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XLVII Festival Internacional
del Cante de las Minas.

Gerardo Núñez, Luis el Zambo, Guadiana, El Cabrero

 


Sábado, 4 de agosto, 2007. 2300h.
La Unión - © DeFlamenco.com

Texto: Estela Zatania
Fotos: Rafael Manjavacas

Primer sábado del Festival de la Unión y de agosto, y a este pequeño pueblo levantino sigue llegando personal de todo el país y del extranjero. La jornada empezó a las ocho de la tarde con la presentación del libro “Tomás Pavón, El príncipe de la Alameda” del periodista y crítico Manuel Bohórquez que destacó anécdotas procedentes de esta interesantísima obra. A continuación, se hizo entrega del Castillete de Oro, máximo galardón cultural del festival, al escritor y crítico, José Manuel Gamboa. Por la noche en el teatro, un rico y variado cartel daría lugar a otro lleno completo en la catedral del cante con capacidad para cerca de mil personas.

Puedes sacar al guitarrista de Jerez, pero nunca puedes sacar Jerez del guitarrista

Gerardo NúñezGerardo Núñez, el jerezano más internacional, da comienzo al largo programa con su hermoso tema, lleno de dulzura y misterio, compuesto para la obra Yerma. Para muchos, Núñez es el mejor guitarrista de su generación, pero su gran capacidad para la composición es todavía más destacable; antes que guitarrista flamenco, es un auténtico músico. El cuadro se completa con el bajo de Pablo Martín, la percusión del Cepillo, la voz flamenca de Jesús Méndez y el baile de Carmen Cortés, y manos a la obra para una larga soleá por bulería, palo que identifica a Jerez casi más que la bulería. Gerardo la ha estructurado al estilo jazz: después de un rato de guitarra, cada componente tiene su momento en solitario, y es cuando me acuerdo de lo poco que me gustan los solos de percusión o de bajo, a pesar de la obvia capacidad de los intérpretes. Bendita sea la jerezana y plazuelera voz de Jesús Méndez cuando por fin llega para devolvernos al inconfundible color del flamenco. El joven cantaor ofrece un modesto pero digno solo de tonás, seguido del baile temperamental de Carmen Cortés por soleá. Es una mujer que siempre rompe dejando al público encendido de emoción y con ganas de más. Gerardo anuncia bulerías para terminar. A pesar de su abuso reiterado de los finales falsos y otros efectos como su alzapúa mortífera que arrancan aplausos una y otra vez, es un toque de indudable calidad con sabor jerezano: puedes sacar al guitarrista de Jerez, pero nunca puedes sacar Jerez del guitarrista. El desenfadado fin de fiesta incluye el cante sorprendente del Cepillo.

Luis el ZamboLa segunda parte de la primera parte –es que con cuatro figuras de peso, el cartel no tiene nada que envidiar a ninguno de los festivales de Andalucía– empieza con el cantaor extremeño Antonio Suárez Salazar, “Guadiana”. Nacido en 1955, su formación cae plenamente dentro de la época camaronera, lo cual viene reflejado en su cante, junto con un obvio deje musical extremeño que siempre resulta agradable. Su cálida voz posee múltiples capas de color, intensidad y flamencura, un sonido muy apto para el cante. Primero canta por Levante, lo cual es interesante porque geografía aparte, los extremeños siempre han cultivado el cante minero con mucho cariño y personalidad propia. Por soleá también surgen los tonos bemolizados que son la feliz debilidad del cante extremeño, a la vez que son cantes absolutamente clásicos de Cádiz, Alcalá, Marchena… Hace que te des cuenta de la espléndida estructura del cante tradicional: un estilo determinado de soleá se canta de una manera en Utrera, de otra manera en Jerez, de otra en Lebrija, Cádiz, Madrid, Barcelona o también Badajoz, pero en boca sabia, nunca pierde su identidad.

Diego del Morao, que acompañó a Guadiana, vuelve al escenario con su sensibilidad y conocimientos para respaldar el cante del jerezano Luis El Zambo que el año anterior pisó por primera vez el escenario del festival gracias a la iniciativa e invitación personal de Miguel Poveda que había querido “hacer un regalo al pueblo de La Unión”. Ahora vuelve el Zambo como es debido, por mérito propio, abanderado del cante vivencial de su tierra. Empieza con soleá por bulerías, y su voz, natural y sincera, sin estridencias, te envuelve como una gran manta flamenca. Por siguiriyas es valiente y entregado, y para el obligatorio final por bulería, vuelve Guadiana con Diego de la Margara y Rafa para dar el punto de baile.

José Domínguez “El Cabrero”, profesión: fenómeno social

El CabreroEl contrapeso de toda la primera parte, recae en la segunda sobre una sola persona: José Domínguez “El Cabrero”, fenómeno social donde los haya, elemento fijo en el circuito de los festivales de cante, anárquico y rebelde sin que parezca afectación. ¿Qué es un “fenómeno social”? La fama, no es. Paco de Lucía es, hoy por hoy, el artista de mayor fama en el flamenco, y no es “fenómeno social”. En primer lugar, hace falta carisma. En segundo lugar, carisma. Poder comunicativo, espontaneidad, el saber estar incluso dentro de un planteamiento irreverente, la admiración de personas que no tendrían el menor interés en el flamenco si por El Cabrero no fuera, y la homogeneidad geográfica de sus seguidores: lo mismo llena teatros en Jerez o Pamplona, que en La Unión. A sus detractores pues, les incumbe aceptarlo por quien es, y buscar sus méritos. El Cabrero, como todas las grandes personalidades de cualquier rama de arte, no es comparable con ningún otro artista, porque él mismo se define: El Cabrero hace de El Cabrero mejor que nadie, diecisiete discos lo confirman. Rafael Rodríguez asume la difícil tarea de acompañarlo con absoluto aplomo por el paso ligerísimo que sabe a antaño y que tanto le gusta al cantaor cuando interpreta soleá, siguiriyas o el cante abandolao. La velocidad no aligera el cante, sino que lo ambienta de otra manera. En cuanto al contenido a menudo político de las letras, comenta Cabrero: “si alguna vez cambio de opinión, ¡la letra no es mía!”. Campechano y rústico, la ropa de vaquero que no parece disfraz, el Carcelero de Caracol… Canta largo rato y cuando la voz empieza a mostrar señales de desgaste, “voy a cantar sólo dos fandangos y me voy, para no ponerme en ridículo delante de ustedes”, pero le salen bien y sigue por tonás, francamente mejor que bien. “Lo que hace falta es tener mucha salud y poca trampa” aconseja el cantaor que todavía tiene cuerda para interpretar unos sabrosos fandangos alosneros por medio con falseta kilométrica de guitarra incluida. Y la larga canción por bulería en tono menor que no falte. Y en la plaza la gente hace cola a las tres de la mañana para agotar las existencias de grabaciones de José Domínguez “El Cabrero”, profesión: fenómeno social.

 

 

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