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9 de febrero de 2010
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Entrevista a

ANTONIO MÁRQUEZ

 

 

ANTONIO MÁRQUEZ, Premio Tanit del Consell Insular de Ibiza, presenta en Madrid su selección “10º aniversario Compañía Antonio Márquez”

Compañía Antonio Márquez
11 y 12 de agosto en el Matadero de Madrid. Veranos de la Villa.

“El ‘no se puede’ no existe en el baile”

por Manuel Moraga

Viene de realizar una importante gira por Italia y casi sin solución de continuidad ha regresado a la Ibiza de su infancia para recibir el premio Tanit que le ha concedido el Consell Insular por su trayectoria artística. Y para rematar la semana, los días 11 y 12 lleva al escenario del Matadero de Madrid –dentro de los Veranos de la Villa- su selección “10º Aniversario”. Así es de intensa es la vida de Antonio Márquez, uno de los artistas más comprometidos con la danza española y de más proyección internacional: no en vano es de los pocos que pueden presumir de haber recibido el prestigioso Premio Nureyev. Entre tanto ajetreo, le hemos podido abordar en un momento de pleno descanso del guerrero.

¿Qué es un premio para ti: una meta, un punto de partida o un área de descanso?
El premio me hace muchísima ilusión porque aunque me vine muy pronto a Madrid –con diecisiete años- ya traía una buena base de Ibiza gracias a mis maestros Paco Torres y María Martín. Estoy muy contento porque volveré a la tierra donde me crié, donde viven mis padres, donde mis compañeros me vieron formar los pollos que organizaba en el colegio (como cuando me ponía a bailar en medio de un examen de matemáticas)…Por todo eso este es uno de los premios que quizá más me han emocionado. Y de lo que preguntabas… no, descanso, no. Es una palmadita más en la espalda que te anima a seguir luchando y te reafirma en tu trabajo

Has logrado pasar la barrera de los diez años con tu propia Compañía. No está nada mal, teniendo en cuanta lo difícil que está la profesión.
La verdad es que es complicado tener tantas personas en una Compañía y que se lleven bien. Esa es una de mis luchas. Dar estabilidad a la Compañía, pero con un contacto humano, personal. Ahora sí lo he conseguido, y cuando se sale al escenario se nota. No hay día que no salgan dejándose la piel. Pero ahora ya son once los años que llevamos trabajando. Por esa razón, para conmemorar el décimo aniversario, el pasado año recopilé algunas de las coreografías que más ilusión me hacían y ahora, en el Matadero de Madrid Currillo y yo vamos a hacer además unas Alegrías. Las ha montado Currillo y son muy bonitas.

“Sigo aprendiendo que cada vez tengo que aprender más.”

¿Por qué decidiste crear tu propia Compañía?
Creo que no me lo planteé nunca. Nunca tuve ese reto. El responsable de todo esto fue el maestro Granero. En una unión que tuvimos en Sevilla él me dijo: tu eres joven todavía, tienes ganas e ilusión ¿por qué no montas tú la compañía y llevamos este trabajo que queremos hacer en conjunto? Lo que me planteaba era un poco lo que yo había vivido en el Ballet Nacional de España. Y así lo hicimos. Yo tenía a mi derecha a una persona en la que creía y que tenía capacidad para llevar ese proyecto adelante. Entonces seguimos, tuvimos la suerte de que en Madrid estaban buscando Compañía para estrenar en el Teatro Real. Y así fue. A partir de entonces la lucha ha sido –como suelo decir- “armada”, tratando sobre todo de dar una estabilidad y un peso a la Compañía.

¿Y cómo se consigue eso?
Con trabajo con ilusión, con ganas de trabajar y de aprender. Por eso siempre he llamado a coreógrafos, a maestros, compañeros bailarines, he tratado de tener una sede donde puedan asistir a impartir esas clases que nunca deban faltar. Uno tiene que estar siempre dirigido y aprendiendo con gente que te pueda sacar más de lo que uno se puede dar a sí mismo. Así que desde hace unos dos años he logrado formar una Compañía estable, en el sentido de que somos los mismos bailarines, que no estamos cambiando constantemente.

