Bienal de Flamenco 2010
 
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8 de septiembre de 2010
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XLIV Festival de Cante Jondo de Mairena

Sábado 3 de septiembre, 2005. 2300h. Casa Palacio, Mairena del Alcor

 

Cante: Calixto Sánchez, José Menese, Aurora Vargas, Antonio Ortega hijo, Miguel Poveda, Esperanza Fernández
Baile: Manuela Carrasco con Joaquín Amador y Pedro Sierra al toque, Rafael del Carmen al baile, Enrique Extremeño, José Valencia, Antonio Zúñiga, La Tobala y Zamara al cante.
Guitarra: Niño Elías, Manolo Franco, Antonio Carrión, Diego Amaya, Miguel Ángel Cortes

Texto y fotos: Estela Zatania

Una noche cálida ambientaba uno de los últimos festivales de cante de esta temporada en el epicentro del universo que dio lugar a la movida festivalera, no por ser el primer festival, porque ese honor corresponde a Utrera con su Potaje que el año que viene celebra el quincuagésimo aniversario, sino por haber visto nacer a Antonio Cruz García “Antonio Mairena”. Ningún pueblo del mapa flamenco se identifica de manera tan total y absoluta con una sola figura del cante como Mairena del Alcor con Antonio Mairena, y no es para menos. Veintitantos años después de su desaparición, el cantaor sigue siendo el objeto de tanta admiración como polémicas, y todo aficionado tiene su opinión bien formada acerca del “mairenismo”.

Calixto Sánchez con Manolo Franco
Manuela Carrasco

La noche anterior al festival, en el anfiteatro de la Casa Palacio, había tenido lugar el Concurso de Cante Jondo que siempre se celebra conjuntamente con el festival, y como es la tradicion, la ganadora del certamen, Nazaret Cala, rompió con el primer cante del largo programa. Esta señorita del Puerto de Santa María ha llegado a ser una asidua en los concursos de cante, y su estilo delata esa atención obsesiva al detalle, a la afinación, al verso correctamente enunciado y al compás cuidadito con el objeto de no cometer faltas que podrían costarle los premios que tanto anhela. Por lo tanto tiene todo. O casi todo. Igual que el pobre de Pinocho, se olvidaron de entregarle un alma, y el hecho sólo es digno de mención porque representa un fenómeno preocupante. Los aficionados que tienen las manos permanentemente levantadas a la cabeza lamentando la desaparición del cante, buscan maneras de estimular el interés de la juventud. Se supone que los concursos contribuyen a conseguir tan admirable objetivo, pero está saliendo un pequeño ejército de cantaores jóvenes preembalados al vacío en lámina de plástico, personas con mucha dedicación y buenas intenciones que logran perpetuar los cantes pero no enriquecen el arte.

Su baile, los bellísimos mantones que siempre viste, su presencia imponente y su cante

Pero el cartel es dilatado y la cosa va calentándose poco a poco. Antonio Ortega hijo, natural de Mairena, acompañado por el injustamente subestimado guitarrista el Niño Elías, dedica la soleá a la afición de Mairena, y como buen mairenero despacha una larga serie de estilos prestando especial atención a la comarca sevillana con cantes de poca circulación como el de la Roezna (de Alcalá) o la Jilica (de Marchena), todo muy bien definido. A continuación, tientos tangos, y ya que estamos en plan quejica, declaro que me gustaba más cuando los tientos no eran el prólogo de tangos, sino un cante con entidad propia que se remataba con alguna coletilla cortita de tangos. El joven tiene desafinaciones molestas, pero el público local lo adora y responde con efusivos aplausos. Siguiriyas “dedicadas a mí padre y al Niño Elías, las dos personas que me están guiando”, lo cual indica el grado de afición del tocaor que tenemos delante. Nuevamente son interpretaciones correctas pero los duendes no se asoman.

Esperanza FErnández con Miguel A. Cortés
Aurora Vargas

La trianera Esperanza Fernández es admirable por cuatro motivos que son, en orden descendiente: su baile, los bellísimos mantones que siempre viste, su presencia imponente y su cante. Es la más competente bailaora de los cantaores y cantaoras actuales, o al menos no le importa emplear esta faceta para redondear sus actuaciones como cantaora. Los mantones que luce son francamente exquisitos y su estampa racial completa la parte visual. Vamos al cante. Como es su costumbre, empieza por cantiñas del Pinini, las que no saben a mar, sino campiña, y la señora domina el más amplio surtido hoy en día de estos cantes. El tocaor Miguel Ángel Cortés ajusta la afinación de su instrumento para las siguiriyas, sacando provecho al resultante sonido misterioso, pero le devora la impaciencia de lucir (actualmente está grabando su segundo disco en solitario), entonces su dominio es excelente pero el cante no es favorecido. Bulerías para terminar, y Esperanza tiene cuidado de cantar los “greatest hits” de Antonio Mairena, incluyendo el cuplé en tono menor “Dicen que van a temblar...” o “El pollito que piaba...” que es atribuido a Antonia Pozo de Lebrija, donde Esperanza tiene lazos familiares.

Hace casi dos meses José Menese, por primera vez, no pudo actuar en el festival de su pueblo, La Puebla de Cazalla, por encontrarse ingresado en Madrid. Entonces es muy grato volver a verlo en acción, algo desmejorado de la voz, pero nada grave. Tiene palabras para el maestro Antonio Nuñez ‘Chocolate’: “que Dios le acoja con los duendes que él se merece”, y arranca con un largo romance al estilo Mairena. Por tientos el susodicho deseo es concedido y el cantaor interpreta un surtido muy variado de estilos sin dejarse llevar por los tangos. Antonio Carrión sigue fiel a su estilo clásico para las siguiriyas con las que termina Menese su intervención con aplausos más de apoyo moral que de apreciación por su cante.

