<<Introducción
“...menuda,
todo nervio, mirada felina,
con las mandíbulas apretadas...”
Ahora que se cumplen los cuarenta años del fallecimiento
de la mejor bailaora de todos los tiempos, se me pide que
cuente como la conocí, y lo hago como un gran honor
y como agradecimiento por todo lo que me enseñó.
Me llamo Lucero Tena, nací en México D.F., de
nacionalidad española, y en la actualidad soy concertista
de castañuelas. Fue en México donde residía
donde conocí a Carmen Amaya. Mis antecedentes explican
porqué y cómo conocí a esta gran artista.
Estudié ballet clásico con Nina Chestakova durante
ocho años, y danza española con la bailarina
madrileña Emilia Díaz, quien me enseñó
los bailes del rico folclore español, la escuela bolera
del siglo XVIII y las danzas clásicas de los compositores
españoles como Falla, Albéniz, Granados, Turina,
etc. Ella me habló de dos grandes glorias de la danza
española: la bailarina clásica española
Antonia Mercé “La Argentina” y la genial
bailaora Carmen Amaya.
Lucero Tena
Mi
deseo de conocer a ambas fue posible con Carmen, pero no así
con Antonia Mercé, entonces ya fallecida. Carmen llegó
a México, y con gran emoción asistí a
su debut...mágica, grandiosa, majestuosa, electrizante,
arte en toda su grandeza, tal y como la había definido
mi maestra, pero para mí aún más. De
inmediato quise conocerla. Fui a su camerino y vi a una mujer
pequeña, menuda, todo nervio, mirada felina, con las
mandíbulas apretadas, pues aún estaba en tensión.
Yo me presenté como bailarina y le dije que la conocía
a través de mi maestra Emilia Díaz, y que el
conocerla era el momento mas emocionante de mi vida.
Me dio la mano y un beso y yo la abracé. Mi madre
que me acompañaba me dijo que la dejase descansar y
que esperaba mas gente para saludarla. De los seis meses que
estuvo en ciudad de México fui a verla y a saludarla
todos los días, y llegué a atreverme a preguntarle
si podía darme clases, contestándome ella cariñosamente
que no daba clases pero que podía asistir a sus ensayos,
lo que hice durante meses. Fui apreciando el flamenco como
tanto deseaba, y nada menos que viendo a la gran Carmen Amaya.
Foto por Manuel Ortega
“Ha habido una Ana
Pavlova, un Pau Casals, un Andrés Segovia y una Carmen
Amaya”
Entre
estos ensayos estaba el del cambio de programa, que aparte
de su espectáculo de flamenco tenía unos números
con orquesta de danzas regionales y baile clásico español.
Recuerdo que uno de ellos era “El Capricho Español”
de Rimsky-Korsakov donde la parte clásica era bailada
por sus primeros bailarines Goyo Reyes y Pepita Ortega. Había
una parte que bailaba su hermana Leonor (Leo) con ella. Leo
enfermó de hepatitis con la consabida orden del médico
de un absoluto reposo. Llegaba el día del estreno y
Leo no podía bailar. En una reunión con su compañía,
Carmen que había montado esa danza para ella y su hermana
(las demás eran coreografías de Goyo y Pepita)
dijo con fuerza y seguridad: “Lucerito, la mexicanita
pueda ocupar el lugar de Leo”.
Lucero Tena bailando con Carmen Amaya
Yo asistía a esa reunión en lugar apartado
y nos llamó a mi madre y a mí, pidiéndonos
que nos acercáramos a la mesa y me preguntó
si quería formar parte de su espectáculo ocupando
el lugar de Leo. Recuerdo que fue tal mi asombro que me quedé
sin palabras, pero mi querida e inolvidable madre me sacó
de este estado con una patadita por debajo de la mesa y pude
contestar con un rotundo ¡SI!.
