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18 de marzo de 2010
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XXXVII Reunión de cante jondo de La Puebla de Cazalla

Sábado, 9 de julio, 2005, 23.00h.
Patio de La Fuenlonguilla,
La Puebla de Cazalla (Sevilla)
 

Cante: El Charico, Diego Clavel, Miguel Poveda, La Cañeta, Fosforito
Baile: Pepe Torres y su grupo con Farina, Moi de Morón y El Gally, cante, y Paco Iglesias y Rafael Cabeza, guitarra. Pepa Montes con Ricardo Miño y su grupo.
Guitarra: Emilio Maya, Antonio Carrión, Chicuelo, Antonio Soto

Texto y fotos: Estela Zatania

Cada vez que se reúne a un grupo de cantaores, tocaores y bailaores en un determinado lugar para ofrecer un festival de cante, cada ingrediente, igual que ocurre con cualquier plato de cocina, existe independientemente el uno del otro, a la vez que se influyen mutuamente, y el plato final llega a los sentidos como un conjunto indisoluble. La trigésimo séptima Reunión de Cante Jondo de La Puebla de Cazalla celebrada la noche de sábado 9 de julio ya está digerida, y sobre copas y cafés virtuales podemos reflexionar sobre el resultado.

Salmonete de Jerez

No se puede pasar por alto, aunque lo hemos repetido muchas veces, el admirable esfuerzo de los organizadores por presentar un festival que huye de toda ramplonería, goza de una organización casi perfecta y ofrece un ambiente inmejorable en todos los sentidos. Aquellos que tanto critican la movida de los festivales de cante, e incluso abogan por su desaparición diciendo que carecen de relevancia, no estuvieron presentes anoche para pisar el romero esparcido por el suelo, ni para disfrutar del anhelo de superación de las jóvenes promesas, ni sentir el vello erizado por veteranos que con más o con menos éxito siguen luchando por entregar sendos mensajes con toda la urgencia del primer día.

La noche anterior habíamos asistido a la presentación del festival que misericordiosamente fue poco hablar y mucho cantar con el jerezano Joaquín Jiménez Domínguez, “Salmonete”. Ofreció un recital serio y entregado que nos abrió el apetito para lo que vendría al día siguiente.

 

El presentador Juan Ortiz Ordónez abrió la noche recordando la figura imprescindible de La Puebla, el cantaor José Menese, uno de los fundadores principales del festival. Motivos forzosos de salud impedían al cantaor, por primera vez en estos treinta y seis años, acudir a tan importante cita.

Como cada año, la noche empezó con un solo de guitarra, esta vez de Antonio Carrión que tuvo palabras para Menese y para otro clásico actualmente ingresado: “dedico este toque por siguiriya al maestro José Menese, y a ese otro gran maestro que es Antonio Núñez ‘el Chocolate’”. En ese momento la campiña nos mandó de repente una brisa que secundaba sus palabras, y la guitarra de Carrión por siguiriya sonó con más sentimiento que en otras ocasiones recordándonos que una época se acaba.

La fragilidad de la materia prima de lo jondo, y la limitada cantera actual

El niño Charico

El festival de La Puebla de este año no ha sido el típico plato del día con ingredientes habituales. Jerez sólo ha estado presente en la persona de un joven granadino que está dando que hablar entre los aficionados. Victor Blaya “El Niño Charico”, 26 años, tiene una portentosa voz que recuerda a la de Terremoto padre, y es el cante de Jerez que le llega y que admira. Se inspira en las máximas figuras de Santiago y San Miguel, y con el apoyo de su tocaor paisano, Emilio Maya, logró entregar bulería por soleá, siguiriya y cabales, taranta y cartagenera y fandangos dignamente aunque por debajo de sus sorprendentes posibilidades. A ver si es verdad que la falta de constancia es señal del genio.