Momentos intensos y mágicos donde la química flamenca llega a su punto de ebullición.

Después de un largo homenaje al religioso D. Emilio Calderón Álvarez, llega con su grupo la faraónica bailaora Manuela Carrasco que hace su aparición con andares de “aquí estoy yo” dando fe del empaque de su personalidad artística. Habrá quién baile mejor hoy en día, o puede que no, pero ningún bailaor o bailaora tiene mayor presencia flamenca. Lleva un grupo de artistas más diluido comparado con lo que vimos hace poco en Lebrija – faltan los festeros, falta el Torombo, sobra la Tobala - y la baza de intervenciones en solitario de cada uno de los componentes ofrece algún que otro bache flojo. Doña Manuela en cambio está radiantemente flamenca, magnífica, majestuosa, mujerona. La colaboración del artista invitado Manuel Molina es un detalle inspirado. El guitarrista cantautor sigue desarrollando la personalidad que se inventó para “Alma vieja” de Farruquito empleando la guitarra más como adorno que instrumento musical, medio cantando, medio declamando sus versos creados ex profeso. Parece poseer algún tipo de sabiduría que a todos nos hace falta y que despacha libremente a la Carrasco durante unos momentos intensos y mágicos donde la química flamenca llega a su punto de ebullición. La soleá de Manuela Carrasco, básicamente la misma de hace veinte años, a Dios gracias, sigue evolucionándose y se mantiene fresca con la ayuda de tres consumados cantaores, Enrique el Extremeño, José Valencia y Antonio Zúñiga (hijo de Juan Villar).

Ya es hora de que reconozcamos el talento de Aurora Vargas. “Sólo una festera”, “siempre los mismos palos”, “desafina”, “sólo vende su guapura”. Lo que sí es cierto, la vemos hasta en la sopa, pero no por ser una de las artistas más solicitadas vamos a menospreciarla...al contrario. En primer lugar, Aurora nunca tiene un mal día, nunca defrauda. Esta noche, sus alegrías con el sabor auténtico de Cádiz donde la sevillana es muy querida, la soleá y los tientos tangos que nunca faltan, pasan sin novedad. Pero es por bulerías donde se desenvuelve. Con la complicidad del estupendo tocaor Diego Amaya – hay una comunicación artística entre ambos que roza lo telepática – Aurora construye la casa desde el sótano p’arriba, cada vez como si fuera la primera, nada de repeticiones fáciles. Tiene un sentido de cómo aguantar la tensión y el interés del público durante largo tiempo que no se ha visto desde que el mítico Bambino paseaba con sus andares y gestos originales por los mejores escenarios madrileños en la década de los sesenta. Aurora no es una gran cantaora ni una gran bailaora. Es festera carismática, y cuenta entre los cuatro o cinco mejores en activo hoy en día.

Aurora nunca tiene un mal día, nunca defrauda

Miguel Poveda con Chicuelo
José Menese en la ronda de tonás

No sabemos si Miguel Poveda salió escarmentado del festival de La Puebla de Cazalla en julio, donde su más empalagoso cante de ida y vuelta no fue del todo bien recibido. La cosa es que aquí, donde nació el hombre que hizo todo lo posible por desplazar aquel tipo de cante, Poveda se ha comportado con mucha dignidad y respeto. Sigue revolcándose en los melismas susurrados, técnica que domina por completo, pero no ha escatimado con su voz natural y potente – de hecho, parece estar dándose cuenta de la fuerza emotiva de los contrastes. En las malagueñas por ejemplo, paraba la respiración del respetable con hilillos de melodía apenas audibles, terminando por rondeña con voz natural y un decir exento de toda frivolidad. Sus dotes específicas son muy aptas para las cantiñas, y siempre las interpreta con exquisito gusto. Menos acertado por siguiriyas, pero tampoco desdeñable con estilos rigurosamente clásicos. Le tocó su guitarrista habitual, Chicuelo.

Cuando son pasadas las cinco, llega el último cantaor al escenario. Calixto Sánchez, sincero y honesto, sin artisteo ni teatro...camisa blanca, pantalón negro, Manolo Franco a la guitarra, y en cada tercio sentimos el cariño que tiene este hombre por el cante. Si esperas poco, Calixto sorprende con momentos cálidos y profundos sin extravagancia de ninguna clase, lo cual se agradece en esta época de falsas extravagancias. Malagueñas, tientos y una larga serie de cuplé antiguo por bulerías...¿quién ha dicho que Calixto Sánchez no sabe cantar por bulerías? Su compás es fluido y natural, y el fraseo convincente. El público exige bis y el cantaor nos regala fandangos para dar pie a la ronda de tonás con la participación de todos los cantaores que han actuado en solitario.

Redonda quedó la velada. A la salida observo como la edad media de los espectadores ronda los cincuenta para arriba y aprovecho el viaje de regreso a Morón para contemplar la importancia de ese dato.

 

Más información:

Especial Antonio Mairena
Festival de Mairena 2004

 

Calixto Sánchez
Retrato Flamenco

José Menese
DVD: A mis soledades voy...

Aruora VArgas
'Orso Romí'

Miguel Poveda
'Suena Flamenco'

Esperanza Fernández

 

 

 
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