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6 de enero de 2009
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Farruquito. “Alma vieja”

Teatro Villamarta,
Jerez de la Frontera.
Jueves, 4 de marzo, 2004. 21.00h

Baile: Juan Manuel Fernández ‘Farruquito’, Antonio Fernández ‘Farruco’, Pilar Montoya ‘La Faraona’, Juan Montoya ‘Barullo’, Antonio Moreno ‘Polito’, Adela Campallo, Keren Jacobi ‘La Hachara’. Cante: Montse Cortés, Encarna Anillo, José Valencia, El Canastero, Antonio Zúñiga. Guitarra: Román Vicenti, El Perla. Artista Invitado: Manuel Molina


Y el séptimo día descansamos. El jueves no había más actuación que la del Villamarta, pero la magnitud del personaje que la encabezaba hizo que la jornada fuera la más esperada del festival.

Yendo por partes… En la rueda de prensa fue presentada la obra Inmigración y el autor del guión, Fernando González-Caballos explicó que es una obra dirigida a los extranjeros que sueñan con abrirse camino en el flamenco, destacando que el mismo Miguel Poveda, el cantaor catalán que comparte cartel con Inmigración, es un inmigrante. El productor José Carlos Lérida comentó el compromiso cultural y la necesidad de no caer en la frivolidad, añadiendo que prácticamente había trabajado “por el amor al arte”.

Farruquito es el plato fuerte de Festival de Jerez. Desde que el niño prodigio se convirtió en artista adulto y hecho, ha ido por el mundo sorprendiendo a públicos extranjeros y nacionales con su dinámico baile original a la vez que rigurosamente tradicional. Manuel Molina abre la presentación relatando en términos poéticos la saga familiar de los Farrucos y canta un verso que años atrás cantaba la familia Montoya: “Vamos a bailar como los gitanos, con luz y color”, y nunca mejor dicho.

El grupo está caliente caliente. ¿Quién ha dicho que el fandango de Huelva no es un baile gitano? Con Farruquito y los suyos, este palo normalmente inofensivo se convierte en arma mortal, sirviendo de presentación sin escatimar energías. El público enloquece con la salida de los distintos miembros de la familia y se preguntan mutuamente cuál es cuál, jaleando y aplaudiendo con un hambre insaciable de ver bailar a estos asombrosos jóvenes.

La obra ha crecido y madurado mucho desde su estreno en Mont-de-Marsan el pasado junio. Manuel Molina tiene más protagonismo, las dos bailaoras menos, y ambos cambios son positivos para el efecto global. La farruca que toca Román Vicenti con afinación alterada suena espléndida pero este baile de Farruquito es quizás el punto flaco de la obra, seguramente porque depende más de movimientos teatrales que del compás que domina el bailaor con tanta autoridad, y un traje extravagante de terciopelo rojo puede ser el motivo de que un comentarista londinense escribiera que Farruquito es el equivalente español de Michael Jackson.

Esto no es ver bailar ¡Esto es alimentarse!
Nos estamos engordando con cada instante

Pero igual que pasa con todos los grandes artistas, Farruquito nos hace cómplices, no nos cansamos de esperar sus momentos geniales y perdonamos absolutamente todo. La calidad del baile del hermano Farruco sigue en aumento, y mis vecinos de butaca comentan que ha superado a Farruquito, pero no. El nivel de entereza y madurez de éste, su presencia y su disposición a arriesgarse, son cualidades todavía por ser alcanzadas en el hermano menor.

Comentamos entre los periodistas la dificultad de encontrar palabras para describir lo indescriptible de este joven estrella y su familia, mas cuando se nos acabaron los adjetivos para el caso, ya hace mucho. Los aplausos rítmicos no se guardan para el final sino que surgen en cualquier instante de un público culturalmente diverso y totalmente embelesado.

En la siguiriya, un detalle sobrecogedor que levanta el vello colectivo e incluso inspira alguna lágrima. Una persona corpulenta, posiblemente La Faraona vestida de traje, con sombrero que le tapa la cara, pañuelo al cuello y vara en mano, cruza despacio el fondo del escenario mientras que Farruquito y los demás derrochan energía bailaora. ¡Farruco el viejo! Se detiene por un breve instante y sigue su camino. Lo que pudo haber resultado una absurda artimaña, da el toque perfecto y reitera el mensaje de la obra: la continuidad.

Esto no es ver bailar ¡Esto es alimentarse! Nos estamos engordando con cada instante, pero como pasa con cualquier droga potente, en lugar de saciarnos, queremos más y más. Manuel Molina pone el colofón, sigue el fin de fiesta, sale el más pequeño a bailar, Joselito Valencia canta pa’ reventar, nos falta aliento y no queremos que acabe nunca.

 

Volviendo al aburrido mundo sin compás que me esperaba a la salida del teatro, me pregunto: si el flamenco más tradicional, sin cajón ni dumbek ni desnudos ni coros ni extravagancias de ninguna clase es capaz de alcanzar estas cotas ¿porqué no somos más exigentes? ¿Porqué nos conformamos con lo bonito sin más, cuando este arte, que es más grande que cualquier artista que lo practica, lleva esta increíble, inagotable dinámica intrínseca y perfecta?

 

Texto : Estela Zatania

Programación Teatro Villamarta
De Peña en Peña: Trasnoches, De Peñas, Peña de Guardia
Otros ciclos de espectáculos (Gloria Pura, Bordón y cuenta nueva, De la Frontera, Café Cantante, Sólos en Compañía)
Actividades complementarias
Área Formativa y Talleres

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