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Festival de La Mistela


Del 18 al 23 de octubre de 2004

 

 


Texto : Kiko Valle

Amador Rojas y su cuadro flamenco. Itoly de los palacios y la guitarra del Niño de Fraile. Pastora Galván y su cuadro flamenco. Miguel Poveda con la guitarra de Chicuelo. Israel Galván "Arena". Lole Montoya y Miguel Iglesias a la guitarra. Calixto Sánchez acompañado por Manolo Franco. Mayte Martín con la guitarra de Juan Ramón caro. Daniel Méndez y su grupo. Maria José Carrasco con la guitarra de Fernando Rodriguez.

La proyección internacional del Festival de la Mistela está asegurada

Cuando ya el calor no aprieta tanto y la Bienal de Sevilla no deja muy buen sabor de boca, irrumpe en el panorama flamenco el Festival de la Mistela. Y la culpa de que haya calado (no sólo el jugo) es también de los organizadores, que han creado un festival más que digno: fabuloso, adoptando un nuevo formato de una semana de duración y albergando en su programa exposiciones y cursos, sin duda uno de los atractivos que sirven de motor para la promoción del evento. Y es que han tirado la casa por la ventana configurando un cartel de lujo que, a diario, ha hecho del Teatro Municipal de Los Palacios un lugar de peregrinación para los aficionados que han respondido a las convocatorias agotando las entradas en la mayoría de los espectáculos.

El pasado lunes 18 a las 10,30 horas, tuvo lugar en la Casa de la Cultura del municipio la apertura del Curso de Baile Flamenco que dirigía Israel Galván. Aunque estamos acostumbrados a que reconozcan nuestro arte fuera de las fronteras españolas, siempre resulta curiosa la aceptación que el flamenco, y en especial el baile, tiene entre el público foráneo: los alumnos del curso eran todos extranjeros. La proyección internacional del Festival de la Mistela está asegurada; al menos en este sentido.

Las paredes del recibidor del teatro pesaban. Una magnífica exposición de fotografías sobre Carmen Amaya de la catalana Colita y el santanderino Julio Ubiña sirvió para los asistentes de placentero entretenimiento desde la tarde del martes 19. En ese mismo día tuvieron la suerte de disfrutar con el baile de Amador Rojas y su cuadro flamenco. Este bailaor nace en Los Palacios y aprende las normas elementales del baile en la academia de Susi. Sigue su andadura tomando clases con Farruco, y Salvador Távora lo contrata para trabajar en “Carmen”. Eva la Yerbabuena se percata de su valía y decide llevarlo en su compañía para el estreno del espectáculo “A cuatro voces” en la pasada Bienal.

Pastora Galván es la integración de los recursos vanguardistas de Israel en una estética más ortodoxa

Pero la noche no acaba y la Tertulia Flamenca “El Pozo de las Penas” acoge un recital de cante de Itoly de Los Palacios con el Niño de Fraile a la guitarra. Itoly es un cantaor local admirado entre los aficionados de peñas y festivales flamencos. Su trayectoria profesional es larga y dilatada y tiene en su haber numerosos premios, entre los que cabe destacar el de Antonio Mairena, algunos en La Unión y la Venencia Flamenca de Los Palacios. Dicen de él en el programa que es “(...) reclamado por las peñas que quieren sentir el aliento del cantaor allí donde el cante más duele, donde el cante se hace sentimiento y comunicación, porque José no es sólo un artista largo, es también, y fundamentalmente, un artista intenso”.

El miércoles se repartieron el teatro Pastora Galván y su cuadro flamenco al baile, y Miguel Poveda al cante con Chicuelo a la guitarra. Las señoritas primero. Abre por tarantos. Se advierte en la bailaora un baile enraizado y moderno a la vez, que asume gestos, poses, posturas prestadas de su hermano. La integración de los recursos vanguardistas de Israel en una estética más ortodoxa o tradicional no resultan inquietantes cuando se conjugan con el gusto que la joven artista posee. Quizás repite pasos cómodamente buscando un efecto que ya consigue en ocasiones con su cadera, con los hombros, con una mirada... Saca los brazos del cuerpo y los recoge con elegancia y donaire. No le falta coraje, sí el último pellizco. Sensualidad y finura: no hasta el extremo, pero participa de estas virtudes y otras muchas. La técnica más que justa en los pies y a su cuerpo le duele el baile. Por alegrías no le sacó el partido suficiente a la bata de cola, a pesar de que tuvo algunos instantes de gracia.

