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Calzados Artefyl te ofrece el autorretrato de:

“A mis soledades voy, de
mis soledades vengo”
por Manuel Moraga
Yerbabuena
Un buen amigo, Francisco Manuel Díaz, estaba empeñado
en bautizarme con un nombre artístico. Y un día
me dijo “podías retomar el nombre de Frasquito,
que es muy flamenco". Me encantó. Desde entonces
ya no era Eva, sino Yerbabuena.
La muerte: el principio.
En Andalucía el flamenco está en la luz y
en el aire. Siempre está cerca, pero en mi familia
no había nadie que haya estado dentro. Mi introducción
casi no fue decisión propia sino de una tía
mía que animaba a mi madre a apuntarme a una academia,
porque había comprobado que me inquietaba muchísimo
cuando oía flamenco en la radio. Mi tía murió
cuando yo tenía once años y mi madre, por
cumplir ese deseo, me llevó a una escuela. Ella tenía
más bien la idea de hobby, pero para mí pronto
dejó de serlo. Ese mismo año tuve la oportunidad
de descubrir el flamenco muy de cerca en el Festival de
los Híjares, y fue entonces cuando me dije “esto
es lo que quiero hacer”.

Foto: Rafael Manjavacas
“Llegué
a escribir al Rey, y le pedía por favor que me concedieran
una beca”
Puertecita “ande” llamar
Al año y medio de estar estudiando, mi padre que
era albañil, se quedó sin trabajo y me dijo
que no podía seguir pagando la academia. Pero era
tanto lo que me gustaba el baile que incluso llegué
a escribir al Rey, y le pedía por favor que me concedieran
una beca porque mi padre no podía pagarme la escuela.
Me contestaron e incluso vinieron de la Casa Real a ver
como estaban mis padres económicamente. Como tenían
casa propia y coche no me la dieron. Entonces hablamos con
mi profesora en ese momento, Mariquilla, y me propuso que
fuera a ayudarle a dar clase para que no cobrarme el mes.
Así que también empecé a dar clases,
lo cual me ayudó muchísimo.
“En la vida hay
que ir de tonta, nunca de lista”
El poso de la memoria
Los primeros profesores que se tienen no se olvidan jamás,
sobre todo si te enseñan no sólo coreografías,
sino que además te dan consejos, te explican cómo
han vivido determinadas cosas o qué es lo que te
puedes encontrar… Eso no se olvida nunca. La primera
academia que pisé fue la de Pepita Berdoné,
que estaba en la calle San Antón. Allí podía
dar clásico español y un poco de todo, pero
no era lo que yo había visto en aquel Festival. Mis
padres buscaron alguien que diera realmente flamenco y encontraron
a Enrique El Canastero, que fue el primer profesor que tuve.
Lo primero que me enseñó fue una farruca.
Y eso nunca se olvida, porque ya no es sólo estar
pendiente de los pasos, sino que observas cómo enseña,
cómo es como persona, su paciencia a la hora de explicar.
La segunda profesora que tuve también la recordaré
siempre: la Angustillas (en Granada le decía “la
Mona”). Me enseñó muchísimo en
todos los aspectos: me daba consejos, me explicaba que en
la vida hay que ser primero persona y después artista,
que hay que tener mucha paciencia, que en la vida hay que
ir de tonta, nunca de lista. Me apoyaba en los momentos
que me venía abajo… Me enseñó
muchísimo.
“Seguiré aprendiendo
mientras viva”
Aprendiendo a aprender
Cada vez me alegro más de aquella mala situación
economía que teníamos en casa. Mis padres
no pensarán lo mismo, pero a mí me hizo encontrarme
conmigo misma, el estar sola en un estudio, el conocerme.
Francisco Manuel Díaz me traía a casa cintas
de video y con ellas empecé a conocer a las grandes
figuras del flamenco: Matilde Coral, Farruco, Mario Maya,
Merche Esmeralda, Cristina Hoyos, Carmen Amaya (no olvidaré
nunca la primera vez que la vi: me atrapó), Carmen
Mora... Me pasaban las horas muertas pasando la cinta para
atrás y para adelante. De toda esta gente aprendía
con quince años. Pero también sigo aprendiendo
ahora y seguiré aprendiendo mientras viva.
A cuatro voces
Creo que desde que empecé ha sido muy importante
el cante, antes inconscientemente y ahora conscientemente.
Creo que el cante es la madre del flamenco. Por eso si he
podido tener en la Compañía tres o cuatro
cantaores me ha gustado que sean voces muy diferentes, que
aporten cada una algo distinto. El cantaor ha tenido mucho
que ver en mi evolución. Hoy es una de las cosas
que más me preocupan y que más cuido: la música
y el cante. Para mí es un cincuenta por ciento de
lo que quiero plasmar en un escenario. Me hubiera gustado
bailar a cantaores como Antonio Mairena, Caracol, Marchena,
la Niña de Los Peines… También me hubiera
gustado conocer personalmente a Sabicas.
“Cuando no hay
nada que contar lo mejor es no contar nada”
Crear y criar
La creación comienza por una inquietud, que puede
ser una idea chiquitita que se va rodeando de muchas cosas,
de preguntas y respuestas que acaban siendo una idea grande.
Siempre hay una pequeña duda a la que buscas respuesta
que acaba siendo un espectáculo que al final nunca
termina, porque nunca estás conforme con lo que queda.
Me suelo centrar en lo que me hace sentir esa pequeña
duda, y a partir de ahí va surgiendo lo que necesito.
Y hablando, a base de muchísimas conversaciones con
Paco (Jarana) y la gente que me rodea, se va haciendo todo
en paralelo: la idea, la música, las necesidades
que exige en un escenario, el tipo de escenografía
que necesita. Cuando termino la idea no me obsesiona el
“¿y ahora, qué?” al contrario,
es como un parto, y lo que te apetece es estar al lado de
esa criatura hasta que madure. Y desde luego, cuando no
hay nada que contar lo mejor es no contar nada. O contar
lo que ya hay, porque siempre habrá alguien que nunca
te ha visto.

Foto: Rafael Manjavacas
“Quiero superarme
cada día, no equivocar a nadie y no equivocarme a
mí misma”
La voz del silencio
Cuando te señalan como referencia, me acuerdo de
mi maestra Angustillas, que me decía: “deja
de escucharlo”. Me siento orgullosa de que la gente
tenga esa opinión de mí, pero me encanta pisar
tierra. Me da miedo crearme esa responsabilidad porque no
es lo que busco. No quiero que eso se convierta en una lápida.
Lo que intento es subirme a un escenario, disfrutar y compartir.
Quiero superarme cada día, no equivocar a nadie y
no equivocarme a mí misma.
Eva
Lo que más me inquieta artísticamente es mi
último espectáculo: es el pequeño de
la familia y es el que necesita más cuidados. Y en
lo personal tengo el sueño de poder volver a ser
madre. Me haría muchísima ilusión.
Con el tiempo, sueño con tener algo chiquitito cerca
del mar, en un acantilaíto. Un lugar donde poder
realizar eso de “a mis soledades voy, de mis soledades
vengo”.

Calzados Artefyl:
arte para el Arte de bailar. Los profesionales
lo saben.
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