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30 - Junio - 2001. Colegio Salesiano de Utrera

Homenaje a Curro de Utrera

CANTE:
José Menese
Curro Malena
Juan Villar
Miguel Funi
José Valencia

TOQUE:
Antonio Carrión
Niño Jero
Juan del Gastor
Pitín hijo

 

BAILE:
Angelita Vargas y su grupo


Hace cuarenta y cinco años, en una tarde calurosa en Utrera, un grupo de individuos tuvo la inspirada idea de aliviar el aburrimiento y la escasez reuniendo a los flamenquitos del pueblo para compartir un potaje de frijones y un poco de buen cante. Así en 1956, humildemente, nació en España el primer festival de cante flamenco, abriendo una época importante en la historia de este arte, y creando una considerable fuente de ingresos para toda una generación de cantaores. Otros pueblos tardarían poco en seguir el ejemplo hasta que el festival de cante flamenco se convirtiera no sólo en institución, sino en un auténtico fenómeno sociocultural. Tipicamente había largas colas para entrar, a pesar de unos precios de entrada francamente elevados para la época, y había que escribir los carteles en letra pequeña, de tantos artistas, casi todos figuras, que intervenían. El festival que no siguiera marchando a la salida del sol casi no era digno de llamarse festival.

Pero esa época, que llegó a su mayor majaretez por los principios de la década de los setenta, ya sólo es una anécdota, y siento el impulso de añadir el comentario “afortunadamente”. Aquellas fiestas desmadradas, con una pésima amplificación, peleas en la barra, y aire de feria proporcionaban un ambiente más a la medida de los aficionados a la litrona y las sustancias controladas, que al disfrute del buen cante...Woodstock en Andalucía.

El pasado sábado reinaba la serenidad en el patio del Colegio Salesiano de Utrera donde se celebraba el XLV edición del Potaje Gitano de Utrera. A las 23.30h en una noche templada, la luna había tomado asiento arrimaíta a la torre de la iglesia de Santa María que domina todo el pueblo – pero sólo la mitad de las largas mesas estaban ocupadas. La misma noche se jugaba el final de la Copa del Rey, y si el flamenco no es una obsesión nacional, el ‘fulvo’ sí que lo es. Y por si fuera poco, una sobrina de la Pepa de Utrera se casaba, y había tal movida de juventud en la Consolación, ¡que ni la feria! Así que los que habíamos acudido a la cita en el amplísimo patio la noche del 30 de junio, nos revelamos un poco como flamencoobsesos. La seriedad del público, muy lejos de representar una falta de interés, representó una devoción al cante, casi religiosa, que fue correspondida por los artistas – sin excepción todos ofrecieron actuaciones ejemplares.

La noche se ambientó con los primeros acordes del tocaor utrerano Pitín hijo, para acompañarle a José Valencia, ‘Joselito de Lebrija’ que empezó por soleá anunciando “hay obligación de cantar por soleá aquí en esta tierra”, y cumplió sobradamente. Es un cantaor joven e interesantísimo. Joven pero sin influencias obvias de Camarón, que ya es decir. Sabiduría, sabor, estilos muy variados de Lebrija y de Utrera, bien ligadas, cantadas con una fuerza que para algunos había resultado excesiva. Después cantiñas (en mi). Sabrositas y pininianas...rico rico....qué diferente a los tercios de Manolo Vargas, Aurelio, Pericón o Beni... Qué pocos cantaores se dedican hoy en día a explorar el terreno de los cantes por cantiñas. Terminó su actuación por bulerías sin poder evitar decepcionar un poquito en este pueblo tan buleriyero. Utrera tiene una manera especial con la bulería, y a veces se muestra impaciente con otros aires, aunque soplen de Lebrija.

Entonces era el momento del baile. Angelita Vargas con su marido el Biencasao. El toque de Jose Acedo y el cante de El Changuito, conocido por ser el padre del cantaor camaronero Potito. Angelita bailó por soleá...baile tradicional, sin los movimientos a veces karatescos de Sara Baras o Eva la Yerbabuena.

José Menese abrió su intervención anunciando que iba a cantar “tonás de Moreno Galván”, que no se refiere a un estilo nuevo de este cante antiguo, sino al desaparecido autor de las letras, que fue amigo inseparable del cantaor. A Menese siempre le ha gustado apadrinar los cantes menos conocidos – seguidamente ofreció unas nanas, en mi opinión un cante más propio de mujer, pero bien cantado por este hombre de la Puebla. Después por soleá. Menese, ya madurito, sigue madurando en el cante. Flamenco de toda la vida, sin tonterías. Cerró su actuación por siguiriyas – menos facultades que hace una década, y menos soniquete a Mairena, pero más honesto.