 

Pastora Galván

Miguel Poveda: un sabor viejo que huele a nuevo

El protagonista de la noche fue Poveda. Ya hiere en la salía de las granaínas y Chacón seguramente le asistió acariciando su garganta. Sus modulaciones derriten, son adictivas en la milonga que pone después ligando el cante sin que cese el acompañamiento. Dulce y sentimental, juega con el volumen, frasea y se le olvida el aire en el alma agarrando un lamento y sometiéndolo a los antojos de la pena. Sube y se pierde con los ayes, baja y aguanta, llora. Por alegrías se trae a Cádiz y se la mete en el bolsillo, siempre a compás, jugando con el cante como le da la gana. Lastima después con la malagueña y deja un sabor viejo que huele a nuevo, rico en matices. Se abandola después con la lucentina. Se enfrenta solo al respetable y se queja por tonás. “Que a mí me llaman el loco... “ ¡Quién fuera demente! Arremete sin gritos, medido y consternado, con dolor, lejos de buscar el olé fácil y sabiendo lo que hace. Para perder la cabeza. La bulería trae el aire. La guitarra sorda, palmas, mucho compás. Poveda ha tenido que emborracharse de arte muchas veces. Y para coronar de miel, canela y azúcar el repertorio, cuplé por bulerías; eso que dice: “Por ti yo sería capaz de matar...” ¡Con qué gusto canta este niño!

El jueves es un día señalaíto. Israel Galván presenta su nuevo espectáculo “Arena”, recién estrenado en la pasada Bienal con gran éxito de público y crítica. Los escenarios son diferentes, el público no es el mismo. Israel es un genio, las ideas le rebosan a borbotones y el baile es su vehículo de expresión. Pero el lenguaje que Galván utiliza no es al que la gran mayoría está acostumbrado: cuesta digerir su obra. Seguramente porque nos hace pensar, inquieta y asombra: no deja a nadie indiferente. Sabe captar aquello que no vemos; siente, sufre, pero a otros niveles. O al menos lo expresa en otra dimensión, que cautiva. Israel Galván es un artista de artistas, es admirado por casi todos los bailaores y está considerado como una de las primeras figuras, si no la primera, del baile flamenco actual. Pero en otros sectores sigue siendo incomprendido. Su obra “Arena” es una “(...) inmersión en la tradición más canónica para salir de ella con nuevas trazas, nuevos pasos, nuevas formas flamencas. Ampliar, no sólo el campo del baile flamenco, ampliar también la tauromaquia”. “(...) Para hacer esta inmersión cultural era necesaria una cierta distancia. Alejarse de los propios ruedos: nada de imitar chicuelinas, nada de pases de pecho. Tampoco toreo de salón. Esa distancia es la que se ha explotado para poder hacer veraz una vuelta de tuerca más en la ampliación coreográfica que de la danza flamenca Israel Galván está llevando a cabo (...)”.

Israel Galván Sabe captar aquello que no vemos; siente, sufre, pero a otros niveles

 

Seis coreografías precedidas por vídeos proyectados donde Enrique Morente canta en la Maestranza (problemas técnicos provocaron repeticiones y esperas), seis toros que lidiar, seis pares de cuernos. “Y el público es la muerte”. En “Bailaor” se detiene y pone los pies en la tierra, baila descalzo y posa en desplantes inverosímiles, muy sugerentes. “Granaíno” es complejo. Es un llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías. Baila sobre una mecedora metálica que parece ser toro. El cuarteto de percusión de la OJA desconcierta e Israel da a luz no sé qué que lleva dentro. Pero no queda hueco, no se queda vacío. La muerte, omnipresente. Después “Pocapena”. Aires de Cádiz y la gaita del Gastor. En “Burlero” la fiesta, soniquete por bulerías, Jerez y Diego Carrasco. Las pataítas con sabor y el flamenco más flamenco (?), del que a todos gusta. “Playero” es la seguiriya, el ahogo, la angusta, el lamento, el sufrimiento del toro. Israel se retuerce y se golpea contra el burladero. “Cantinero” es el último. Es “un juego entre doblar el paso y el paso a dos”. Suenan marchas fúnebres, también Paquito el Chocolatero. Israel baila con dos puñales en los zapatos: juega con la vida, con la sangre. Termina descalzo en una despedida que huele a salvación.

