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Calzados Artefyl te ofrece el autorretrato de:

“Me tendré
que morir con las botas puestas”
por Manuel Moraga
El encuentro
Me encontré el flamenco cuando nací... o el
flamenco me encontró a mí. Mi familia es una
familia gitana de Jerez en la que el flamenco es algo autóctono
y es parte de la idiosincrasia de nuestra tierra, no sólo
de mi familia. Entonces escucho flamenco desde la cuna.
Que me interese por él, eso es más adelante,
evidentemente, pero en casa las celebraciones eran y son
por bulerías.
Mi elección
Cuando me doy cuenta ya estoy en el escenario. Al los 14
ó 15 años empiezo a sentir la necesidad de
bailar y busco una escuela en Jerez, que es la de Fernando
del Monte y Paco del Río. Luego una segunda, porque
buscaba dónde estaba mi historia, y fue con Angelita
Gómez. Estando con ella vino Manuel Morao a verme
y me contrató directamente para su espectáculo
“Esa forma de vivir” como primer bailaor. Esos
fueron mis comienzos, que fueron exquisitos: con la dirección
de Manuel Morao, cantándome Juana la del Pipa, Manuel
Moneo, Juan Moneo el Torta, las guitarras de Moraíto,
Periquín. Estaba también tío Juane,
mi pareja entonces era Ana Parrilla, después fue
Sara Baras... Mi comienzo no pudo ser mejor. Empecé
con los más grandes de mi tierra.
Mi
estilo
Quien más me ha influido en mi estilo ha sido mi
familia. No puedo decir que mi estilo haya sido influenciado
por maestros, desgraciadamente. Pero afortunadamente puedo
decir que mi estilo lo ha potenciado mi familia. Vengo de
una familia bailaora: mi abuela, Tía Juana la del
Pipa, marcó un antes y un después en el baile,
sobre todo por bulerías. Mi madre es una grandísima
bailaora no profesional, y mi tía Juana es una gran
cantaora y, además, con unas pinceladas bailaoras
que te mueres. Aparte hay alguien a quien no conocí,
pero que genéticamente me dejó su legado:
el Tío Antonio El Pipa, del que heredo el nombre
y parece ser que también la genética. Así
que quienes realmente han tenido influencias en mí
han sido la familia y la tierra.
Mi admiración
Admiro siempre a aquél que tenga algo que decir en
el mundo del arte y, sobre todo, a quienes tienen personalidad
propia. Y para mí la han tenido y la tienen Farruco,
Mario Maya, Güito, Manolete, Antonio Gades, Faíco,
Manuela Carrasco, Matilde Coral, Milagros Mengíbar,
Blanca del Rey... Y ya de mi generación, admiro a
toda la gente nueva: Juana Maya, Belén Maya, Sara
Baras, Eva la Yerbabuena, Joaquín Cortés,
Joaquín Grilo, Farruquito... toda la gente que tiene
algo que decir y que, sobre todo, tiene personalidad propia.
A quien no admiro es a las copias, a las imitaciones...
Eso no me dice nada. Admiro a los compañeros o compañeras,
o a los maestros que, sobre todo, han tenido página
propia o tienen personalidad propia en escena. Pienso que
en este mundo no tenemos que ser nadie mejor que nadie.
No podemos decir, cuando vamos al Prado que Velázquez
es mejor que Murillo o que Murillo es mejor que Zurbarán.
Cada uno tenemos que ser expositores de nuestro arte con
pleno convencimiento y plena fidelidad a tus principios.
Eso es lo que hace la personalidad de un artista.
Cante y toque
Me hubiera gustado bailarle a la guitarra de Sabicas. También
me hubiera gustado bailarle por soleá a Fernanda
de Utrera... (ríe) No hubiera estado mal... ¡Vamos,
que no les hubiera dicho que no!
Mi baile
Soy un amante de la estética, del gozo. Necesito
sentir una coreografía hasta el punto que pueda gozar
de ella, nunca sufrirla ni sentir que no llego a lo que
había montado. Quiero gozar mientras bailo. Cuando
preparo una coreografía siempre necesito una inspiración
de la música o del cante que me vaya a acompañar
en ese momento. Por tanto, me defino como un bailaor de
sensaciones, un bailaor que trabaja la estética y,
por encima de todo, que trabaja la estética de los
brazos, que creo que es lo que a mí me ha dado rienda
suelta para poder mostrarme como soy.
Si Dios quiere bailaré cada vez más sereno.
Ya no tengo dieciocho años. Ya no quiero salir al
escenario a mostrar todo lo que sé hacer, sino que
tengo muy claro que cada vez que piso el escenario salgo
a gozar. Con la edad se va adquiriendo una cosa que no se
puede adquirir con la juventud (y tampoco quiero parecer
ahora un viejo) que es el peso: el peso de un brazo que
sube en dos compases por soleá tiene muchísima
más fuerza que un triple de pie en dos tiempos.
Mi realidad
Ahora mismo estoy trabajando con el último espectáculo
“Pasión y ley”. Y también estoy
gozando por el premio que hemos recibido de la crítica
por el mejor DVD. Pero independientemente de “Pasión
y ley” también estamos trabajando en espectáculos
de repertorio, cambiando formatos para encajar siempre donde
haga falta, según las necesidades. Mis proyectos
son estar trabajando lo máximo posible y hasta ahora
no me puedo quejar.
Mi sueño
Mi sueño es cansarme de bailar. Decir “ya no
puedo más, ya no quiero bailar más, ya estoy
cansado de bailar”... aunque creo que eso va a ser
difícil, porque es lo que me alimenta para seguir
vivo, así que me tendré que morir con las
botas puestas... Otro sueño es que el flamenco siga
abriendo las puertas de los teatros más grandes del
mundo... Pero mi sueño, realmente, es cansarme de
bailar... Como eso es imposible, es mi sueño.
Biografía
de Antonio El Pipa
Fotos: Rafael Manjavacas

Calzados Artefyl:
arte para el Arte de bailar. Los profesionales
lo saben.
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