Bienal de Flamenco 2010
 
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3 de septiembre de 2010
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Romancero Gitano

Ballet Flamenco de Andalucía

Jardines del Generalife, Granada

 

¡Verde, que te quiero verde!

texto: Rubén Gutiérrez
fotos: Ballet Flamenco de Andalucía

Puede que sea uno de los versos más conocidos de Federico García Lorca, y quién no recuerda al malogrado Manzanita, junto con Ketama, en aquella interpretación en la película “Flamenco” del aragonés Carlos Saura… Y es que la obra lorquiana está llena de guiños hacia la vida andaluza, sin más artificio que la propia existencia, sea la misma trágica o alegre, y de este modo el granadino universal escribió el “Romancero Gitano”, donde recoge en una serie de romances que refieren hechos de la vida de la comunidad gitana a este lado de Sierra Morena, y una vez más, la genial Cristina Hoyos se adentra por los vericuetos lorquianos para ofrecernos un magnífico espectáculo que durante este verano unos 100.000 espectadores han tenido la oportunidad de degustar.

Conforme subimos la cuesta de los cipreses, en el incomparable marco de los jardines del Generalife de la Alhambra, el embrujo de este espacio nos invade como una premonición de lo que íbamos a contemplar. Rodeados de miles de caras anónimas, extranjeros y nacionales se disponen a ocupar sus respectivos asientos, de los que hay que destacar su comodidad, pese a encontrarnos en un auditorio al aire libre.

Granados, adelfas, rosales, palmitos y cientos de cipreses son el mejor telón de fondo de un escenario en el que nos llama la atención una gran viga que lo atarviesa de lado a lado, y que asemeja a un viaducto de esos que hoy en día se construyen en la autovías, pero que claramente nos sitúa en una “orillica” de un río, bajo su puente, rodeados de cañaverales, y de la candela que apacigua las inclemencias de la noche. El campamento gitano esta esbozado, solo falta colonizarlo bajo la atenta mirada de un joven Lorca que se proyecta en una gran pantalla.

Guiños hacia la vida andaluza, sin más artificio que la propia existencia

Para esta ocasión, la sevillana Cristina Hoyos, al frente del Ballet Flamenco de Andalucia, el cual, tras una serie de controversias administrativas vuelve a depender de la Empresa Pública de Gestión de Programas Culturales de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, junto con la colaboración del primer bailarín, el gaditano “El Junco”, la música de Pedro Sierra, y el guión y la dirección escénica de José Carlos Plaza. Con él ya compartió Cristina el montaje de “Yerma” en este mismo espacio en el verano de 2.003, el cual fue un gran éxito.

Para llevarlo a escena, se han elegido 10 de los 15 poemas del Romancero Gitano , convertidos en 10 historias que se representan bailando, cantando y recitando, que según se desprende del programa de mano: “Van apareciendo y deshaciéndose ante nuestros ojos y oídos: la infancia y la muerte, el alegre y desenfadado adulterio, el juego lujurioso del aire y el cuerpo, los deseos ocultos del alma enclaustrada, las rencillas ancestrales, el racismo, la envidia, el mito, la barbarie represora, la luz de una raza, la pena negra y la espera – esperanza – del amor profundo que solo un pueblo marginado, marcado por los tópicos y por sus propias leyes, sabe sentir.”

Los músicos irán ocupando su puesto en la escena, alrededor de las llamas fingidas, combinando de esta manera la tecnología del siglo XXI con la historia original, la cual fue escrita entre 1.924 y 1.927, y que vio la luz de forma impresa en 1.928. Los cantaores Reyes Martín, Vicente Gelo y Miguel Rosendo, los guitarristas Andrés Martínez y Ramón Amador y el percusionista Roberto Carlos Jaén serán los encargados de conducir el espectaculo mientras exhiben sus habilidades el cuadro de baile formado por las bailaoras Susana Casas, Cristina Gallego, María del Mar Montero, Rosa Belmonte, Rocío Alcalde, Lucía Guarnido y Zaira Santos, así como los bailaores Jesús Ortega, José Luis Vidal, Javier Crespo, Jacob Guerrero, Abel Arana, Daniel Torres y Juan A. Jiménez.

