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8 de septiembre de 2008
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“A mis soledades voy, de mis soledades vengo”

por Manuel Moraga

Yerbabuena
Un buen amigo, Francisco Manuel Díaz, estaba empeñado en bautizarme con un nombre artístico. Y un día me dijo “podías retomar el nombre de Frasquito, que es muy flamenco". Me encantó. Desde entonces ya no era Eva, sino Yerbabuena.

La muerte: el principio.
En Andalucía el flamenco está en la luz y en el aire. Siempre está cerca, pero en mi familia no había nadie que haya estado dentro. Mi introducción casi no fue decisión propia sino de una tía mía que animaba a mi madre a apuntarme a una academia, porque había comprobado que me inquietaba muchísimo cuando oía flamenco en la radio. Mi tía murió cuando yo tenía once años y mi madre, por cumplir ese deseo, me llevó a una escuela. Ella tenía más bien la idea de hobby, pero para mí pronto dejó de serlo. Ese mismo año tuve la oportunidad de descubrir el flamenco muy de cerca en el Festival de los Híjares, y fue entonces cuando me dije “esto es lo que quiero hacer”.


Foto: Rafael Manjavacas

“Llegué a escribir al Rey, y le pedía por favor que me concedieran una beca”

Puertecita “ande” llamar
Al año y medio de estar estudiando, mi padre que era albañil, se quedó sin trabajo y me dijo que no podía seguir pagando la academia. Pero era tanto lo que me gustaba el baile que incluso llegué a escribir al Rey, y le pedía por favor que me concedieran una beca porque mi padre no podía pagarme la escuela. Me contestaron e incluso vinieron de la Casa Real a ver como estaban mis padres económicamente. Como tenían casa propia y coche no me la dieron. Entonces hablamos con mi profesora en ese momento, Mariquilla, y me propuso que fuera a ayudarle a dar clase para que no cobrarme el mes. Así que también empecé a dar clases, lo cual me ayudó muchísimo.

“En la vida hay que ir de tonta, nunca de lista”

El poso de la memoria
Los primeros profesores que se tienen no se olvidan jamás, sobre todo si te enseñan no sólo coreografías, sino que además te dan consejos, te explican cómo han vivido determinadas cosas o qué es lo que te puedes encontrar… Eso no se olvida nunca. La primera academia que pisé fue la de Pepita Berdoné, que estaba en la calle San Antón. Allí podía dar clásico español y un poco de todo, pero no era lo que yo había visto en aquel Festival. Mis padres buscaron alguien que diera realmente flamenco y encontraron a Enrique El Canastero, que fue el primer profesor que tuve. Lo primero que me enseñó fue una farruca. Y eso nunca se olvida, porque ya no es sólo estar pendiente de los pasos, sino que observas cómo enseña, cómo es como persona, su paciencia a la hora de explicar. La segunda profesora que tuve también la recordaré siempre: la Angustillas (en Granada le decía “la Mona”). Me enseñó muchísimo en todos los aspectos: me daba consejos, me explicaba que en la vida hay que ser primero persona y después artista, que hay que tener mucha paciencia, que en la vida hay que ir de tonta, nunca de lista. Me apoyaba en los momentos que me venía abajo… Me enseñó muchísimo.

“Seguiré aprendiendo mientras viva”

Aprendiendo a aprender
Cada vez me alegro más de aquella mala situación economía que teníamos en casa. Mis padres no pensarán lo mismo, pero a mí me hizo encontrarme conmigo misma, el estar sola en un estudio, el conocerme. Francisco Manuel Díaz me traía a casa cintas de video y con ellas empecé a conocer a las grandes figuras del flamenco: Matilde Coral, Farruco, Mario Maya, Merche Esmeralda, Cristina Hoyos, Carmen Amaya (no olvidaré nunca la primera vez que la vi: me atrapó), Carmen Mora... Me pasaban las horas muertas pasando la cinta para atrás y para adelante. De toda esta gente aprendía con quince años. Pero también sigo aprendiendo ahora y seguiré aprendiendo mientras viva.

A cuatro voces
Creo que desde que empecé ha sido muy importante el cante, antes inconscientemente y ahora conscientemente. Creo que el cante es la madre del flamenco. Por eso si he podido tener en la Compañía tres o cuatro cantaores me ha gustado que sean voces muy diferentes, que aporten cada una algo distinto. El cantaor ha tenido mucho que ver en mi evolución. Hoy es una de las cosas que más me preocupan y que más cuido: la música y el cante. Para mí es un cincuenta por ciento de lo que quiero plasmar en un escenario. Me hubiera gustado bailar a cantaores como Antonio Mairena, Caracol, Marchena, la Niña de Los Peines… También me hubiera gustado conocer personalmente a Sabicas.

“Cuando no hay nada que contar lo mejor es no contar nada”

Crear y criar
La creación comienza por una inquietud, que puede ser una idea chiquitita que se va rodeando de muchas cosas, de preguntas y respuestas que acaban siendo una idea grande. Siempre hay una pequeña duda a la que buscas respuesta que acaba siendo un espectáculo que al final nunca termina, porque nunca estás conforme con lo que queda. Me suelo centrar en lo que me hace sentir esa pequeña duda, y a partir de ahí va surgiendo lo que necesito. Y hablando, a base de muchísimas conversaciones con Paco (Jarana) y la gente que me rodea, se va haciendo todo en paralelo: la idea, la música, las necesidades que exige en un escenario, el tipo de escenografía que necesita. Cuando termino la idea no me obsesiona el “¿y ahora, qué?” al contrario, es como un parto, y lo que te apetece es estar al lado de esa criatura hasta que madure. Y desde luego, cuando no hay nada que contar lo mejor es no contar nada. O contar lo que ya hay, porque siempre habrá alguien que nunca te ha visto.


Foto: Rafael Manjavacas


“Quiero superarme cada día, no equivocar a nadie y no equivocarme a mí misma”

La voz del silencio
Cuando te señalan como referencia, me acuerdo de mi maestra Angustillas, que me decía: “deja de escucharlo”. Me siento orgullosa de que la gente tenga esa opinión de mí, pero me encanta pisar tierra. Me da miedo crearme esa responsabilidad porque no es lo que busco. No quiero que eso se convierta en una lápida. Lo que intento es subirme a un escenario, disfrutar y compartir. Quiero superarme cada día, no equivocar a nadie y no equivocarme a mí misma.

Eva
Lo que más me inquieta artísticamente es mi último espectáculo: es el pequeño de la familia y es el que necesita más cuidados. Y en lo personal tengo el sueño de poder volver a ser madre. Me haría muchísima ilusión. Con el tiempo, sueño con tener algo chiquitito cerca del mar, en un acantilaíto. Un lugar donde poder realizar eso de “a mis soledades voy, de mis soledades vengo”.


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