| Cante:
El Charico, Diego Clavel, Miguel Poveda, La Cañeta,
Fosforito
Baile: Pepe Torres y su grupo con Farina,
Moi de Morón y El Gally, cante, y Paco Iglesias y Rafael
Cabeza, guitarra. Pepa Montes con Ricardo Miño y su
grupo.
Guitarra: Emilio Maya, Antonio Carrión,
Chicuelo, Antonio Soto
Texto y fotos: Estela Zatania
Cada vez que se reúne a un grupo de cantaores,
tocaores y bailaores en un determinado lugar para ofrecer
un festival de cante, cada ingrediente, igual que ocurre con
cualquier plato de cocina, existe independientemente el uno
del otro, a la vez que se influyen mutuamente, y el plato
final llega a los sentidos como un conjunto indisoluble. La
trigésimo séptima Reunión de Cante Jondo
de La Puebla de Cazalla celebrada la noche de sábado
9 de julio ya está digerida, y sobre copas y cafés
virtuales podemos reflexionar sobre el resultado.
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Salmonete de
Jerez |
No se puede pasar por alto, aunque lo hemos repetido muchas
veces, el admirable esfuerzo de los organizadores por presentar
un festival que huye de toda ramplonería, goza de una
organización casi perfecta y ofrece un ambiente inmejorable
en todos los sentidos. Aquellos que tanto critican la movida
de los festivales de cante, e incluso abogan por su desaparición
diciendo que carecen de relevancia, no estuvieron presentes
anoche para pisar el romero esparcido por el suelo, ni para
disfrutar del anhelo de superación de las jóvenes
promesas, ni sentir el vello erizado por veteranos que con
más o con menos éxito siguen luchando por entregar
sendos mensajes con toda la urgencia del primer día.
La noche anterior habíamos asistido a la presentación
del festival que misericordiosamente fue poco hablar y mucho
cantar con el jerezano Joaquín Jiménez Domínguez,
“Salmonete”. Ofreció un recital serio y
entregado que nos abrió el apetito para lo que vendría
al día siguiente.
El presentador Juan Ortiz Ordónez abrió la
noche recordando la figura imprescindible de La Puebla, el
cantaor José Menese, uno de los fundadores principales
del festival. Motivos forzosos de salud impedían al
cantaor, por primera vez en estos treinta y seis años,
acudir a tan importante cita.
Como cada año, la noche empezó con un solo
de guitarra, esta vez de Antonio Carrión que tuvo palabras
para Menese y para otro clásico actualmente ingresado:
“dedico este toque por siguiriya al maestro José
Menese, y a ese otro gran maestro que es Antonio Núñez
‘el Chocolate’”. En ese momento la campiña
nos mandó de repente una brisa que secundaba sus palabras,
y la guitarra de Carrión por siguiriya sonó
con más sentimiento que en otras ocasiones recordándonos
que una época se acaba.
La fragilidad de la materia prima
de lo jondo, y la limitada cantera actual
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El niño
Charico |
El festival de La Puebla de este año no ha sido el
típico plato del día con ingredientes habituales.
Jerez sólo ha estado presente en la persona de un joven
granadino que está dando que hablar entre los aficionados.
Victor Blaya “El Niño Charico”, 26 años,
tiene una portentosa voz que recuerda a la de Terremoto padre,
y es el cante de Jerez que le llega y que admira. Se inspira
en las máximas figuras de Santiago y San Miguel, y
con el apoyo de su tocaor paisano, Emilio Maya, logró
entregar bulería por soleá, siguiriya y cabales,
taranta y cartagenera y fandangos dignamente aunque por debajo
de sus sorprendentes posibilidades. A ver si es verdad que
la falta de constancia es señal del genio.
