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6 de enero de 2009
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XLV Festival Internacional del Cante de las Minas

Mayte Martín y Belén Maya "Flamenco de Cámara"
Chano Lobato
Manuel Cuevas y su grupo

Viernes, 5 de agosto, 2005. La Unión (Murcia)

Toda la información del Festival

Texto y fotos: Estela Zatania

El venerable Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión dio comienzo el jueves día 4 con un pregón a cargo de Fernando Delgado, la actuación de los ganadores del año pasado y la tradicional velada trovera. Para aquellos que no dominan la numeración romana más allá de la equis, "XLV" significa que esta es la cuadragésimo quinta edición de uno de los acontecimientos de mayor trascendencia del mundo del flamenco.

La primera gala de las cinco programadas empezó por lo fuerte con Belén Maya y Mayte Martín. “Flamenco de Cámara” se titula la obra que estas dos mujeres montaron hace un par de años, paseándola por todo el mundo con gran éxito. Es una afirmación de las raíces del flamenco, a la vez que una reivindicación de la necesidad de expresarlas a través de vivencias contemporáneas y no siempre andaluzas, pues Mayte es catalana y Belén, aparte de haber nacido en los Estados Unidos, es hija del gran bailaor granadino Mario Maya cuya inquietud artística contribuyó a la evolución y actualización del baile tradicional.

Una soleá discreta para empezar – la tónica de toda la obra es el rechazo del efectismo, una técnica depurada y rigurosa sinceridad. El baile de Belén es sensual, cerebral, coqueto... Es geométrico casi siempre – más que bailar, Belén Maya esculpe, pero suaviza el relieve salpicando movimientos que sorprenden por su dulzura y aparente ingenuidad. Quizás los grandes artistas se destacan por eso, la capacidad de manejar conceptos opuestos en su justa proporción.

Los grandes artistas se destacan por la capacidad de manejar conceptos opuestos en su justa proporción

El público de La Unión disfruta con los cantes dulces, y la voz flexible, limpia, dulce y perfectamente afinada de Mayte Martín, y la habilidad con la que efectúa los arabescos vocales más complejos, es la clave del éxito permanente de la señora en estas tierras. Tiene la inteligencia de ofrecer solos de cante que incluyen una vidalita, una guajira al estilo antiguo y un garrotín, un “sota, caballo y rey” del cante bonito, y pocos hoy en día lo hacen mejor.

Belén recupera el baile por tientos que quedó abandonado casi por completo en las últimas décadas. Aquí hace gala de su dominio de la bata de cola y acaba por tangos donde la influencia granadina es inconfundible.

Un solo de guitarra de José Luis Montón abre paso al baile por alegrías de Belén donde se incorpora el violín de Olvido Lanza. La bata de cola color naranja limón que luce la bailaora es un detalle genial que complementa el refrescante planteamiento que entra como un granizado de limón en la playa de La Caleta a mediados de agosto como estamos…en el flamenco, como en todo, se agradecen los sabores bien definidos. La bailaora recuerda posturas antiguas haciéndolas creíbles con su impecable buen gusto y una hermosísima sonrisa que nos dice que disfruta de lo que hace. Mayte Martín nos obsequia con una ristra del mejor cante gaditano antiguo terminando con “Dios mío quien fuera blanco, aunque fuera catalán”, ¡olé la ironía inteligente!

Un solo de violín cae como relleno…no es justo obligar a los artistas a ofrecer su labor en momentos poco apropiados…y la presentación acaba con un taranto con rondeña final. “Flamenco de Cámara” es una pequeña joya del arte flamenco, quizás excesivamente “hecho” después de tanta repetición, pero de elementos seguros y admirables.

Chano siempre acaba metiéndonos a todos, jóvenes y mayores, nacionales y extranjeros en su gaditanísimo bolsillo

¡Ay Chano! Qué grande eres, qué elegantemente llevas los años y cómo disfrutamos con todo lo que haces. No es posible hacer una crítica seria del maestro gaditano. De hecho, cuesta decir nada que no sepa toda la afición: que la esencia de Cádiz se ha destilado y habita en Juan Ramírez Sarabia “Chano Lobato”. Su salida al escenario provoca una calurosa ovación, y los que han aplaudido por compasión – en el umbral de los ochenta el hombre tiene aspecto frágil – pronto se dan cuenta de su error, pues Chano siempre acaba metiéndonos a todos, jóvenes y mayores, nacionales y extranjeros en su gaditanísimo bolsillo. Hay otras voces para los cantes “básicos”…la de Chano es la que más ricamente nos despacha las alegrías, cantiñas, tanguillos, bulerías y demás delicias de su tierra. La voz que apenas suena cuando habla se convierte en cañón con el primer tercio cantado, y el cuerpo que se mueve con cierta dificultad cobra vida y baila con gusto y energía. El flamenco da vida y rejuvenece, y Chano Lobato es la más potente prueba viviente de ello.

Se disculpa con el público local cuando canta “los cantes de aquí, pero por bulería, templaíto, porque cantar por Levante es muy difícil”. Tangos acompañados por Paco Cortés en Mi, “un cachito por soleá”, cantiñas que incluyen alegrías clásicas, romeras y el cante de las Mirris precedidas por la anécdota de cómo Ignacio Ezpeleta inventó el “tiri ti tran” para disimular su incapacidad de decir palabra alguna: “¡ni juguetillo ni ná’, la borrachera de Ignacio!” La cartagenera sirve, como prometió, para entrar en bulerías y un final por rumba – cuando Chano Lobato se aparta del micro, no respira ni dios – con el baile más sabrosito y sembraíto que se ha visto y todos pensamos lo mismo: “quiero hacerme mayor como este hombre”. Un bis y otro bis…si el cantaor se había dejado llevar por cierta exageración hace unos años, aquello ha quedado olvidado porque ahora no tiene tiempo para superficialidades y hasta los cantes más festeros tienen todo el empaque de la mejor interpretación por siguiriya que pueda ofrecer otro.

Cuando falta poco para las dos de la madrugada, se anuncia un descanso antes de la segunda parte. Fue un error alargar tanto la velada, y la mayoría del público no regresó para el grupo de Manuel Cuevas. El espectáculo del cantaor de Osuna que hace dos años se llevó la Lámpara Minera, pecó de un exceso de querer triunfar, de una bailaora guapetona pero verde como el trigo verde, de imitar sin convencer fórmulas empleadas por otros – coros de niñas bonitas, instrumentación, percusión – y de efectismo y alardes técnicos que no engañaron a los pocos que quedamos. Lo lamentamos profundamente por este hombre que tanto trabajo e ilusión ha puesto en su proyecto, pero no…ni siquiera “La Niña de Fuego” de Caracol pudo salvar la presentación y nos quedamos con el excelente sabor de la primera parte.

 


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