El viernes 22 actuaron Lole Montoya y Calixto Sánchez. Lole recordó algunos temas como el Todo es de color o el poema que todo el mundo conoce como el de la mariposilla blanca. Cantó por alegrías, Con hojas de menta y terminó su intervención por bulerías. Fue breve y poco intensa, no tuvo demasiados momentos para destacar y el público parece que no quedó demasiado satisfecho, aunque cumplió respetuosamente con su aplauso. No ocurrió lo mismo sin embargo con Calixto. Con arrojo abre el martinete y le arropa el respetable. Luego se mece en los tercios de la malagueña gustándose, alcanzando la perfección que hace que le consideren un cantaor frío. Pero ni frío, ni tibio. Calixto no posee esa voz ronca que se ha identificado con la jondura gitana y tiene virtudes suficientes para provocar la envidia de muchos que lo descalifican. Más a gusto quizás hubiera estado con su guitarrista habitual, Manolo Franco. Eduardo Rebollar estuvo al acompañamiento. Poesías de Antonio Machado por milonga y el aire huele a dulce amargo por el dolor de la letra que llora la muerte de la esposa del poeta. Por soleá engancha menos y en las alegrías salpica de sal refranes, se va la Lola a los puertos y nos enseña los palos del flamenco. Termina por bulerías y agradece el calor del público fuera del micro con un fandango con aires del Carbonerillo. Buenísimo.

Y llega la última noche. Se acaba La Mistela. Mayte Martín acompañada a la guitarra por Juan Ramón Caro se entona por vidalita. Melosa, como siempre, sin forzar la voz y modulando fabulosamente. Cantó por malagueñas, pero no estuvo especialmente lúcida en este cante ni en sus remates. Después seguiriyas, garrotín, guajira y alegrías. Hace el “Reniego...” en la seguiriya y el garrotín suena bonito. La guajira es un homenaje a Valderrama: “Mulata”. En las alegrías la concesión a las cantiñas de Pinini y Utrera son las mejores pinceladas. Pero a pesar de la “corrección” de su cante a lo largo del repertorio se le notó una cierta desgana o falta de entrega que le restó calidad a su actuación, más aún comparándola con otras ocasiones en las que hemos visto a Mayte por el escenario.

Mayte Martín: melosa como siempre, sin forzar la voz y modulando fabulosamente

Tras los actos protocolarios donde participaron Antonio Maestre, alcalde de Los Palacios, el presidente de la Tertulia Flamenca el Pozo de las Penas y Manuel Curao (algunos de los organizadores del festival), y se le hizo entrega del galardón La Venencia Flamenca de Los Palacios a Daniel Méndez “Dani de Morón”, tuvo lugar la actuación del joven guitarrista. Con mesura se pierde por el mástil por Levante. No peca de ser extremadamente rebuscado pero encaja algunas posturas complicadas que suenan muy flamencas, profundas. Algún que otro arpegio, algún picado, pero no en exceso. Se aligera en la soleá y la percusión marca la pauta. No es otro guitarrista del vértigo, sino del buen gusto y del sabor. No es de la escuela de Diego del Gastor, sino de Manolo Morilla, pero su pulgar sigue siendo prodigioso. Después por bulerías demuestra sus dotes al acompañamiento de David Palomar, metiendo con naturalidad, como improvisadas, falsetas llenas de enjundia. Pero donde redondea la noche es en la seguiriya. Acelera el compás y en un contrapunto que confunde, complejísimo, mete a tiempo falsetas inverosímiles, preciosas y precisas. Una auténtica genialidad. Después dedica a sus padres la bulería y bordonea, pica, arremete echando los restos. Abrocha su toque con la famosa falseta de Diego. No podía faltar ese tributo a Morón. Una Venencia muy merecida. No han hecho falta concursos. Y nadie lo discute. ¡Olé!

En la Tertulia Flamenca el Pozo de las Penas esperaba ya María José Carrasco; a la guitarra Fernando Rodríguez. Esta cantaora local, que tuvo la deferencia de asistir a la cita y cumplir con los aficionados a pesar de encontrarse en un momento delicado de salud, cantó salerosa por cantiñas con entrega y recortando los tercios para marcar bien el compás. Le dedicó las granaínas y medias granaínas a Dani de Morón, que estaba presente y se acordó valiente de Huelva y Toronjo por fandangos. Hizo unas letras por soleá y termina por bulerías dándole el sabor de Utrera y Sevilla: cositas de Bernarda, Perrate, de Triana, de Lole y Manuel...

Y hasta otro año. A esperar otra cosecha de uvitas. Se acabó La Mistela.

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