¿Has pasado muchos malos tragos en estos más de diez años?
Sí, pero a mí se me olvidan las cosas muy pronto. Esos malos tragos son los berrinches que uno se toma cuando las cosas no salen como tienen que salir. Yo soy una persona muy visceral y muchas veces no me da tiempo a pensar las cosas que ya he dicho. La mayoría de los malos ratos son consecuencia de mi forma de ser, pero es así por el amor que le tengo a esta profesión.

“Hoy estoy encantado de la Compañía que tengo y voy a hacer todo lo posible para mantenerla tal y como está.”

¿Y cuáles han sido los mejores momentos?
En todas las etapas los he tenido. Hemos hecho cosas muy buenas y hemos trabajado mucho y por todo el mundo. Pero quizá lo que más valoro es el trato humano. Hoy estoy encantado de la Compañía que tengo y voy a hacer todo lo posible para mantenerla tal y como está, porque me siento protegido cuando estoy en el escenario y también me siento a gusto cuando estoy fuera.

¿Muchas responsabilidades?
Cuando empecé con la compañía no sabía lo que me iba a encontrar. Cuando yo estaba en el Ballet Nacional o en cualquier otra de las muchas compañías en las que he estado, te ponen tu camerino, tu sastra, las luces, todo, y de lo único que tienes que encargarte es de bailar. Eso es maravilloso, pero luego la realidad no es esa. Cuando tienes Compañía propia, cualquier cosita requiere tu presencia, incluso para solucionar problemas un minuto antes del espectáculo y, a veces, también en medio de la representación… Se necesita mucha fuerza para poder conectar y desconectar… derrochas mucha energía.

¿Qué has aprendido en todo este tiempo?
Sigo aprendiendo que cada vez tengo que aprender más. Y sobre todo voy aprendiendo a que todos no somos igual, que hay que entender a cada uno. También el ser siempre el ejemplo me ha hecho pasar malos tragos: en mi Compañía casi siempre he sido el más veterano, y cuando alguien dice que esto “no se puede hacer” allí he ido yo a hacerlo… El “no se puede” no existe en el baile. Esa postura me ha causado sinsabores, pero también es bueno que la gente tenga referencias.

“Mientras estoy activo no me doy cuenta de los años que llevo, pero en cuanto paro me duele hasta la lengua.”

¿Has tenido tentaciones de tirar la toalla?
Yo hubiera mandado todo esto a hacer puñetas muchas veces, pero siempre termino pensando que merece la pena ¡claro que merece la pena! El público se merece eso y más. Pero mucha culpa que haya seguido para adelante la tienen esas personas que han estado a mi lado, las que me han apaciguado, las que han conseguido que me muerda la lengua y cuente hasta diez. Una de esas personas es mi mujer, Eva Leiva, a la que realmente se lo debo todo.

No haces audiciones para entrar en tu Compañía… A mí eso me recuerda esos exámenes en los que el profesor decía que se podían utilizar el libro y los apuntes… Instintivamente uno piensa que el examen va a ser complicadísimo… ¿es difícil responder a las exigencias de Antonio Márquez?
Personalmente creo que no, porque a nadie se le obliga a estar en esta profesión. Esto es muy vocacional y exige amor. Jugamos con nuestro cuerpo y cada día nos cuesta más levantarnos. En la última audición que hice se presentaron 350 personas y pude seleccionar a elementos maravillosos, pero me duraron tres días. Entonces lo que hago es que ya no hago audiciones y la gente que quiere venir a tomar clases puede hacerlo, siempre con un cupo máximo, lógicamente. No les puedo subvencionar, ni darles un dinero, pero sí les puedo dar muchísimas horas de trabajo, que les va a aportar más que el dinero Si esa gente es capaz de seguir el ritmo que nosotros llevamos es seguro que a la vuelta de seis meses está en al Compañía, porque siempre hay alguna baja o puedo ampliar el repertorio. Al final, lo que consigo es formar bailarines para el trabajo que yo necesito. A mí me viene muy bien y a ellos también.

