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6 de enero de 2009
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CARMEN
3ª Parte:

PEPITA FÚNEZ,
bailaora
(Madrid)


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“En el escenario no tenía amigo ninguno, era tan
profesional que no aceptaba nada que no fuera perfecto”

Estuve con Carmen desde el 1949 hasta 1963, sobre todo entre el ‘59 y el ‘62....nos unían el trabajo y la amistad. Era de gran timidez y a veces muy infantil.

Se empeñaba en cosas absurdas como ponerse un traje de baño mío que le quedaba muy grande...o en subirse a un olivo para bajar aceitunas todavía verdes en el jardín de la casa que nos facilitaron para toda la compañía en Palm Springs, riéndonos todos y aliñando después las aceitunas entre carcajadas...aunque su marido no se mostraba con ella todo lo agradable que se merecía. Era muy callada y solamente cuando sentía confianza en extremo era cuando se explayaba y abría a los o las amigas.

Tenía la manía de usar rimmel para los ojos ‘Estrellita’, escupiendo en la cajita, frotando el cepillito y aplicándoselo en las pestañas, manchándose invariablemente y causando las risas de todas, la suya la primera. Tampoco podían faltarle sus cigarrillos Camel sin filtro.

En el escenario no tenía amigo ninguno, era tan profesional que no aceptaba nada que no fuera perfecto. Pero al terminar el ensayo o el espectáculo, se transformaba en una persona amable, cariñosa, amistosa, y tan generosa como para darte lo que tuviera en ese momento.

Era muy supersticiosa respecto a tirar la sal y, algo curioso (que yo compartía con ella), era el no soportar ver a monjas de espaldas, teniendo que salir corriendo para adelantarlas y poderlas mirar de frente, cosa que siempre nos terminaba por causar risas.

 


Pepa en su época con Carmen Amaya

“Tener hijos, al menos uno, hubiera
sido para ella lo más grande del mundo”


 

La fama y el dinero nunca tuvieron importancia para ella...solamente contaba su familia, su trabajo y su compañía. Era de gran humildad y sencillez en todos los actos de su vida, excepto en el escenario cuando se convertía en un ser único, de magnetismo singular, de fuerza inusitada...

Nunca negó ser catalana, por mucho que se identificara con los gitanos andaluces, especialmente de Granada. No la escuché muchas veces hablar en catalán pero sí de vez en cuando. Jamás la escuché hablar de política ni, asimismo, hablar mal de nadie. Al estar en el extranjero siempre hablaba de España con nostalgia y deseando terminar las turnés para regresar por un tiempo. Argentina era otro país del que hablaba con gran cariño, al igual que México.

“El cante era su locura...y hubiera sido la
más feliz pudiendo hacer los cantes grandes”


A veces, como sucede a cualquier otra persona, tenía necesidad de un sitio propio, de querer estar sola y tranquila, lo que no le era fácil con tantas hermanas, sobrinos, etc. Tener hijos, al menos uno, hubiera sido para ella lo más grande del mundo. Su vida se reducía al trabajo, ensayos, familia...aunque tuviera infinidad de invitaciones para fiestas y reuniones...pero lo que la hubiera hecho realmente feliz es haber estado sola con su marido y que él le hubiera prestado la atención que ella esperaba y merecía. Antes de su matrimonio era Paco, su hermano, el que mandaba en todo, el que ordenaba que se fuera al hotel en cuanto terminaba la función, el que decidía dónde, cuándo y cómo se hacían las cosas y se encargaba de contratar...ella parecía “no tener vela en el entierro”, como vulgarmente se dice...aceptaba todo lo que su hermano hiciera, como buena gitana, hasta que su marido Juan Antonio tomó el lugar de Paco.

