| Cante:
José Mercé. Guitarra: Moraíto. Teclado:
Diego Magallanes. Bajo: Manuel Nieto. Coros y palmas: Marcelino
Fernández Mendoza y O’Hara Soto García.
Percusión: Cesáreo Moreno Platón. Violín:
David Moreira. Guitarra: Eduardo Baldomero. Flauta: Juan
Parrilla.
Baile: Manuela Carrasco y su grupo. Cante: Enrique Extremeño,
José Valencia, Antonio Zúñiga, Samara
Amador, La Tobala. Baile: Torombo. Guitarra: Pedro Sierra,
Miguel Iglesias. Cajón: José Carrasco.
Texto: Estela Zatania
Fotos: Rafael Manjavacas
Especial XLVI Festival
Internacional del Cante de las Minas - Programación,
noticias, reseñas, fotos
El martes día 8 en el festival de La Uníon
fueron presentados dos libros, la edición actualizada
de “Enrique Morente La Voz Libre” de Balbino
Gutiérrez y “A Palo Seco, 20 años de
la crítica flamenca” de Manuel Bohórquez,
y en el teatro había un espectacular programa doble.
En 1950 nace Camarón de la Isla, y ningún
cantaor que sale de vientre de mujer a partir de aquel año
es inmune a la influencia del isleño, por mucho que
la resista. Con su ánimo de apertura y el apoyo de
Paco de Lucía, puso ejemplo para una generación
de cantaores que abandonó el cante tradicional para
explorar otros caminos musicales. Si algunos han transformado
el cante hasta convertirlo en otro animal por completo,
José Mercé, nacido en 1955, es de los pocos,
quizás el único, que mantiene su cante en
estado natural, tal como lo recibió a través
de una larga saga familiar, a la vez que cultiva un repertorio
puramente “pop”.
Hace seis o siete años Mercé, el más
joven cantaor del reducido círculo de los grandes
cantaores clásicos, decidió salir del armario
artístico para aplicar su irresistible voz a música
para el gran público. Comercialmente, no le ha podido
ir mejor, es uno de los vocalistas más conocidos
y admirados del país, y tampoco es desconocido en
el extranjero. No obstante los aficionados al flamenco siguen
luchando por asimilar la personalidad desdoblada que tan
hábilmente lleva el jerezano, y algunos incluso lo
rechazan por haber abandonado el gran barco flamenco justamente
cuando corría el peligro de hundirse. A Mercé
no le interesa enajenar a ningún sector del público,
entonces mantiene el sistema del recital partido, un difícil
equilibrio, con una ración de cante y otra de pop.
El más joven cantaor
del reducido círculo de los grandes cantaores clásicos
La primera parte incluye malagueña y rondeña,
soleá, siguiriya y fandangos con una letra acerca
de “las minas de La Unión”. Con el apoyo
de su Moraíto a la guitarra, el muchacho parece no
tener días malos y abre y cierra el grifo del duende
a voluntad, masticando las palabras, tragándolas
o escupiéndolas, levantando el vello de todo aquel
que no ponga resistencia, y cuando va camino de Bollullos
estamos bien despachaítos.
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Moraíto |
Samara Amador & Pedro Sierra
& La Tobala |
Luego, las temibles palabras (para algunos): “¡qué
venga mi gente!” y aparecen teclado, percusión,
bajo, otra guitarra, flauta y coro. Después del susto
del año pasado cuando Diego Carrasco y Tomasito se
apoderaron del escenario con sendos grupos roqueros, provocando
un masivo éxodo del personal conservador de La Unión,
es curioso que la organización haya encargado el
espectáculo “mixto” de Mercé que
en su última intervención en el festival,
en el año 2002, ofreció un recital de cante
tradicional de principio a fin. En esta ocasión el
plato combinado del día incluye “Lo que no
se da”, varios tangos y rumbas (impresiona ver a un
cantaor de la talla de Mercé delante de un atril
donde lee la partitura mientas canta), solo de guitarra
de Moraíto, bulerías con coros, “Al
Alba”, “Aire”… Todo suena estupendo,
pero algunos abandonan el recinto incluso antes del largo
número instrumental donde, en la gran tradición
del jazz, cada músico tiene su turno en solitario.
Una luz interior que alumbra
cada movimiento, cada gesto…
Después del descanso llega Manuela Carrasco con
su grupo habitual de los últimos años. Aunque
no se anuncia con título, es lo que lleva representando
como “Un sorbito de lo sublime”, es decir, un
espectáculo tipo tablao donde todos los intérpretes
se sientan en semicírculo y se turnan, cada uno su
número. Samara y la Tobala, sus tangos, tonás
de Enrique Extremeño y José Valencia, Manuel
Molina, su número de poeta cantaor guitarrista filósofo,
el Torombo haciendo el baile del viejo Farruco… Pero
la gran noticia es que Manuela Carrasco bailó como
nunca, como pocas veces la he visto desde aquella noche
en Los Gallos cuando la niña de dieciséis
años se destacó del resto del cuadro. Es indiscutible
que posee una luz interior que alumbra cada movimiento,
cada gesto, pero no siempre la tiene encendida. La noche
de martes, 8 de agosto, 2006, hubo consenso del público:
la Carrasco demostró que es la número uno
en su línea, una de las grandes, una figura para
la historia. Todo coincidió, fuerza, ganas, personalidad,
técnica, guapura, madurez artística…
No importa que el grupo es empleado como relleno para que
Manuela descanse y cambie de vestido entre bailes (son buenos
artistas, pero no hay cohesión, y la segunda intervención
de las cantaoras es excesiva), ni tampoco importa que los
vestidos de Manuela no están bien hechos, comprimiendo
o ahuecando donde no corresponde. Sólo importa aquella
impresionante mujer moviéndose por el espacio y el
tiempo. Se saltó el habitual fin de fiesta –
después de Manuela, todo queda superfluo.
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Enrique El Extremeño &
Manuela Carrasco |
Manuela Carrasco |
El último trasnoche tuvo lugar con la guitarra solista
del joven Daniel Casares, de Estepona, ganador hace nueve
ediciones del festival del Bordón Minero. Y ahora
leemos que coincidiendo con el concurso que hoy da comienzo,
en los trenes con destino a la región de Murcia están
regalando CD’s del Festival Internacional del Cante
de las Minas, una gran iniciativa que subraya la trascendencia
del evento.
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