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VAMOS A ACORDARNOS…
Rubén Gutiérrez
Baile: Hiniesta Cortés.Cante: David Sánchez “El Galli”, Moi de Morón. Guitarra: Rafael Rodríguez, Miguelito López.
Dícese de la expresión con la que los artistas flamencos jalean a un intérprete cuando realiza cantes antiguos de profunda solera. Con el permiso del sector más ortodoxo del cante, déjenme que defina de esta manera el montaje que presentó anoche la sevillana Hiniesta Cortés en la Sala Joaquín Turina.
Seguramente que este espectáculo no sea el mejor que haya visto en mi vida, y seguro que los veré mejores, pero Hiniesta nos ofreció una serie de elementos que cada día están más en desuso en este arte llamado flamenco. Inicia la velada con bulerías cortas de Jerez, y el baile hace honor al nombre del estilo. Tanto tiempo llevábamos solicitándolo desde esta tribuna, que no lo creíamos.
Las guajiras vendrían a continuación. Para esta ocasión sale a la escena con un abanico, otra rara avis en peligro de extinción en el mundo del flamenco. No existen elementos más castizos y más españoles que el abanico o las castañuelas, y cada vez nos acordamos menos de ellos. El baile fue sosegado, gustándose, aunque no terminó de sacarle todo el sabor habanero.
No existen elementos más castizos y más españoles que el abanico
o las castañuelas… con mantón incluido, y una bella bata de cola
Otro logro fue interpretar una rondeñas. Pocas son las ocasiones que tenemos el gusto de contemplarlas. En la misma se nota el trabajo del cuerpo heredado de una de sus maestras, Cristina Hoyos. Seguidamente el atrás se echa para adelante para cantar por trilla, que derivan en tonás y posteriormente en seguiriyas para que Hiniesta las baile. En esta ocasión “ElGalli” sí estuvo fino, y Moi de Morón nos emocionó con su capacidad interpretativa, no solo de son viven en la frontera. Debemos destacar de este estilo que fue ejecutado despacito y a compás, porque hoy en día los jóvenes que se adentran en este difícil arte podrían figurar en una película de Bruce Lee con tantos saltos y patadas.
El cierre lo pondrían las alegrías, con mantón incluido, y una bella bata de cola del color de la espuma de las olas que van a morir a la Caleta. Hiniesta parece recuperada de sus mil y una lesiones, mete más los pies, pero sus brazos y hombros hacen un buen trabajo. Lástima que faltase pellizco durante toda la noche.
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