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Texto: Estela Zatania
Fotos: Paco Sánchez
GADITANOS HONORARIOS POR UN DÍA
Baile: Juan José Jaén ‘El Junco’. Patricia Ibáñez, José Manuel Álvarez. Beatriz Morales. Carlos Carbonel, Zaida Pérez, Francisco Martín, Claudia Vázquez, Javier Sánchez. Colaboración especial: Ma. José Franco, Ana Salazar, Rosario Toledo. Cante: Mariana Cornejo, Emilio Florido, Carmen de la Jara, David Palomar, Miguel Rosendo. Guitarra: Keko, Ricardo Rivera. Artistas invitados: José María Acosta, José Ramón y Castro “Ramoni”. Coreografía: Juan José Jaén “El Junco”. Dirección musical: Faustino Núñez. Guión: Selu Cossío, Faustino Núñez, Juan José Téllez. Dirección escénica: Pepa Gamboa.
Mucha expectación, muchísimos meses de trabajo y mucha inversión económica se culminaron con el estreno de la maxi obra “Cádiz”, un homenaje al flamenco gaditano un año después del centenario del cantaor Enrique “El Mellizo”, el gran papa del cante de Cádiz.
El estreno de esta producción de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco se programó para coincidir con la celebración del trigésimo quinto Congreso Internacional de Arte Flamenco en la capital gaditana, y se repitió los días 7 y 8. "Ha llegado la hora del flamenco gaditano". Son las palabras que empleó Bibiana Aído de la Agencia en la presentación de la obra días antes, reflejando décadas de olvido cuando el ambiente flamenco prácticamente había desaparecido de la Tacita de Plata que una vez hubiera sido un hervidero de creadores e intérpretes. Pero estamos viviendo una época dinámica para el flamenco, y Cádiz ha aceptado el reto: resucitar y cultivar su pasada gloria para participar en un mercado cuyo apetito no muestra señales de estar saciándose.
Lo que la obra “Cádiz” no es: no había pretensiones, como algunos pensaban, de hacer una nueva versión del legendario espectáculo “Las Calles de Cádiz” de Argentinita que reunió a artistas como Ignacio Espeleta, El Gloria, Juana la Macarrona y la Malena entre otros. Tampoco había ánimo didáctico alguno, ni de presentar una antología de los cantes gaditanos más relevantes. “Cádiz” es el espejo en que se mira esta luminosa ciudad con olor a mar, y por encima de todo, es buen teatro.
Y es el mar que protagoniza y domina el escenario en la forma de un telón de fondo donde van y vienen los vapores de lugares exóticos, dejando en tierra a una diversidad de personajes, desde actrices orientales hasta bailarines africanos o cantantes de ópera italianos, una gran sopa humana que pulula al compás de las cantiñas y tangos que topifican y tipifican la ciudad. Otro día habrá tiempo para seguir la pista del Viejo de la Isla y sus tortuosas siguiriyas que parieron un universo de soníos negros: hoy, el sol tiene ese brillo especial que sólo luce en Cádiz, y la manzanilla corre fresquita y abundante.

Una gran sopa humana que pulula al compás de las cantiñas y tangos que topifican y tipifican la ciudad.
El aire desenfadado de la obra al final seduce y entretiene a lo largo de dos partes, alrededor de dos horas y media de gaditanerías, protagonizadas por dos bailaoras figuras, Rosario Toledo y María José Franco, un bailaor, Juan José Jaén “El Junco”, una bailaora cantante, Ana Salazar, y un excelente surtido de artistas gaditanos, más notablemente los cantaores Mariana Cornejo, Carmen de la Jara, David Palomar (flamante ganador de dos premios en el reciente concurso de Córdoba) y Miguel Rosendo, y los sorprendentes guitarristas Keko y Ricardo Rivera. “Cádiz” es una celebración sin complejos de un carácter que hace gala del mañanismo que el resto del mundo relaciona con España, pero que es más propiamente bajoandaluz y específicamente gaditano.
Las comparaciones son odiosas, pero es inevitable comparar este reclamo turístico con productos similares como “Sevilla” de María Pagés o “Málaga” de Paco Mora que abrió la primera bienal “Málaga en flamenco”. A diferencia de aquellos empeños, “Cádiz” es una experiencia absolutamente indolora y coherente que deja el equipaje cultural en casa y va en busca de los tiempos buenos, porque los malos llegarán solitos.

La exquisitez de los peinados y gran parte del vestuario contribuye a crear el fuerte sabor de época en esta celebración de identidad. Con Puertatierra al fondo, David Palomar pregona caramelos a lo Macandé, y los principales se turnan por alegrías mediante un flamenco que es clásico a la vez que fresco. Breves incursiones contemporáneas rompen el hechizo momentáneamente, pero pronto volvemos a soñar. Por siguiriyas, uno de los pocos momentos serios de la obra, Rosario Toledo luce un escote abierto hasta la cintura que roba protagonismo a su magnífico baile. Carmen de la Jara canta por "ida y vuelta", Miguel Rosendo canta una pincelá de solea de Cádiz, una pareja de cómicos al estilo de comparsa cuentan la anécdota de las partituras del flamenco que llegaron en 1512, y una entrañable escena representa la transmisión oral de cante, baile y toque en el concurrido puerto.

El Junco baila con gran elegancia y flamencura, y el inevitable tanguillo hace acto de presencia con la murga disfrazada a lo carnaval. Guajira, bamberas, tonás… Los sabores son intensos en esta ambiciosa, honesta, incluso ingenua obra que al final cumple la misión teatral: la de entretener. Y cuando cae el confeti desde lo alto, la obra podía haber terminado perfectamente, pero todavía quedaba la segunda parte con la escena de la taberna del puerto, la malagueña de Palomar, tientos de la Cornejo, y cuando ésta pide “soniquete”, ¿quién va a negárselo?
Un estupendo trabajo de investigación por parte del director musical Faustino Núñez está detrás de la coherencia de la obra, y el intenso olor a Cádiz que no deja de emanar en cada momento. Y todo termina cuando la pareja de chufleros se marcha, cantando distraídamente, poniendo el colofón más apto: “Cuando se entra en Cái por la bahía, se entra en el paraíso de la alegría”


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