Tienes la sede en Villaviciosa de Odón ¿Qué aporta vuestro trabajo a esa localidad madrileña?
Para empezar, siempre trato de exponer mis pensamientos a los dirigentes culturales. Y siempre les digo que aquí tienen que venir todas las Compañías, porque se está creando una gran afición a la danza. Date cuenta que para la gente de Villaviciosa es como si fuéramos su Compañía, que además nos ven trabajar a través de una cristalera, como si estuviesen viendo el fútbol. Nos conocen y todo eso crea expectación y afición.

Estás prácticamente recién aterrizado. Llegas de Italia de hacer una gira de ocho actuaciones en trece días..
Si, la gira ha sido dura: Parma, Catania, Trieste, Roma… También hicimos una televisión con motivo de los Premios Roberto Valentino, que son muy importantes allí. Después estuvimos en el Festival de la Versiliana…Hemos venido muy contentos.

En Italia se te quiere mucho desde hace ya tiempo
Lo que ha pasado con Italia es que di un pelotazo muy fuerte y ha seguido.

“Sólo he querido promocionarme en el lugar que creo que debo hacerlo: en los escenarios.”

¿Por qué aquí es más difícil?
Aquí nos movemos por otros parámetros. Hoy la fama es como una lotería. De repente una persona entra en televisión, se mete en un programa y a partir de ahí es la persona que más discos vende… Y un compañero suyo que a lo mejor sigue picando piedra en una cantera piensa “¿cómo es posible, si yo he hecho lo mismo que él, y ahora ni se acuerda de mí?”. Eso hace que la gente se frustre. Yo comparo esa vía con un embudo, en el sentido de que al principio es muy ancho, pero luego tienes que tragar mucho, y yo nunca he estado dispuesto a entrar por ese embudo. Siempre he tenido muy claro que en mi profesión, aparte de que se nazca, luego hay que hacerla con el trabajo. Quizá no me haya promocionado suficientemente, pero es que sólo he querido promocionarme en el lugar que creo que debo hacerlo: en los escenarios.

Entonces ¿Crees más en el trabajo que en la suerte?
Por supuesto. Yo nunca he comprado lotería porque sé que no me va a tocar. Tengo claro que no puedo dejar aparcado mi trabajo porque tenga que dedicarme a otras cosas. Mientras estoy activo no me doy cuenta de los años que llevo, pero en cuanto paro me duele hasta la lengua.

No pregunto ahora a Antonio Márquez bailarín, sino al hombre ¿qué te inquieta?
La injusticia. No la soporto. No puedo callarme. Mi mujer me dice “Pero Antonio ¿es que siempre hablas tú? ¡Deja a otro que hable!” Y yo le digo ¡Pero es que no va a hablar!

¿Qué son los hijos para Antonio Márquez?
Pues de ser todo “yo” y pensar siempre en mí, tienes que olvidarte y empiezas a reflejarlo todo en los hijos. Ellos pasan a ser lo primero. La vida se hace ya en función de ellos.

¿Te gustaría que siguieran tus pasos?
Veo que alguno sí tiene vena artística. Si ellos son felices, por supuesto que me gustaría, pero sea esto o sea lo que sea. Yo les apoyaría en todo, pero un apoyo oculto, sin que se sepa, dejarles que se levanten solos si se caen, para que aprendan a valorar un poco más la vida. La verdad es que ahora se lo ponemos todo muy fácil y eso les va a proporcionar más disgustos que alegrías. Pero si alguno se quiere dedicar a esto, por lo menos tendrá algo muy importante: una Compañía… A ver si conseguimos que dure como la Cruzcampo, una Compañía que dentro de veinte años pueda decir “fundada en mil novecientos noventa y cinco.”

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