Nos sorprende el comienzo del espectáculo con el “Romance del sonámbulo” a modo de prólogo, donde se combinan los sonidos de dos yunques dispuestos al fondo de la escena, junto con la música electrónica que inunda el Generalife, y los pasos de “tap dance” de parte de la sección masculina de baile, que rápidamente da paso a esos sonidos que originarios de la geografía medieval andaluza, echaron profundas raíces entre Utrera y Lebrija, melodías que inevitablemente se repetirán a lo largo de la noche. Las mismas nos conducen de la mano de la bailaora Susana Casas, con sus mantón de manila y su bata de cola, todo ella de blanco, al “Romance de la luna, luna”

Un interludio por alegrías del bailaor Javier Crespo da paso a “La preciosa y el aire” donde Rosa Belmonte, vestida con los colores del mar, parece nadar unos verdiales con sus buenas combinaciones de pies y brazos. La primera nota trágica de la noche llega con la tormenta que cierra el número.

La viga que ocupa la parte alta del decorado nos anuncia el romance de la “La monja gitana”, y un original vestuario desfila de la mano de la sección femenina de la troupe conducida por la bailaora Maria del Mar Montero. Entran entonando el “Salve Regina” gregoriano mientras los tocaores interpretan los primeros compases por tangos, pero que rápidamente nos percatamos ser los de una vidalita, mientras las monjas se desprenden de su hábitos para lucir un bello vestido blanco. El baile se desarrolla muy sensual, casi a modo cabaretero.

Un compendio de técnica y saber flamenco

Con una imagen del Torcal de Antequera se nos presenta el romance que recrea una reyerta gitana, con ecos de nanas, los bailaores zapatean, giran, se cruzan, y con navaja albaceteña en mano luchan contra sus rivales, mientras los músicos golpen sus bastones, y es cuando Cristina entra por primera vez en la obra, la cual ya no dejaría. Nos vino a la cabeza otra escena del magistral Antonio Gades en sus “Bodas de Sangre” donde compartió protagonismo con Cristina Hoyos, pero la coreografía de la sevillana difiere en la mayor rapidez de la misma, no exenta de la plasticidad de la de Gades. Las tonas y seguiriyas que se le cantan a los muertos darán paso al siguiente romance.

Y yo que me la llevé al rio
creyendo que era mozuela
pero tenía marido

Así comienza “La casada infiel” bajo un imagen de la ribera de un río de un pintor expresionista, y Cristina Gallego y José Luis Vidal harán unos bonitos pasos a dos en la farruca, que recrea esta historia de adulterio.

Será el turno de El Junco, por alegrías de la tierra que le vió nacer, un alarde de técnica de pies, que indudablemente le ha guiado a ser el primer bailarín de la compañía, interpretando “Prendimiento de Antoñito el Camborio”, que culminará en el romance de la “Muerte de Antoñito el Camborio”, mientras Cristina jalea desde una silla de anea delante de la lumbre. La compañía entra a paso marcial vestida con capas y tricornios, y unas melodías árabes de fondo presentan nuevamente al Junco, que esta vez interpreta Tarantos, mientras el mismo es ajusticiado.

Todo el respetable en pie…escaso premio para tan magno espectáculo

Durante el “Romance de la Guardia Civil”, las bailaoras y bailaores irán desprendiéndose de sus tricornios y capas para mostrarnos unos llamativos trajes de color rosáceo a son de las bulerías, donde cada uno nos irá dejando su pataíta. Un nuevo interludio de percusiones africanas y romances sefardíes de Tetuán, que se han venido repitiendo a lo largo de la noche, darán paso a uno de los clímax del espectáculo.

Cristina lleva un buen rato en el escenario, ya sea sentada con los músicos, jaleando y haciendo compás o tomando parte de la representación, de pie, actuando, pero sin bailar, pero ahora se nos presenta vestida todo de negro, a juego con su hermosa cabellera. Nos sorprende con su “Romance de la Pena Negra”, un compendio de técnica y saber flamenco. Ataviada con bata de cola, y mantón de manila se saca de la manga un juego de palillos para deleitarnos con una serie de pasos que recogen los sonidos de la bambera, y los romances, haciendo un guiño con la melodía de “La Leyenda en el Tiempo”, mientras exhibe el gran manejo de las castañuelas.

Volveremos al “Romance del sonámbulo”, donde toda la compañía, vestida del verde querido, bajo los dibujos de Lorca que se proyectan en la pantalla, dan rienda a su coreografía por soleá, de ejecución precisa, donde todos forman un uno, para recibir a Cristina, con un gran mantón verde, que rematará el espectáculo con un gran baile por bulerías; mientras la foto y el autógrafo de Federico García Lorca nos vuelven al mundo real. Todo el respetable en pie ofrece una gran ovación, escaso premio para tan magno espectáculo, el cual esperemos que en breve se convierta en la comidilla de los teatros de medio mundo, por que esta obra que es el “Romancero Gitano” ha encontrado una buena horma en la versión del Ballet Flamenco de Andalucía.

Más información:

Toda la información sobre Cristina Hoyos

Romancero gitano

 

 
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