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XLVII Festival Internacional
del Cante de las Minas.
Rocío Molina, José Mercé
Lunes, 6 de agosto, 2007. 2300h.
La Unión - © DeFlamenco.com
Texto: Estela Zatania
Fotos: Rafael Manjavacas
Las actividades de lunes, quinta jornada del festival de La Unión, empezaron con una conferencia del historiador Francisco J. Ródena Rozas, “El antiguo mercado público de La Uníon: un siglo de historia y cultura”, en la que se desglosó la historia de este edificio construido hace un siglo para servir a un pueblo minero en pleno auge, y que hace años fue convertido en teatro para acomodar, entre otras cosas, las actuaciones principales de este festival. A continuación, el fotógrafo y periodista de Canal Sur Radio, Paco Sánchez, dio una conferencia ilustrada “La fotografía en el flamenco. Una obra de tres décadas. Un recorrido por las imágenes de Paco Sánchez”.
Grupo de Rocío Molina. Cante: Antonio Campos, Leo Triviño. Guitarra: Paco Cruz, Manuel Cazas. Percusión: Sergio Martínez. Palmas: Ana Romero, Tacha.
El excelente cartel doble correspondiente al teatro empezó con la joven, no promesa sino figura consagrada, Rocío Molina. Hace cuatro años cuando vino a La Unión a concursar, y no pasó a la final, pero pocos meses después estaba de turné por los Estados Unidos como figura de baile con una serie de artistas donde la guitarra fue representada por Paco de Lucía. No sabemos cómo pasan estas cosas, pero ahora, en el 2007, vuelve la bailaora a este venerable escenario como auténtica figura, niña prodigio y artista con nombre propio.
El extraordinario talento de la joven ha lucido poco en algunas de las menos afortunadas obras en las que se ha visto obligada, aparentemente por motivos institucionales, a participar, así que el hecho de que hubiera venido al festival a bailar fuera del marco de una “obra”, fue una buena noticia. Es una artista creativa, con una imaginación que no parece tener límites y el suficiente buen gusto y madurez como para saber marcar su propia línea para crear una nueva estética, la suya propia.
Sensualidad, un sentido del humor y también de la ironía… una inquietud inteligente
Todo es sorpresa en ella – si de otros bailaores no apartas la vista porque hacen cosas hermosas, tu mirada queda pegada a la Molina para no perder la emoción del pellizco sorprendente que puede surgir en cualquier instante. Hasta su apariencia es novedosa. Para el primer baile viste un traje de chaqueta con falda corta de piel, botas hasta la rodilla y su pelo largo y suelto es un accesorio más, un “mantón incorporado”. Es más mujer que hace cuatro años, luce un cuerpo estilizado y hay una sensualidad, un sentido del humor y también de la ironía, los guiños hacia el pasado son constantes y delatan una inquietud inteligente. El segundo baile de los tres que componen el recital, es menos afortunado. Sale Rocío vestida de pescador (por si alguien hubiera pasado por alto que es malagueña), atuendo que le favorece bien poco, y baila a una composición en tres por cuatro, una especie de “fantasía ternaria” simbólica del compás abandolao de su tierra, pero sin los cantes asociados. En fin, Diputación de Málaga, uno, flamenco, cero.
Pero todo se perdona con creces en la soleá, un baile largo (me dijeron después que había durado veinticinco minutos, yo no me enteré) que no deja lugar a dudas en cuanto a la genialidad de la bailaora. Se había anunciado que haría la misma soleá con la que no logró pasar a la final hace cuatro años, pero de eso nada. Se sirvió de todo un catálogo nuevo de movimientos y pellizcos bien ejecutados, algunas cosas extraordinariamente sutiles, no se le acaban las ideas, y el único resto reconocible de entonces es el fascinante juego de manos y cabeza que es el sello inconfundible de esta importante artista que está destinada a revolucionar el baile femenino flamenco.
Poderío que saca desde dentro como un genio de su botella
La segunda parte de la noche fue entregada a una de las parejas de voz y guitarra más queridas de la historia del flamenco: José Mercé y Moraíto. Los dos jerezanos son recibidos con una calurosa ovación, y después de las formalidades de buenas noches y demás, directamente a la soleá. Siempre sorprende como Mercé abre y cierra el grifo de lo jondo a voluntad, y con el acompañamiento inmejorable de Moraíto, viaja directa y velozmente a las raíces, las suyas. El recuerdo de voces maestras le aconsejan en cada instante y su multidimensional voz y amplios conocimientos se dan la mano para entregar el cante en perfectas condiciones para su consumo desde la primera estrofa. Siguiriyas y fandangos, y sigue sorprendiendo, incluso cuando sabemos que va a ser así, el poderío que saca desde dentro como un genio de su botella. Por alegrías y cantiñas, como todos los jerezanos, “sobrecanta” y se le escapa la sutileza de la bahía, pero hay que aceptar a los artistas dentro de su propio marco e identidad. Bulerías, “Aire” que siempre exige el público, y un bis por tangos con sabores extremeños y trianeros. Los únicos puntos negativos, la amplificación que sigue dando la lata, y un atrás familiar para coros y palmas que aporta poca energía.
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