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6 de enero de 2009
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IX FESTIVAL DE JEREZ 2005.

Eva Yerbabuena Ballet Flamenco
“A cuatro voces”

Viernes, 4 de marzo, 2005. 2100h. Teatro Villamarta, Jerez

Toda la información del Festival de Jerez, reseñas

Baile: Eva Yerbabuena, Mercedes de Córdoba, María Moreno, Sonia Poveda, Asunción Pérez Choni, Luis Miguel González, Juan Manuel Zurano, Eduardo Guerrero, Amador Rojas, Alejandro Rodríguez. Cante: Enrique Soto, Rafael de Utrera, Pepe de Pura, Jeromo Segura. Guitarra: Paco Jarana, Manuel de la Luz. Saxo-flauta: Ignacio Vidaechea. Percusión: Antonio Coronel. Coreografía: Eva Yerbabuena. Música: Paco Jarana. Letras: Horatius García.

Texto y foto: Estela Zatania

El octavo día del Festival de Jerez en la Sala la Compañía, y dentro del ciclo “Los novísimos” dedicado a los jóvenes bailaores, el gaditano Juan Ogalla, que fue pareja de Cristina Hoyos desde 1993 hasta el 2000, presentó su espectáculo con el acompañamiento de guitarra de Pedro Sierra, y el excelente trío de cantaores que se compone de Pepe de Pura, David Lagos y Luis Moneo. Su línea clásica y coreografía en actualizada es una oferta interesante, pero como otras presentaciones en la Sala la Compañía, el programa contenía largos sólos instrumentales y de cante que provocaron la impaciencia del público.

El paisaje inquietante y adusto de Eva Yerbabuena

Llegas al Teatro Villamarta veinte minutos antes de la hora citada para “A cuatro voces” del grupo de Eva Yerbabuena, y cuando te estás acomodando te das cuenta de que ya hay tres bailarines actores en el escenario realizando una pantomima a cámara lenta de actividades cotidianas: uno se está quedando dormido en una silla con una copia de la Biblia en las manos, otro está sentado en el borde de la pista con las piernas colgando, otro dobla papeles y desde los laterales vienen rodando lentamente naranjas por el suelo cada cuatro o cinco minutos. Tienes la impresión de que los tres llevan horas con su ballet particular, la danza de la vida si quieres. De cuando en cuando una voz en off dice frases poéticas disfrazadas de las típicas advertencias de la casa de apagar móviles o abstenerse de realizar fotografías. La ambientación espiritual no es desagradable cuando acabas de bajar corriendo de un taxi y todavía sientes la aceleración de la vida moderna, y las últimas palabras, “la vida como la veo yo”, nos invitan a entrar en el mundo de Eva Yerbabuena.

Este espectáculo de la bailaora que vimos en la última Bienal de Flamenco de Sevilla está cargado de simbolismo, algunas veces más eficaz que otras, y las “cuatro voces” aludidas en el título son las de los poetas Miguel Hernández, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca y Blas de Otero de cuyas obras proceden las letras. Mucha carga intelectual quizás para los que sólo queremos ver bailar a Yerbabuena por si alcanza aquellos momentos gloriosos que a veces se presentan en su baile y hacen que todo lo demás haya servido de relleno.

Serrana, siguiriya, fandangos, soleá por bulería, tientos tangos, nana, soleá... Como viene siendo la moda, el programa promete mucho flamenco, pero la marcada escasez de cante – cuatro cantaores de etiqueta, pero poco cante – hace que quede más cercano al ámbito del baile contemporaneo internacional que el del flamenco, aunque hay unos minutos de mucha calidad y bastantes elementos teatrales acertados. La estética debe mucho a la escuela metafísica de pintura de Magritte o de Chirico: Eva de camisón blanco sentada bajo un foco cenital acariciando unos zapatos de hombre, mujeres que parecen curas de otra galaxia, hojas que caen, una maroma negra con nudos que el cantaor Rafael de Utrera, descalzo, manipula como si rezara el rosario, el cantaor Pepe de Pura (haciendo doblete esta noche) cantando de rodillas, individuos que deambulan lentamente por el escenario aparentemente ajenos a la acción central. La vida como la ve Eva Yerbabuena, y es un paisaje inquietante y adusto – hasta la bulería que baila la señora al estilo Farruquito y que sería la envidia de muchos varones, comunica más desesperación que fiesta. ¿Y qué hace ese enorme perro disecado descansando en el fondo del escenario?

La música de Paco Jarana es muy bella y algunos detalles originales, especialmente por soleá, son geniales. Eva encuentra su duende personal brevemente en algunos momentos, pero la falta de espontaneidad – no hay ni un pestañazo que no tenga su respuesta musical – llega a cansar. En planeta Yerbabuena todo está bajo control pero hay poca diversión.

Un cambio importante comparado con la versión de esta obra que vimos en la Bienal es que ahora Eva baila la soleá final en lugar de quedarse inmóvil mirando hacia el público. La voz en off es la misma, terminando con “este es mi sitio y no lo cambio por ninguno” y ahora sí, parece explicar la imperiosa necesidad de Eva Yerbabuena de comuncarnos su visión a través del baile.

Otra faceta imprescindible del flamenco que lo identifica como un arte inconfundiblemente andaluz

Poco después en la bodega de Los Apóstoles, Chano Lobato, Matilde Coral y José Luis Ortiz Nuevo con la ayudita de Rafael el Negro, veterano bailaor y marido de ésta, dieron un giro de 180 grados a los acontecimientos anteriores en el Villamarta. Aquí reinaba la espontaneidad y la picardía, y si Chano contaba las mismas anécdotas de siempre, nos hemos reído tan agradecidos como en otras ocasiones, y las ocurrencias y bailecitos de Matilde nos hicieron recordar esta otra faceta imprescindible del flamenco que lo identifica como un arte inconfundiblemente andaluz.

 
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