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Diego Clavel
con Antonio Carrión |
Otra gran figura de La Puebla, con una carrera más
discreta pero conocimientos y maestría perfectamente
comparables, es Diego Clavel. Llegó al escenario amparándose
con unas muletas, y nuevamente fue inevitable pensar en la
fragilidad de la materia prima de lo jondo, y en la limitada
cantera actual. “Un recuerdo público para mi
amigo y paisano José Menese” y se metió
por cantiñas con sabor a lo antiguo, a Pastora y a
las Mirris. Clavel es un gran estudioso e incluso ahora, a
punto de cumplir la sesentena, se dedica a la investigación
e interpretación de los cantes más arcaicos
o en peligro de extinción. Con la baza que tanto domina
de interiorizar el grito, dejando las voces para momentos
puntuales, empezó por malagueñas, estilos poco
habituales que identificó como las de la Chilanga y
de Joaquín el Tabaco, terminando con cante abandolao.
“Vamos a cantar por soleá de Alcalá”
y con la guitarra maestra de Antonio Carrión, así
fue, seguida de siguiriyas con su emblemático cambio
de Manuel Molina que terminó la actuación.
Aires de divo y ganas aparentes
de conquistar a su manera
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Miguel Poveda
con Chicuelo |
A continuación, el ingrediente más exótico,
arriesgado y polémico del cartel. Hace tan solo dos
años, en este mismo festival, Miguel Poveda estaba
sentado en primera fila como un espectador más, y al
comentar su presencia con amigos y conocidos, descubrí
que el cantaor de Badalona era desconocido por estos lares.
Esta noche llegaba con aires de divo y ganas aparentes de
conquistar a su manera. Tomemos nota de donde estamos: el
festival de cante de La Puebla de Cazalla, creación
de José Menese y Francisco Moreno Galván, representantes
de una movida casi obsesiva que todavía marca la pauta
del festival, que pretendía enseñar a las masas,
o al menos a los de este pueblo, a valorar el cante más
clásico y tradicional, y a rechazar el llamado “cante
bonito” que nos había traído el Niño
de Marchena y séquito y que había dominado durante
décadas. Entonces fue poco acertada, sorprendente inclusive,
la larga milonga que Poveda empleó para abrir. El aire
de la campiña de Andalucía profunda se llenó
con los dulces arabescos de “Rosa cautiva” de
León, Quiroga y Quintero popularizada por Juan Valderrama,
y de repente era mil novecientos cincuenta. Incluso teniendo
en cuenta que la figura de Pepe Marchena es recordada con
mucho respeto y cariño por estos pueblos de la comarca
– Carmona, Estepa, Morón, El Arahal, Pruna, Coronil,
Marchena por supuesto – fue una curiosa tarjeta de presentación
que provocó cierta sensación de vergüenza
ajena en una porción del público, aunque algunas
personas mayores jaleaban efusivamente al catalán,
todo hay que decirlo.
“¡Canta un poquito por soleá y por siguiriya!”
gritó uno, pero Poveda optó por cantiñas,
otra vez con sonido marchenero, algo que hace francamente
bien. Si no fuera por el toque dinámico y flamenquísimo
de Juan Gómez “Chicuelo”, esto era una
máquina del tiempo. “¡Qué voz tan
bonita, hijo!” grita una señora mayor. Malagueña
con rondeña final, y para que el patio se calme, martinete
y siguiriya, pero es totalmente indoloro. Sus bulerías
pudieron haber hecho las paces – Poveda sabe cantar
los cantes básicos sin concesiones. No obstante eligió
un cuplé en tono menor, y nos metió un producto
pulido, perfecto y finalmente, de poco alimento.
Un diálogo de compás
y flamencura donde todos nos quedamos suspendidos: cualquiera
se atreve a apartar la vista
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Pepe Torres |
El siguiente plato fue baile, del pueblo vecino de Morón
de la Frontera. Pepe Torres, de la familia de Diego del Gastor,
componente de la formación Son de la Frontera, vino
con su grupo a demostrar una línea varonil y aplastantemente
elegante, sin melenas ni ropas extravagantes. Discretas maneras
de la escuela de los Farrucos, esa fuente inagotable, pellizcos
creíbles y bien ejecutados y mucho compás para
dejar al público en pie.