Así
fue como entré en la compañía de la inigualable
Carmen Amaya, y digo inigualable y sin sucesora, pues siempre
he dicho desde mis tiempos de bailarina y bailaora que ha
habido una Ana Pavlova, un Pau Casals, un Andrés Segovia
y una Carmen Amaya. Fue una gran experiencia en mi vida viajar
con mi Carmen (siempre que hablo de ella o en mis recuerdos,
y hasta cuando hablaba con ella, era y es “mi Carmen”)
por distintas ciudades de México incluido el D. F.,
y después por USA, desde el Carnegie Hall en New York,
hasta la inauguración del Huntington Harford Theatre
en Hollywood. Que glorioso éxito de Carmen que electrizaba,
emocionaba, entusiasmaba al publico. Durante casi 3 años
(hasta 1957) viajé con mi Carmen, y en los días
libres mi madre que me acompañaba y yo solíamos
visitarla en la habitación del hotel y la encontrábamos
siempre bordando, que tanto le gustaba, y en algunas ocasiones
salíamos de paseo, le gustaban los parques y bromeaba
y reía subiéndose a algún árbol.
Era una mujer con una inteligencia natural increíble,
y una visión humana maravillosa.
Carmen con su tía Juana
Monumento a Carmen Amaya
“Carmen Amaya fue la guía en el baile flamenco,
y Sabicas en la guitarra flamenca”
Quiso y luchó mucho por su familia, se casó
muy enamorada y quiso siempre a su marido Juan Antonio Agüero.
Le pregunté una vez cual era su sentimiento en un escenario
y como afrontaba el miedo, los nervios, la responsabilidad
ante diferentes públicos y su contestación fue:
“cuando salgas a escena piensa que estás en tu
mundo mágico donde tú eres la reina, y disfruta
de lo que haces olvidándote de los problemas y amarguras
de la vida; no mires al público, debes abstraerte,
al vivir y disfrutar de tu arte, lo trasmitirás al
publico. ¡Qué maravilla! Estas palabras han ido
e irán siempre conmigo.
Carmen marchaba después de USA a Sudamérica.
A pesar de que yo estaba feliz con ella, había aprendido
todo lo que sé de flamenco, y tantas otras cosas, me
separé y le dije que mi mayor ilusión era viajar
y conocer España. Me dijo que hacía bien, que
nos veríamos en España y que se sentiría
muy orgullosa de mis triunfos.
Después
de cuatro años volvimos a encontrarnos en su llegada
a Madrid, y fue a ver mi actuación en El Corral de
la Morería. Aquella noche fue increíble pues
se corrió la voz que iría a verme bailar y el
tablao se llenó de flamencos que querían ver
a Carmen. Todo mi cuerpo temblaba de nervios y de emoción.
Recuerdo perfectamente lo guapa y bien vestida que iba; llevaba
un vestido gris perla y zapatos de raso. Hice mi actuación
y se la dediqué a ella. Al terminar me acerqué
a su mesa para saludarla, me besó, me dijo que estaba
muy orgullosa de mí y que movía muy bien la
bata de cola, algo que hacía porque me lo había
enseñado ella...las bailaoras acostumbran a bajarse
para recoger la bata de cola, ella nunca se agachó,
la recogía de un golpe de su pie, y yo siempre lo hice
tal y como se lo vi hacer a ella. Carmen la recogía
y la subía por encima de su cabeza como un pavo real.
El broche de oro fue ver bailar a Carmen a petición
del publico asistente. Aquello fue la apoteosis. Su marido
Juan Antonio me dijo que viajaban a Barcelona antes de su
gira europea para visitar al Dr. Puigbert.
A ti Lucero, con todo mi cariño. Carmen Amaya
Hay
un LP que se grabó en Nueva York "The Queen of
the Gypsies" (‘La Reina de los Gitanos’),
donde tuve el honor y el placer de hacer las palmas. No quiero
dejar de mencionar a otro grande de la compañía
de Carmen, y me estoy refiriendo al gran Sabicas, aquel artista
de la guitarra. Tocar Sabas y bailar Carmen, eso era un mundo
aparte. Carmen Amaya fue la guía en el baile flamenco,
y Sabicas en la guitarra flamenca.
Siento que es mucho más lo que podría decir
de la gran Carmen Amaya y lamento no saber hacerlo mejor...
Foto por Manuel Ortega
FIN DE LA SERIE
“Desde que he visto a Carmen Amaya se me ha
quitado el gusto, que yo no he visto en mi vida, ni veré
jamás, bailar mejor que esa gitana”
- Juan Maya ‘Marote’, Granada.
<<Introducción
Especial
Carmen Amaya.
La Reina Del Embrujo Gitano
(boxset: 2 Cds+ 1 Dvd + Book)
   
Zapatos
de baile flamenco artesanos:
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