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IX Festival de Jerez 2005.

Ballet Nacional de España “El loco”

Viernes, 25 de febrero, 2005. 2100h.
Teatro Villamarta, Jerez.

Toda la información del Festival de Jerez, reseñas

Bailarines principales: Christián Lozano, Úrsula López, Elena Algado, Miguel A. Corbacho. Primeros bailarines: Esther Jurado, Óscar Jiménez, Francisco J. Velasco. Solistas: Cristina Gómez, Tamara López, Penélope Sánchez, Mariano, Berna, Jesús Córdoba, Alberto Ferrero, Jesús Florencio, Sergio García. Bailarín invitado: Primitivo Daza. Cante: Isabel Soto, Manuel Palacín, Jesús Soto “El Almendro”. Guitarra: Enrique Bermúdez, Jonathan Bermúdez, David Cerreduela “Caracolillo”. Percusión: Sergio Martínez. Saxo y flauta: Pedro Ontiveros. Pianistas: Juan Álvarez, Juan José Sánchez. Director: José Antonio. Maestro de flamenco y asistente de dirección: Fernando Romero. Coreografía: Javier Latorre. Coordinador musical: Mauricio Sotelo.

Texto: Estela Zatania

El primer día del noveno Festival de Jerez tuvo un comienzo digno con una obra bien elaborada del Ballet Nacional de España. Bajo la dirección del veterano José Antonio, con la coreografía de Javier Latorre, el trasfondo musical de Manuel de Falla y un reparto más numeroso que el de un largometraje de DeMille, se cuentan escenas de la vida del bailaor sevillano Félix Fernández García (1893-1941) que terminó sus días en un manicomio inglés a raíz de una experiencia decepcionante en Londres con el maestro Diaghilev y el ballet ruso.

Son datos que leemos en el programa de mano, pero lo que ve el espectador es el clásico retrato de un artista inadaptado e inestable buscando su lugar en una sociedad que no tolera la creatividad. En cuatro escenas tituladas respectivamente “En el santuario de Epson”, “Aires de burlerías”, “En el café cantante”, “Les Ballets Russes” y “En la iglesia de Saint Martín”, la obra pone música y movimiento a la terrible afirmación del cineasta Stanley Kubrick: “la individualidad es como un monstruo que debe ser estrangulado en la cuna para que los que te rodean se sientan cómodos”.

 
“El loco” ansía ser novedoso con algunos momentos de baile contemporáneo que no producen más que un bostezo a estas alturas, pero al final recurre a una fórmula que alterna el baile español semiclásico con el baile flamenco. Una fórmula que funcionó para Argentinita, para Pilar López, para Carmen Amaya, Antonio Ruiz, José Greco y tantos otros, llegando a configurar durante décadas el modelo del “ballet español”, y que aquí también funciona gracias en gran medida a una producción exquisitamente esmerada. Bailarines preparadísimos sin que ninguno destaque como figura, músicos competentes para la tarea, iluminación, escenografía y especialmente un vestuario de primera que no sólo representa los figurines de Picasso para una de las escenas, sino que pinta cada momento de color como el pintor sus cuadros, cosa que se agradece sobremanera en esta época de tanto negro en las obras flamencas.

 

 


Foto: balletnacional.mcu.es

La obra pone música y movimiento a la terrible afirmación del cineasta Stanley Kubrick: “la individualidad es como un monstruo que debe ser estrangulado en la cuna para que los que te rodean se sientan cómodos”.

La coreografía de Latorre puede ser su mejor trabajo hasta la fecha, y el producto global se podría describir como un maridaje de “Alguien voló sobre el nido del cuco” y “La guerra de las galaxias”, porque algunos detalles escenográficos, del vestuario e incluso musicales son de ciencia ficción, con algún toque del “Expreso de medianoche”. Cante, hay poco, pero cuando por fin arranca una voz humana en la escena del café cantante, y no se trata, ni muchísimo menos de ninguna figura del cante, es una ráfaga de calor y flamenquería al que el público reacciona al instante. Cómo se nota que el cante es el corazón y el alma del flamenco – ignoramos cómo algunos bailaores optan por obviarlo, y con qué fin. De hecho, unas alegrías bailadas “al completo” con su silencio, castellana y escobilla por una bailaora no identificada en el programa, es el número más redondo y mejor recibido de la obra. ¿Serán los ciento cincuenta años que lleva coreografiándose por los grandes maestros del baile? Una farruca cantada, y otra sin cante, pinceladas de garrotín, una especie de vals abuleriyado y una siguiriya son algunos destellos que rompen la relativa monotonía de una música tipo "fluido de conciencia". Destacable entre la muchedumbre de bailarines es Tamara López que tiene una capacidad extraordinaria para moverse a cámara lenta captando sutilezas que pasan desapercibidas en el baile a tiempo real, y digno de mención es la jota bailada con zapatos de tacón y por fiesta, y una interpretación de “La danza de la molinera” que sirve para actualizar un baile que Antonio el bailarín puso de moda en su día.

Al final llegan cuatro ‘matones’ para envolverle al ‘loco’ en un largo trozo de tela blanca que hace las veces de camisa de fuerza (por si alguien no hubiera leído el programa), y la impactante imagen de bailarinas con medias blancas sobre sus cabezas completa el ambiente surrealista de una obra que resulta eficaz y entretenida “a pesar” del generoso presupuesto que la respalda.

Destilación y asimilación de un sentir jerezano

A las doce de la noche en la bodega de los Apóstoles de González Byass, Gerardo Núñez, el gran maestro actual de la guitarra, ofreció su recital “Andando el tiempo” con el habitual apoyo del contrabajo de Pablo Martín y la percusión de Cepillo. En el privilegiado ambiente pudimos apreciar el empleo de contrastes de voz de la guitarra de los que Gerardo es maestro absoluto. Sus composiciones son la destilación y asimilación de un sentir jerezano, aunque a ratos molesta su manipulación del compás que flota por encima de la superficie justamente fuera del alcance del aficionado de a pie. No obstante no sería exagerado decir que este guitarrista es el siguiente escalón después de Paco de Lucía porque amplía exponencialmente la musicalidad del flamenco, casi siempre (no siempre), conservando su flamencura.

Gerardo Núñez
'Andando el tiempo'

 

 

 

 
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