setenta con una especie
de antología, un viaje por Andalucía a través
de composiciones e interpretaciones al piano que evocaban
el sentir flamenco de cada provincia, reflejando el compás
y la estructura musical de la guitarra sin imitar las melodías
del cante, y su tema “Salinas” llegó
a ser sinónimo de Cádiz.

De sabores va la cosa. Pero la definición de un
sabor es algo muy íntimo de cada uno porque depende
de recuerdos, vivencias e impresiones que son intransferibles.
Cuando un artista, un músico en concreto, logra reunir
un catálogo mental de impresiones que son tan comunes
que casi llegan a universales, y consigue expresarlas a
través del medio elegido, entonces decimos que su
producto tiene mucho “sabor”.
Valientemente rechaza la caricaturización
del flamenco y nos plantea su música tal cual
Dorantes ha dado un salto más, estableciendo nuevos
precedentes y optando por un camino que no busca inspiración
abiertamente en el cante ni se somete a las formas identificables
del flamenco. Sus composiciones tienen títulos poéticos
y carecen de subtítulos genéricos de los palos.
Son piezas abstractas que no pretenden evocar impresiones
específicamente compartidas, sino personales de él,
como la mayoría de la música del mundo. Valientemente
rechaza la caricaturización del flamenco y nos plantea
su música tal cual. Música hermosa, entrañable,
ejecutada con sentimiento y conocimientos, conmovedora.
¿Dónde está la frontera entonces?
¿Es su música “flamenco” por haber
nacido su autor en el seno de una familia eminentemente
flamenca? En este berenjenal no me meto, sino planteo la
pregunta. También pregunto si una persona conocedora
de guitarra, cante y baile está capacitada para comentar
la valía de un pianista, o si es una injusticia con
respecto al mismo.
En este contexto entonces, me siento obligada a limitarme
a comunicar la tremenda impotencia que siento sabiendo que
algunos aficionados buscarán en estas palabras un
relato en condiciones de lo que tuvo lugar anoche en el
Teatro Central, una recomendación, positiva o negativa,
cualquier pista que les oriente en cuanto a la música
de Dorantes, pero con la mayor humildad del mundo, sólo
puedo decir que me parece muy bonita. Y una vez más
aprovecho esta plataforma, cuya envergadura no tomo a la
ligera, para insistir con la pregunta: ¿no habrá
más sitio en una Bienal de Flamenco de Sevilla para
el flamenco?
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