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Calzados Artefyl te ofrece el autorretrato de:

“Por los arrecifes de coral,
pero siempre bailando”
por Manuel Moraga
Con
el traje de Comunión
Me crié en el barrio del Rastro. Siendo una niña,
el día de La Paloma mi madre me bajó a la
academia de La Quica y le dijo “mira qué graciosa
baila la niña”. Me cantaron “los duros
antiguos”, yo salí con el traje de comunión,
que me lo había cortado mi madre, y la Quica me preguntó
“¿tú por qué no bajas por aquí?”
Pero no tenía dinero para pagar la academia, así
que me quedé como chica de los recados. La vi bailar
unas alegrías con bata de cola y pensé “esto
es lo que yo quiero ser el resto de mi vida”. Al final
terminé durmiendo en la academia con una silla y
un colchón. Yo fregaba y hacía de todo. Un
día la Quica se rompió un tobillo y me ofrecí
para ayudarla a dar las clases. Me sabía todo su
repertorio: la escuela bolera, la suite de Albéniz,
el zapateado de Bretón, de Sarasate, todo. Y así
fue.
Sin lugar a dudas
No me planteé que tenía que ser bailaora,
entre otras cosas porque no sabía qué era
ser bailaora. Pero yo tenía que ser una profesional
de algo y qué mejor que serlo de lo que más
o menos sabía hacer un poquito y de lo que era mi
pasión y mi locura, porque yo no me puedo imaginar
a la Tati de ninguna otra forma que bailando… Por
los arrecifes de coral, pero siempre bailando.
Enseñar a enseñar
Siempre digo que mi maestra fue la Quica, aunque yo nunca
he tomado una clase en mi vida. Lo que ella me enseñó
realmente fue a enseñar. Hay muy buenos artistas,
pero todos no tienen el método o el carisma para
enseñar. Cuando me puse a dar clase me di cuenta
de que lo que realmente me había enseñado
la Quica era a enseñar. Tenía mucha disciplina,
era una gran maestra y tenían un gran corazón.
A ella le debo el estar ahora aquí, además
de los muchísimos platos de comida que me dio. Gracias
a ella soy bailaora.

La aprendiza de sastra, la bailaora, la silla y
Cascorro
Como en casa teníamos necesidad de dinero, tuve que
dejar la academia de la Quica para ponerme a trabajar cosiendo
en una sastrería, hasta que un día la Quica
mandó a su hija a buscarme porque tenía la
certeza de que me podían coger en Zambra, donde todos
los años hacían unas pruebas. Era la época
de Rosa Durán, Perico el del Lunar, Manolo Vargas,
el Gallina…Hice una prueba con “El tupé”,
que como era muy chiquitito hacíamos buena pareja.
Y allí me coloqué. Con el primer sueldo le
compré al maestro de sastrería la silla, la
quemé al lado de Cascorro y dije “ya no soy
más sastra, ya soy bailaora por la gracia de Dios
hasta que me muera”
Estar parada, más difícil que bailar
He tenido la suerte de trabajar con las mejores bailaoras:
Trini España, Matilde Coral, Rosa Durán, he
visto bailar a rosario, a Pilar, he hecho pareja con Mario
Maya, con El Güito, con Manolete… Eran maestros
y todos aprendíamos del día a día.
Pero lo que realmente me ha llevado a mí a bailar,
ahora que me doy cuenta, ha sido el sentido del cante. Soy
una bailaora que, literalmente, baila el cante. Mis grandes
cantaores han sido Terremoto, El Serna, Caracol… He
tenido la suerte de que, siendo una niña, ya me codeaba
con esos genios, y de escucharles cantar tenías que
saber bailar. Si tú escuchas el cante, el cante te
lleva al término del remate, del pellizco, te lleva
a todo. Después, la técnica es otra cosa:
hacer unos buenos pies, sacar sonidos, ser musical a la
hora de interpretar, pero verdaderamente el baile flamenco
está supeditado al cante…. Decía Brecht
que la expresión física es tan importante
como el texto, y es verdad. El flamenco tiene posibilidades
fortísimas y a las niñas hay que quitarles
ese complejo de que si no bailan y están todo el
día pegando zapatazos creen que no están haciendo
nada. Y estar parada dos segundos en el escenario sin hacer
nada es más difícil que bailar.
Coraje
Mi presente es sacar adelante “Madre coraje”.
Me va a costar mucho trabajo porque he tenido problemas
con el manager y ahora tengo que empezar de nuevo a recomponerla,
con una ficha técnica, un diseño de luces,
y a venderla. Voy a intentar montar una pequeña oficina
yo y a ver cómo puedo hacerlo. Pero lo más
inmediato es un espectáculo que se llama “Relumbre,
rojo robre morado”, que hace un recorrido geográfico
de los cantes. Empezamos en el océano Atlántico,
subimos hasta Linares, el Mediterráneo y terminamos
de nuevo en el origen, en el Atlántico. Vemos la
influencia de los árabes, de los judíos…
va un poco así. Espero estrenarlo en el I Festival
Mundial de Flamenco en San Luis de Potosí.
Regalo
una historia del flamenco
No tengo un sueño determinado, sino un montón
de sueños… Pero uno muy importante sería
dejar todo lo que he recopilado en mi vida a la juventud.
Tengo un archivo grandísimo de cintas, de fotos…
Tengo una historia del flamenco muy fuerte. No sé
si la cuestión sería hacer una fundación
o algo así. No es para mi logro: para comer, tengo
y tengo también un techo donde no me cae el agua.
Si hoy día preguntas por Vicente Escudero, o por
mí mismamente, te sorprendes: hay gente joven que
no me ha visto bailar… Mi sueño sería
poder sacar todo eso que tengo y, sinceramente, regalarlo.
El arte de la gratitud
Siempre tengo una mirada hacia atrás porque no puedo
olvidarme de la gente que me ha ayudado y que ha hecho que
mi carrera artística y mi vida personal haya florecido.
Con el baile he criado dos hijos y tengo dos nietos. Mi
vida está ligada al flamenco. El flamenco está
en mi piel y en mi ADN.

Calzados Artefyl:
arte para el Arte de bailar. Los profesionales
lo saben.
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C/ Duque de Fernán Núñez,
5 CP 28012 Madrid.
Metro “Antón Martín” (frente academia
“Amor de Dios”)
Tel/fax 34 91 527 57 13
Web: www.artefyl.com.
Distribuidor EEUU
www.taconesylunares.com
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