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Tomás de Perrate “Perraterías”
Domingo, 1 de octubre, 2006. 2100h.
Teatro Central
Especial XIV Bienal de Flamenco de
Sevilla. Reseñas, programación, fotografías...
Texto: Estela Zatania
Voz: Tomás
de Perrate. Baile: Pepe Torres. Guitarra flamenca: Antonio
Moya. Guitarra eléctrica: Ricardo Moreno. Bajo: Javier
Vargas. Batería: Ricardo Pachón Jr. Coros/palmas:
Vicente Peña, Gaspar Fernández Soto. Dirección:
Ricardo Pachón.
El pueblo de Utrera ocupa un lugar singular dentro
de la historia, lejana y reciente, del flamenco. Junto con
otros lugares puntuales, ha sido uno de los puntos neurálgicos
en la dinámica etapa formativa del cante. Como está
pasando en otros lugares, la natural desaparición
de los cantaores clásicos, más notablemente
la recientemente fallecida Fernanda de Utrera, la cantera
ha disminuido, y miramos a la siguiente generación
para nuevos intérpretes. Tomás de Perrate,
hijo menor del mítico Perrate de Utrera, sobrino
de la Perrata, nieto de Manuel Torre, ahora ha quedado como
el heredero de la escuela utrerana.
Entonces
la nueva grabación de Tomás, “Perraterías”,
presentada anoche en el Teatro Central dentro de la Bienal
de Sevilla, es un acontecimiento de peso. Este hombre serio
e intenso, que nunca ha buscado la fama ni la profesionalidad
siquiera, ahora lleva las ilusiones de todo un pueblo que
ve en él la continuidad de su larga tradición.
Con este trasfondo, y el ánimo de ser digno de tanta
responsabilidad, Tomás de Perrate anoche expuso su
concepto del cante como lo conoce desde pequeño,
y como lo vive día a día como hombre contemporáneo.
La presentación abre con el baile varonil y seco
del moronense Pepe Torres, componente de Son
de la Frontera, haciendo lo humanamente posible por
tonás al compás de siguiriya con una indiscreta
batería que conduce en lugar de seguir – cuando
un bailaor es privado del mando, sólo es posible
representar una evocación de las formas. Tomás,
vestido con un atractivo look de bohemio, está bien
de la voz, más confiado y experimentado que hace
unos años.
Las ilusiones de todo un pueblo
que ve en él la continuidad de su larga tradición
Los cantaores utreranos tienen una manera con el cuplé,
y un compás irresistiblemente tranquilo, que otorgan
a la bulería un carácter profundo, diametralmente
opuesto al adrenalínico ritmo jerezano, cercano,
en todo caso, al compás de Lebrija con el que comparte
lazos familiares a través de la familia de Tomás.
Entonces el “Cuplé por bulerías de Utrera”,
con la sabia y sabrosa guitarra de Antonio Moya y su toque
auténtico inspirado en Pedro Bacán y Diego
del Gastor, es puro gozo. Trozos de cuplé son transformados
y pasados por el tamiz de Utrera para complementar el cante
corto de manera absolutamente natural.
“Al cante por soleá le hacemos culto en
Utrera” afirma Tomás, y prosigue a decir
misa por los estilos de Lebrija y Utrera. Ahora es cuando
su voz, rica en matices jondas, asume todo el poder y el
eco del padre. Es un sonido irresistible, el sabor de la
campiña, ecos de Talega e, inevitablemente, se siente
a Fernanda entre líneas. Hoy en día cuando
el cante se está homologando y homogeneizando, se
agradecen los sabores claramente definidos.
Es un cambio brusco, casi incómodo, para los tangos
del Piyayo. Hace muchos años este cante autóctono
de Málaga llegó a echar raíces tierra
adentro gracias a la debilidad que sentía el Perrate
por él. Lo transformó, lo hizo más
flamenco y su hijo Tomás lo recuerda a veces como
“las chuflas de mi padre”. Pero el arreglo en
reggae sacrifica el planteamiento dulce amargo del original,
y lo que es peor, la molesta batería se niega a ceder
el “rubato”, el tirar y aflojar del compás
que caracteriza estos cantes.
“Al cante por soleá
le hacemos culto en Utrera”

Más bulerías, esta vez con un aire contemporáneo,
y Tomás como roquero andaluz casi convence, a pesar
de su innata seriedad. Moya ataca por siguiriyas y el cantaor
recuerda los sonidos exquisitamente negros de su herencia.
Vuelve Pepe Torres con su baile elegante y sobrio, luchando
con el sonido metálico del escenario, y nuevamente
la poco acertada percusión prohíbe el fraseo
de los artistas convirtiendo cante en canción. Qué
delicado el equilibrio entre guitarra, cante y baile, y
con qué poco se altera. Luces psicodélicas
intermitentes, ¿a quién se le ocurre en el
año 2006? dan un aspecto circense.
A continuación, Tomás se encuentra a solas
en la pista. Se sirve una copa, y con su manera humilde
y sincera, brinda a la memoria de Fernanda de Utrera, Manuel
de Angustias, Turronero, La Perrata, Perrate, y sale su
numerosa familia a armarla por bulerías. Una fiesta
familiar con pataítas y cantecitos de los hermanos
de Tomás, María Peña, su hermano Jesús…
El espontáneo fin de fiesta de un pueblo donde la
fiesta nunca finaliza, y además, se toma muy serio.
Más información:
Especial XIV Bienal de Flamenco. Programación,
reseñas, fotografías
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