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“Tardará
mucho tiempo en nacer, si es que
nace, una bailaora tan grande de espíritu”
Conocí a Carmen Amaya en el rodaje de la película
Los Tarantos, en febrero de 1963 [hizo el papel de la novia].
En aquella época ella ya era una leyenda para el mundo
del flamenco, y aunque han pasado cuarenta años sigue
viva en mi memoria.
Carmen
era una mujer menuda, enjuta, nerviosa, con una gran personalidad.
Sus ojos negros te taladraban cuando te miraban. Era sencilla
y muy profesional en el trabajo.
Recuerdo que cuando rodamos en Montjuich hacía un
frió tremendo y ella se encontraba mal. El rodaje fue
duro pero nunca se quejaba, comía poco, bebía
mucho café y fumaba muchísimo. Tuvimos que madrugar
para ir a maquillaje, ella cuidaba mucho su aspecto, quería
estar guapa, era coqueta y muy femenina. Su carácter
era juvenil y yo diría que hasta infantil en muchos
aspectos. Ella no era una mujer cultivada pero tenia el porte
y la arrogancia de una persona que había viajado y
vivido intensamente.
“Cuidaba mucho su aspecto,
quería estar
guapa, era coqueta y muy femenina...”
Uno de los momentos mas interesantes que recuerdo fue cuando
se rodó la famosa secuencia donde ella canta y baila
por bulerías en la montaña. Ese día se
juntaron varios factores en su contra, hacia frió,
viento y estaba enferma, y para colmo el tablao que habían
puesto para bailar era un desastre, sin calentarse hizo un
ensayo y se grabó a la primera toma, cuando finalizó
nos quedamos todos tan impresionados que todo el equipo técnico
y todos los que allí se encontraban nos pusimos a aplaudirla
como locos, fue impresionante.

Los Tarantos: Sara toca palmas para Carmen
Cuando terminó el rodaje de la película, la
productora organizó una comida para todo el equipo,
me despedí de ella y me marché a Madrid. Un
día casi al final del verano de aquel año, me
llamó Daniel Martín [papel del novio] para preguntar
si quería ir a Bagur a ver a Carmen porque estaba muy
enferma, y nos fuimos con él, mi madre y yo. Cuando
llegamos allí en aquel caserón tan destartalado,
la encontramos en la cocina con su hermano Paco y parte de
su familia, y algunos miembros de su compañía.
Estaba sentada en un banco al lado de la chimenea y la encontré
muy desmejorada. Su hermano, para animarla, le decía
que cuando se pusiera buena se irían a Madrid y abrirían
un tablao flamenco.
“Su técnica
era sencilla, pero su
forma de ejecutarla dificilísima”
http://www.colitafotografia.com/
Allí en Bagur fue la ultima vez que la vi con vida.
Unos meses después el sindicato de actores la premió
como mejor actriz de ese año y yo recogí el
premio en su nombre.
A lo largo de tantos años he tenido la oportunidad
de ver infinidad de bailarinas y bailaoras, pero nadie me
impactó tanto como Carmen Amaya. No dejó escuela,
fue creadora y revolucionó el concepto del baile flamenco.
Su técnica era sencilla, pero su forma de ejecutarla
dificilísima. El baile de Carmen siempre será
atemporal, su estilo es inimitable.
Como diría el poeta, tardará mucho tiempo en
nacer, si es que nace, una bailaora tan grande de espíritu.

Sara Lezana
Lee la quinta parte de la serie "Carmen"
la semana que
viene con los recuerdos de Pepita Ortega y Teo Morca.
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