 

 

 

 

Diego Clavel con Antonio Carrión

Otra gran figura de La Puebla, con una carrera más discreta pero conocimientos y maestría perfectamente comparables, es Diego Clavel. Llegó al escenario amparándose con unas muletas, y nuevamente fue inevitable pensar en la fragilidad de la materia prima de lo jondo, y en la limitada cantera actual. “Un recuerdo público para mi amigo y paisano José Menese” y se metió por cantiñas con sabor a lo antiguo, a Pastora y a las Mirris. Clavel es un gran estudioso e incluso ahora, a punto de cumplir la sesentena, se dedica a la investigación e interpretación de los cantes más arcaicos o en peligro de extinción. Con la baza que tanto domina de interiorizar el grito, dejando las voces para momentos puntuales, empezó por malagueñas, estilos poco habituales que identificó como las de la Chilanga y de Joaquín el Tabaco, terminando con cante abandolao. “Vamos a cantar por soleá de Alcalá” y con la guitarra maestra de Antonio Carrión, así fue, seguida de siguiriyas con su emblemático cambio de Manuel Molina que terminó la actuación.

 

Aires de divo y ganas aparentes de conquistar a su manera

Miguel Poveda con Chicuelo

A continuación, el ingrediente más exótico, arriesgado y polémico del cartel. Hace tan solo dos años, en este mismo festival, Miguel Poveda estaba sentado en primera fila como un espectador más, y al comentar su presencia con amigos y conocidos, descubrí que el cantaor de Badalona era desconocido por estos lares. Esta noche llegaba con aires de divo y ganas aparentes de conquistar a su manera. Tomemos nota de donde estamos: el festival de cante de La Puebla de Cazalla, creación de José Menese y Francisco Moreno Galván, representantes de una movida casi obsesiva que todavía marca la pauta del festival, que pretendía enseñar a las masas, o al menos a los de este pueblo, a valorar el cante más clásico y tradicional, y a rechazar el llamado “cante bonito” que nos había traído el Niño de Marchena y séquito y que había dominado durante décadas. Entonces fue poco acertada, sorprendente inclusive, la larga milonga que Poveda empleó para abrir. El aire de la campiña de Andalucía profunda se llenó con los dulces arabescos de “Rosa cautiva” de León, Quiroga y Quintero popularizada por Juan Valderrama, y de repente era mil novecientos cincuenta. Incluso teniendo en cuenta que la figura de Pepe Marchena es recordada con mucho respeto y cariño por estos pueblos de la comarca – Carmona, Estepa, Morón, El Arahal, Pruna, Coronil, Marchena por supuesto – fue una curiosa tarjeta de presentación que provocó cierta sensación de vergüenza ajena en una porción del público, aunque algunas personas mayores jaleaban efusivamente al catalán, todo hay que decirlo.

“¡Canta un poquito por soleá y por siguiriya!” gritó uno, pero Poveda optó por cantiñas, otra vez con sonido marchenero, algo que hace francamente bien. Si no fuera por el toque dinámico y flamenquísimo de Juan Gómez “Chicuelo”, esto era una máquina del tiempo. “¡Qué voz tan bonita, hijo!” grita una señora mayor. Malagueña con rondeña final, y para que el patio se calme, martinete y siguiriya, pero es totalmente indoloro. Sus bulerías pudieron haber hecho las paces – Poveda sabe cantar los cantes básicos sin concesiones. No obstante eligió un cuplé en tono menor, y nos metió un producto pulido, perfecto y finalmente, de poco alimento.

Un diálogo de compás y flamencura donde todos nos quedamos suspendidos: cualquiera se atreve a apartar la vista

Pepe Torres

El siguiente plato fue baile, del pueblo vecino de Morón de la Frontera. Pepe Torres, de la familia de Diego del Gastor, componente de la formación Son de la Frontera, vino con su grupo a demostrar una línea varonil y aplastantemente elegante, sin melenas ni ropas extravagantes. Discretas maneras de la escuela de los Farrucos, esa fuente inagotable, pellizcos creíbles y bien ejecutados y mucho compás para dejar al público en pie.

