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Calzados Artefyl te ofrece el autorretrato de:

“Esté donde esté
y como esté, quiero seguir bailando”
por Manuel Moraga
Decididamente flamenca
Desde pequeña escuchaba flamenco por la tierra donde
nací, Jerez. Mi padre era muy aficionao y también
mi hermano bailaba desde los ocho años. Yo hacía
ballet clásico y flamenco, pero mi padre me preguntó
un día seriamente que si quería ejercer este
arte y yo me arranqué. Tenía trece años.
Fue una etapa difícil porque estaba estudiando el
bachillerato y cuando pasó un año oía
a la profesora que decía “la niña puede
llegar”, y entonces me tenía que plantear si
dejar los estudios o seguir con el baile, porque todo a
la vez no lo podía hacer. Comencé a descartar
cosas. Dejé el ballet clásico e intenté
compaginar los estudios con el flamenco, pero cuando te
va saliendo trabajo, los estudios también se fueron
apartando y me fue quedando sólo el flamenco.
Jerez, Sevilla y Japón
He tenido pocos profesores. Sólo para iniciarme.
Mis verdaderos maestros han sido las tablas, la convivencia,
el trabajar con otros artistas. En realidad estuve poco
tiempo en academia y pasé pronto al escenario. Mi
primer sueldo como bailaora lo gané a los dieciséis
años y fue en el tablao flamenco de Parrilla en Jerez.
Ahí empecé a trabajar hasta que me cogí
la maleta y me vine para Sevilla para seguir estudiando,
ya que en aquella época no había en Jerez
una escuela fuerte. Sevilla ha sido siempre escuela de baile,
mientras que Jerez ha sido más bien escuela de cante.
Ahora sí que se está poniendo Jerez interesante
con el baile, pero en aquella época, no. Vine a Sevilla
y la experiencia fue muy fuerte porque había miles
de bailaores. Me quedé asombrada. Vi cosas que no
había visto antes, como la bata de cola o el cómo
se manejaban los tablaos, o los diferentes tipos de baile
y los diferentes tipos de palo que se hacían aquí.
En Sevilla fue donde ya me dediqué en cuerpo y alma
al baile. Dejé apartado todo y me dediqué
sólo a bailar.

Soraya Clavijo en el Corral de la Moreria (foto: Rafael
Manjavacas)
Otro momento que me marcó mucho fue cuando me fui
a Japón por primera vez. Sería por el país
o por verme sola, pero también di un tirón
fuerte. Me entregué de lleno al baile: todos los
días me metía a ensayar. Como en esa tierra
donde todo el mundo trabaja, es como que te hacen trabajar
y estudiar más.
Improvisación, riesgo y evolución
Del trabajo que me siento más satisfecha es con el
que gané el Premio de Córdoba. Yo soy más
bien espontánea en el escenario. Improviso mucho.
No llevo las cosas montadas, pero aquél baile sí
lo llevaba montado porque allí son más exigentes,
por el tiempo, por los nervios… No me quería
arriesgar a la improvisación. Ese baile que hice
es de los que se te pone la cara redonda y dices ¡ole!
Mi baile es sobre todo espontáneo y se va haciendo
con el paso del tiempo. No me quedaré estancada en
el sentido de que se diga que Soraya baila así. Soraya
baila ahora así y más adelante puede bailar
de otra forma. Voy bailando según mi estado de ánimo
y en función de todo lo que me va surgiendo en la
vida. Hay momentos en que me noto más insegura y
otros en que estoy más sólida, y es por los
las circunstancias que me están pasando, por cómo
estoy en mi vida.
Cal y arena
Lo peor que llevo es el empezar en un sitio desconocido
a trabajar, sobre todo en los tablaos, y no conoces a nadie
y encima hay mal rollo. En esas ocasiones lo paso mal. También
lo pasé mal en el Concurso de Córdoba, con
muchos nervios, el estómago revuelto, tanta gente
por allí. Lo pasé fatal. Pero el peor momento
de mi vida fue cuando llegué a Altea para bailar
en un festival y me dijeron que mi padre había muerto.
La gente ya había comprado las entradas, el recinto
estaba lleno y no quise dejar tirado al público.
Ese fue el baile más amargo que pude hacer y, desde
luego, el peor trago de mi vida.
Y mi mayor satisfacción es cuando me coge bien y
disfruto bailando. Cuando veo que he respondido en el escenario,
porque el baile es como todo: depende cómo te coja.
Yo lo comparo mucho con los toros, y más cuando tienes
un baile improvisado, espontáneo. Cuando ves que
lo haces bien y el público reacciona me quedo tranquila
y bien.
Siempre bailando
Mi meta es bailar. No quiero plantearme a dónde quiero
llegar porque lo que quiero es seguir bailando siempre.
Esté donde esté y como esté, pero quiero
seguir bailando. La vida ya me irá poniendo donde
tenga que estar en ese momento. Lo principal es que tenga
salud y este fuertecita para seguir bailando.

Calzados Artefyl:
arte para el Arte de bailar. Los profesionales
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