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Calzados Artefyl te ofrece el autorretrato de:

“No puedo transmitir con
palabras lo que siento”
por Manuel Moraga
El flamenco, un traje a medida
Desde que me pusieron mi primer traje de flamenca con unos
tres años me encontré en mi sitio. Siempre
me ha gustado bailar pero lo del flamenco me vino de más
mayorcita, con unos nueve años, cuando ingresé
en el Conservatorio Superior de Música y Danza de
Málaga. Cada vez que me preguntaban lo que quería
ser de mayor, yo contestaba que bailaora de flamenco. Nunca
he querido dedicarme a otra profesión. Debuté
con 12 años en el cuadro flamenco de Pilar Carmona.
Lo recuerdo con mucha alegría: me pusieron una bata
de cola por primera vez en mi vida y caí de espaldas
y bailando por Fandangos de Huelva. Sabía entrar
pero no sabía irme, hasta que el cantaor tuvo que
coger y sacarme del escenario: no sabía salir.
Pocos maestros, mucha tenacidad
Curse mis estudios en Málaga en el conservatorio
siendo mi maestra Mª Eugenia, a quien le debo mi enseñanza
de Clásico Español y mi disciplina, pero en
el flamenco -que es mi especialidad- no he tenido ningún
maestro. Sí es verdad que he tomado clases con muchos
profesionales, pero siempre de poca duración: con
Cristóbal Reyes (que se porto muy bien conmigo),
Carmela Greco, La Tati, Juana Amaya, Rafael de Carmen, Rafael
Amargo, El Pipa, etc. Y, por supuesto, con gente de la que
me alimento muchísimo como Oscar de los Reyes, al
cual tengo el placer de llevar en mi compañía
como artista invitado. Pero verdaderamente mi gran maestro
han sido los escenarios -donde me hecho a mi misma como
bailaora y como persona- y esa tenacidad y disciplina que
tengo para el trabajo. Y, desde luego, haber trabajado al
lado de ese pedazo de guitarrista que era Juan Maya “Marote”
con el que aprendí lo que el flamenco iba a ser mi
vida.
Espejo poliédrico
Admiro a los ídolos de todos los que nos gustan
el flamenco, pero también hay grandes desconocidos
del público que son galácticos de verdad:
la diosa que es Manuela Carrasco (el baile flamenco por
derecho), Eva La Yerbabuena (es una maravilla verla de bailar
y un ejemplo a seguir), Sara Baras (verla de zapatear es
como ver las olas del mar romper con fuerza, tronío
y musicalidad en la orilla de ese Cádiz tan flamenco)…
Y en los hombres está Rafael de Carmen (que es el
galáctico por excelencia), Farruquito (el arte personificado
en hombre), Israel Galván (genio aún incomprendido
por algunos) y tantos y tantos nombres más que no
me cansaría de mencionar. Me gusta tanto el baile
que disfruto viendo a bailaores/as tan diferentes.
Intento que mi forma sea lo más flamenca posible,
que es la intención que tengo al bailar y como lo
siento, pero también intento buscar en mi baile formas
contemporáneas al movimiento del cuerpo ya que me
encanta el trabajo corporal. Doy importancia a todo. Cualquier
bailaor/a pretende ser lo más completo posible y
no hay que restar importancia a nada. Me siento más
con los brazos, manos y cuerpo por propia cualidad, así
que para compensar trabajo mucho más los pies. Mi
baile tiene mucho de improvisación porque sin ella
seria una cosa muy monótona. En una improvisación
disfrutamos mucho los músicos y los bailaores/as,
es un intercambio rápido de ideas de pellizcos con
la gente de atrás, es una pregunta y una respuesta
con los músicos. Es un coloquio entre todos y salen
momentos maravillosos. Para eso se necesita a gente buena
atrás y, claro, que yo también esté
preparada.
Meta diaria
No tengo pretensiones grandes triunfos, sino que mi triunfo
está en bailar a diario y poder seguir viviendo de
ello. Para la gran mayoría de los bailaores/as el
triunfo más importante llega cuando simplemente bailas
y la gente reconoce el trabajo, la lucha y el sudor derramado
día tras día
Sombra y luz
Mi peor momento lo pasé cuando me diagnosticaron
una hernia discal y me dijeron que me olvidase de seguir
bailando. No hice caso y luché por bailar. De momento
he ganado la batalla. Por eso, a la gente que tiene problemas
siempre les digo que luchen, que no se rindan. El flamenco
me ha dado todas las satisfacciones del mundo, tanto cuando
bailo como cuando veo bailar. No puedo transmitir con palabras
lo que siento. Me considero una persona feliz y bailaré
hasta que mi cuerpo aguante y el público me lo permita.
Y cuando no me lo permita me dará igual, me meteré
en mi estudio y seguiré disfrutando.
Saldo positivo
La flamenco le debo todo: mi forma de vivir y de sentir,
el ser una persona plenamente feliz, el conocer gente maravillosa
como mis bailaores/as y mis mejores amigos, el conocer sitios
del mundo y sus gentes y, por supuesto, el estar con un
hombre y con un artista maravilloso que es Curro de María,
mi pareja.
El sueño de crear sueños
Como bailaora quiero sentirme satisfecha con lo que haya
conseguido, mirarme al espejo y estar a gusto conmigo misma.
Como profesora, que mis alumnos sean grandes aficionados
al flamenco en su totalidad, que le tengan ese respeto como
el que yo le tengo y que, como ya ocurre, estén en
grandes compañías (tengo alumnos en la Compañía
de Sara Baras y El Pipa) y sean promesas hechas realidad
como es Roció Molina que fue mi alumna durante tres
años.

Calzados Artefyl:
arte para el Arte de bailar. Los profesionales
lo saben.
+ información
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5 CP 28012 Madrid.
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“Amor de Dios”)
Tel/fax 34 91 527 57 13
Web: www.artefyl.com.
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