| XII FLAMENCO FESTIVAL DE BERLÍN
Noche de cante
Miércoles, 15 de agosto, 2007. Pfefferberg-sommergarden,
Berlín, Alemania
Texto y fotos: Estela Zatania
foto portada: Gijsbert Copier
Cuando España entera está de vacaciones, hemos venido a Berlín, a la duodécima edición de su Flamenco Festival, un evento poco conocido fuera de Alemania, para descubrir un ambiente flamenco que está al rojo vivo. A lo largo de nueve días se despliega un programa que incluye actuaciones de más de treinta artistas, además de cursillos de baile, guitarra, palmas y cante.
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Antonio Moya |
Fabiola Pérez |
Otros festivales de gran formato optan por las obras extravagantes, cada vez más alejadas de la estética flamenca y más cercanas a Hollywood. Los organizadores de este festival en cambio han tenido el buen gusto de reunir una muestra del flamenco en toda su riqueza y con un mínimo de adorno. En una rueda de prensa el director artístico, Michael Schuldt, destacó que el alma del festival será el "sentimiento", e insistió en la naturaleza del flamenco como "arte del pueblo”, a la vez que puede acomodar determinadas fusiones hechas con inteligencia y criterio.
Un ambiente flamenco al rojo vivo
Jóvenes artistas que siguen resistiendo el impulso mercantil y defienden el flamenco que conocen y aman, ofrecieron una velada de sorprendente calidad la noche de miércoles. Los espectáculos aquí empiezan a la hora poca flamenca de las siete y media de la tarde, con plena luz de día; las noches refrescan en Berlín, y hay costumbre de acostarse más temprano que en España. Esta noche el lugar es una especie de biergarden con grandes árboles y un ambiente relajado como el de cualquier festival de cante en España. Hay una larguísima cola de personas en la entrada que luego ocuparán filas de bancos. Es un público diverso de clase media, predominando los de 25 a 45 años de edad aproximadamente. Suena “La bien pagá” en versión Cigala mientras un técnico de sonido prueba los micrófonos para palmas y nudillos sobre la mesa, y un cielo gris amenaza.
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Leonor Leal |
Javier Rivera, Tino van der Sman |
Cuando abre el cantaor Javier Rivera acompañado por el guitarrista holandés residente en Sevilla, Tino van der Sman, con una versión actualizada de la caña, empiezan a caer gotas, y mil plásticos y paraguas se despliegan entre un público que ha venido a ver ese “sentimiento” que pretende ofrecer la organización. Javier canta dignamente, más allá de sus años, y Tino le apoya con un toque que es moderno en su justa medida. La complicidad del público, a pesar de la lluvia, es absoluta. El cantaor les da las gracias y dedica su actuación a “la gente de nuestra tierra que ha venido aquí a currar”, terminando con malagueñas y alegrías.
Un auténtico festero a la vieja usanza
A continuación Antonio Moya presta su toque dinámico a Fabiola Pérez, cantaora guapa, elegante y muy flamenca. La lluvia, que se había amainado, vuelve a caer y florecen paraguas. Es cuando tomo nota del excelente sonido; en España la pésima calidad de la amplificación es una constante lamentable. Tientos tangos y bulerías por fiesta de pie, y la simpática cantaora se disculpa por la lluvia.

Javier Heredia conserva el arte festero
Luego el público berlinés tiene el placer, cada vez más difícil de disfrutar, de ver a un auténtico festero a la vieja usanza. Inspirándose en los maestros como Paco Valdepeñas, Anzonini, el Mono de Jerez, Miguel Funi o el Marsellés, Javier Heredia es el más joven exponente de este arte en vías de extinción. Canta por bulerías, recordando a Gaspar de Utrera entre otros, y su baile deliciosamente minimalista, refleja algo de Miguel Funi, pero Heredia tiene sello propio. La respuesta del público es entusiasmada, por no decir enloquecida, demostrando la universalidad del mensaje de Javier.
En la segunda parte, protagoniza el baile en la persona de Leonor Leal, una gran profesional, altamente competente, que ha trabajado con María Pagés, Eva Yerbabuena o Andrés Marín. Después de su largo baile por alegrías, un fin de fiesta hace las delicias del público. Por si fuera poco, una charla con cante se ofrece en el pub del jardín, y lo que demasiado poco se ve en España: los artistas se reúnen después para un dilatado trasnoche flamenco que mostraba pocas señales de decaer cuando se marchó la que escribe a las cinco de la mañana.

Ni pasado por agua se rendía el público berlinés
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