Después del descanso, el solo de guitarra por taranto de Antonio Soto, y de repente el escenario se llena de la personalidad extravagante de la más auténtica y veterana festera del panorama actual: María Teresa Sánchez Campos “La Cañeta de Málaga”. Viene floridísima, de rojo y blanco, pelirroja despampanante que trabaja el público con toda la pericia que corresponde a una profesional con más de medio siglo de currículum. “Voy a cantar los tangos de mi mare La Pirula”, pero había más Cañeta que Pirula, y todo es fresco, vivo y muy flamenco. Unas alegrías bailadas sirven de descanso para la artista que luego se mete por bulerías. Se ha hartado del micro y trabaja desde el borde de la pista con frecuentes pinceladas de baile y arte en cada movimiento, contestando el prodigioso pulgar de Soto con sus propios pellizcos en un diálogo de compás y flamencura donde todos nos quedamos suspendidos: cualquiera se atreve a apartar la vista.

El maestro no cantó, sino dijo misa por los cantes que han marcado su carrera

La Cañeta de Málaga

Pocas personalidades hubieran podido rellenar el hueco dejado por la ausencia de José Menese en La Puebla. El que vino a hacerlo, lo logró ampliamente sin poder cantar apenas. Así de grande es la personalidad de Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, actual candidato a la Llave de Oro del Cante. Dejando el Congreso de Guitarra en Córdoba para acudir a La Puebla a petición del alcalde, el maestro no cantó, sino dijo misa por los cantes que han marcado su carrera: soleá apolá, cantiñas, taranto y petenera. Hoy en día pocos cantaores de cierta edad evitan mostrar reminiscencias del maestro Fosforito precisamente en estos palos porque en los años sesenta y setenta, lo mismo que Antonio Mairena nos guió por los complicados terrenos de la soleá, la siguiriya y las tonás, este hombre era fuente indiscutible para casi todo lo demás. Con sus conocimientos, su mesita para hacer compás, su dignidad, un sentido del humor y unas ganas extraordinarias de transmitir su cante, logró ganar a un público que no era precisamente el suyo. Las cuerdas vocales ya no responden, pero nosotros que recordamos sus días gloriosos cuando era el rey de los festivales pudimos rellenar las notas que no le salían por la boca. El respeto y el auténtico cariño del público fue palpable: el último verso por taranto erizó vello y sacó alguna lágrima: “Porque no puedo más, la fuerza me está faltando, ni siquiera este taranto, voy a poder terminarlo, con eso ya estoy llorando”. Bulerías para terminar, y el compás fue todo lo que le hizo falta a Fosforito para recordar un repertorio clásico que todavía suena dentro del recuerdo colectivo con aquella voz joven y potente de hace años.


El maestro Fosforito con Antonio Soto



Pepa Montes

La noche pudo y debió terminar allí, pero todavía había más baile con Pepa Montes, y la guitarra de su esposo Ricardo Miño. Se presentaron con un grupo discreto para una actuación que aportó poco. En esta noche de “querer y no poder”, la Montes salió quizás la peor parada con un baile, no clásico sino pasadito y anticuado, basado en pies y siguiendo esquemas cansados. El veterano cantaor Paco Taranto parecía aburrido con su propio cante, y el detalle más atractivo fue el vestido de terciopelo rojo que lucía la bailaora.

En La Puebla de Cazalla nunca falta el fin de fiesta. Carrión cantó, Miño bailó y todo el mundo su pincelá excepto Clavel que en solitario se encargó de cerrar el festival por tonás a las cinco de la mañana.

 

Texto y Fotos: Estela Zatania

Mas información:

XXXIII Reunión de Cante Jondo - 2001

XXXIV Reunión de Cante Jondo - 2002

XXXV Reunión de Cante Jondo - 2003

XXXVI Reunión de Cante Jondo - 2004

Entrevista a José Menese

Zaguan - Miguel Poveda

Diego Clavel
'Por los rincones de Huelva'

Fosforito

 

 

 
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