Al final de la primera parte fue homenejeado el veterano cantaor afincado en Córdoba, Francisco Diaz García, ‘Curro de Utrera’, que a sus 74 años tiene un aspecto espléndido y sigue gustando con su cante. Mientras que el presidente de la Hermandad de los Gitanos, José Vargas Jiménez, sobrino de la Fernanda, le presentaba a Curro los correspondientes placas y honores, me quedé pensando: en esta tierra ¿dónde han quedado los cajones, flautas, violines, tambores hindúes y demás elementos ajenos que se han incorporado al flamenco en los últimos años con la excusa de que “hay que renovar”? Aquí no se han echado de menos. En cada momento era más que suficiente una voz y una guitarra para contentar un público exigente y entendido. De hecho, a pesar del AVE, no es ningún tópico lo de la frontera de Despeñaperros. El llamado ‘hermetismo’ del flamenco de hace siglo y medio sigue existiendo, si no a nivel de familia o raza, sin duda a nivel regional. Casualmente pregunté a unos cuantos en la mesa, qué les había parecido el recital de Poveda ofrecido hace poco en Utrera. Cuando los primeros me preguntaron “¿qué es poveda?” pensé “vaya guasa”. Pero seguí con mi improvisada encuesta y sorprendentemente, aficionado tras aficionado afirmaba no haber oído jamás de ningún cantaor llamado Miguel Poveda...y yo que pensaba que era el nuevo ‘bum’, junto con Arcángel, Mayte Martín y Estrella Morente, éstos tres últimos conocidos pero relativamente poco apreciados por estas tierras.

La segunda parte abrió con Miguel Funi, el Dorian Gray del flamenco...sesenta y tantos años que a los pocos metros pasan por treinta y tantos, pero sólo en lo que al aspecto físico se refiere, porque artísticamente su cante y baile festero saben a tradición, veteranía y pureza. Con la guitarra moronense de Juan del Gastor primero realizó una especie de malagueña con serrana que más que nada sirvió para hacernos desear que llegara el momento inevitable de la bulería, y tras cantar por soleá, no nos defraudó. Bulerías personalísimas con un acompañamiento del cual el presentador comentó “gracias a Juan del Gastor que nos ha devuelto a los tiempos de Diego”.

Curro Malena es un cantaor algo polémico. Nunca ha sido el ídolo de los aficionados, y cuesta bastante acercarse a su cante. Pero ha tenido momentos más que dignos en este Potaje. Parece haber abandonado casi por completo esa irritante costumbre de gritar de la que tantos se han quejado, y exploraba con sabiduría unas alegrías, tientos, y siguiriyas. Muchos prestaron atención cuando este hombre arrancó por bulerías, un cante muy ajustado a sus habilidades, en la línea cabal del Lebrijano. ¿Y porqué nos empeñamos en exigir el enciclopedismo? ¿Porqué no nos conformamos con la soleá de la Fernanda, la siguiriya del Chocolate, y las bulerías de cantaores como Curro Malena? A principios de siglo los carteles anunciaban sin disculpas las especialidades de los respectivos artistas: “Niño de Marchena con sus inolvidables guajiras”, “Guerrita, el as de los cantes de Levante”, “Pepe Pinto, el divo del fandango”, etc... Las asociaciones de consumidores no hubieran tenido la menor queja.

Este año el broche de oro del Potaje se llamaba Juan Villar, un cantaor que se encuentra quizás en su mejor momento a pesar de unos experimentos fusionistas de los cuales tendremos la delicadeza de no hablar. Juan sigue siendo uno de los mejores cantaores para el baile, pero también pa’alante es todo un maestro. El Niño Jero le acompañó con aire y sabiduría jerezana a pesar de unas cuerdas rebeldes que no se afinaban. Con su maravillosa y aflamencada voz Villar cantó por soleá – letras reposadas y gaditanas. Por siguiriyas es de los pocos actualmente que saben empujar los límites de este cante sin provocar la vergüenza ajena que tantos otros cantaores cuando se empeñan en “ser profundos”. Terminó por cabales, cante que se escucha relativamente poco hoy en día, empleando la letra modificada “Comparito mío Farruco...”. Los fandangos de Juan no podían faltar, y éste no defraudó. Terminó su actuación y cerró el festival por bulerías. Posiblemente un exceso de canción, pero magnífico – él solito ante el peligro, sin el apoyo de un cuadro.

Ha sido un Potaje bueno, hasta los frijones estaban a la altura. Pero me hubiera gustado más sabor a Utrera. El cuadro de jóvenes del año pasado puso un final delicioso a la vez que reivindicaba la identidad cantaora del pueblo. Para mí la velada terminó redonda al quedarme observando como mi comadre Mercedes dormía a su nietecito cantándole una nana por los bajines, recordándome que me encontraba en Utrera...

 

 
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