Después del descanso, el solo de guitarra por taranto
de Antonio Soto, y de repente el escenario se llena de la
personalidad extravagante de la más auténtica
y veterana festera del panorama actual: María Teresa
Sánchez Campos “La Cañeta de Málaga”.
Viene floridísima, de rojo y blanco, pelirroja despampanante
que trabaja el público con toda la pericia que corresponde
a una profesional con más de medio siglo de currículum.
“Voy a cantar los tangos de mi mare La Pirula”,
pero había más Cañeta que Pirula, y todo
es fresco, vivo y muy flamenco. Unas alegrías bailadas
sirven de descanso para la artista que luego se mete por bulerías.
Se ha hartado del micro y trabaja desde el borde de la pista
con frecuentes pinceladas de baile y arte en cada movimiento,
contestando el prodigioso pulgar de Soto con sus propios pellizcos
en un diálogo de compás y flamencura donde todos
nos quedamos suspendidos: cualquiera se atreve a apartar la
vista.
El maestro no cantó, sino
dijo misa por los cantes que han marcado su carrera
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La Cañeta
de Málaga |
Pocas personalidades hubieran podido rellenar el hueco dejado
por la ausencia de José Menese en La Puebla. El que
vino a hacerlo, lo logró ampliamente sin poder cantar
apenas. Así de grande es la personalidad de Antonio
Fernández Díaz “Fosforito”, actual
candidato a la Llave de Oro del Cante. Dejando el Congreso
de Guitarra en Córdoba para acudir a La Puebla a petición
del alcalde, el maestro no cantó, sino dijo misa por
los cantes que han marcado su carrera: soleá apolá,
cantiñas, taranto y petenera. Hoy en día pocos
cantaores de cierta edad evitan mostrar reminiscencias del
maestro Fosforito precisamente en estos palos porque en los
años sesenta y setenta, lo mismo que Antonio Mairena
nos guió por los complicados terrenos de la soleá,
la siguiriya y las tonás, este hombre era fuente indiscutible
para casi todo lo demás. Con sus conocimientos, su
mesita para hacer compás, su dignidad, un sentido del
humor y unas ganas extraordinarias de transmitir su cante,
logró ganar a un público que no era precisamente
el suyo. Las cuerdas vocales ya no responden, pero nosotros
que recordamos sus días gloriosos cuando era el rey
de los festivales pudimos rellenar las notas que no le salían
por la boca. El respeto y el auténtico cariño
del público fue palpable: el último verso por
taranto erizó vello y sacó alguna lágrima:
“Porque no puedo más, la fuerza me está
faltando, ni siquiera este taranto, voy a poder terminarlo,
con eso ya estoy llorando”. Bulerías para terminar,
y el compás fue todo lo que le hizo falta a Fosforito
para recordar un repertorio clásico que todavía
suena dentro del recuerdo colectivo con aquella voz joven
y potente de hace años.

El maestro Fosforito con Antonio Soto
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Pepa Montes |
La noche pudo y debió terminar allí, pero
todavía había más baile con Pepa Montes,
y la guitarra de su esposo Ricardo Miño. Se presentaron
con un grupo discreto para una actuación que aportó
poco. En esta noche de “querer y no poder”, la
Montes salió quizás la peor parada con un baile,
no clásico sino pasadito y anticuado, basado en pies
y siguiendo esquemas cansados. El veterano cantaor Paco Taranto
parecía aburrido con su propio cante, y el detalle
más atractivo fue el vestido de terciopelo rojo que
lucía la bailaora.
En La Puebla de Cazalla nunca falta el fin de fiesta. Carrión
cantó, Miño bailó y todo el mundo su
pincelá excepto Clavel que en solitario se encargó
de cerrar el festival por tonás a las cinco de la mañana.
Texto y Fotos: Estela
Zatania
Mas información:
XXXIII
Reunión de Cante Jondo - 2001
XXXIV
Reunión de Cante Jondo - 2002
XXXV
Reunión de Cante Jondo - 2003
XXXVI
Reunión de Cante Jondo - 2004
Entrevista
a José Menese
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Diego Clavel
'Por los rincones de Huelva'
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