Foto de Carmen Amaya dedicada a Pepa


“Le gustaba hacer los bailes a orquesta, lo gozaba
realmente y lo disfrutaba aunque no era ‘lo suyo’"


El cante era su locura...y hubiera sido la más feliz pudiendo hacer los cantes grandes. Disfrutaba ir a tiendas, ver escaparates, vestidos, zapatos... cosa que casi nunca podía llevar a cabo por todas sus obligaciones profesionales. Era claro que sabía lo que valía pero siempre quiso dar más de lo que daba, lo que posiblemente haya sido la causa de la enfermedad que la llevó a la muerte. Se sentía enferma pero nunca supuso que era tan grave como resultó ser, y si lo supo, nunca lo dejó entrever a nadie. No se cuidaba...comía cuando se podía y lo que hubiera, que muchas veces, por tal o cual circunstancia, era solamente una lata de sardinas; no era exigente para su persona y se amoldaba a cualquier situación.


“Los bailaores, Faíco, el Farruco y Juan el Pelao siempre eran mencionados como extraordinarios”


Estricta para los ensayos, exigiendo pero mostrando paciencia también, repitiendo las veces que fuera necesario hasta lograr lo adecuado, cosa que te hacía salir luego con gran seguridad a bailar. Mandaba con los ojos, aunque a veces crispaba fuertemente la mandíbula y miraba fijamente al que fuera, moviendo la cabeza de un lado para otro y echando a andar por el escenario como cavilando. Nadie se atrevía a sugerirle nada a alguien así, era impensable. No dudo que sabía montar cualquier espectáculo lo mismo que bailar sola, al igual que detectaba quién había tenido una falla en las palmas sin siquiera mirar. Nunca la ví ensayar sola; si lo deseaba, lo hacía al tiempo que el resto de la compañía pero muchas veces ni eso, tal era el dominio que tenía sobre su arte, que además hacía que diariamente su baile fuera diferente en mayor o menor grado.

Le gustaba hacer los bailes a orquesta, lo gozaba realmente y lo disfrutaba aunque no era ‘lo suyo’, digamos. Lo hacía como para divertirse...De los bailaores, Faíco, el Farruco y Juan el Pelao siempre eran mencionados como extraordinarios. De los tocaores no hay duda que su favorito fue siempre Sabicas, a quien le unió, además, un lazo sentimental que, por una u otra razón, nunca pudo prosperar. Antonio Mairena le gustaba mucho cantando y trató de contratarlo, como es bien sabido.

 

“Carmen no estaría de acuerdo con el baile actual, aunque fuera incapaz de criticar a nadie abiertamente”

Muchos profesionales no saben exactamente quién fue este genio y otros opinan que se exagera mucho al hablar sobre ella, pero solamente los que la vieron bailar reconocen la importancia que tuvo...quizá algunos se dan cuenta del cambio tan abismal que provocó Carmen Amaya en el baile femenino...y diría que hasta en el masculino. Con contadas excepciones, me parece que Carmen no estaría de acuerdo con el baile actual, aunque fuera incapaz de criticar a nadie abiertamente, no era su estilo.

Un día quiso usar la lavadora en la casa de Palm Springs y, a pesar de avisarle que no echara mucho jabón en polvo, puso tanto que la espuma invadió la casa entera y las carcajadas de todos las oían hasta los vecinos. Hubo que desconectar la lavadora y todo lo demás en medio de aquel caos y llamar a gente que secara y mediante una aspiradora lograra limpiar el desastre que había armado...La de días que aquello siguió causando hilaridad...

 

Yo vivía en Los Angeles cuando llegó la noticia de su muerte, quizá el primer disgusto fuerte que tuve en mi vida. Lo escuché en la televisión y aunque sabía que estaba ya enferma no podia imaginar que un ser tan grande y tan querido llegara a faltar en este mundo.

 

 

 

 

Pepita Fúnez

Lee la cuarta parte de la serie "Carmen" la semana que
viene con los recuerdos de Sara Lezana.

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Coordinación y redacción de textos e imágenes: Estela Zatania.

 

Especial Carmen Amaya.
La Reina Del Embrujo Gitano
(boxset: 2 Cds+ 1 Dvd + Book)

 

 

 

 

 

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