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6 de enero de 2009
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Antonio Canales y Amigos

Viernes, 10 de septiembre, 2004. 2100h
Teatro de la Maestranza, Sevilla

“Festival”
Milagros Mengíbar; la Macanita; Calixto...;
Viernes, 10 de septiembre, 2004. 21:00h , Teatro Lope de Vega, Sevilla.

El seguimiento diario de la Bienal de Flamenco es patrocinado por:
 
Baile: Antonio Canales. Guitarra: Daniel Méndez, Paco Iglesias. Cante: Herminia Borja, Guadiana, Potito. Percusión: Lucky Losada, Isidro Suárez. Coros y palmas: Remedios Silva, Aroa Pisa.

Dentro de la programación ampliada de la Bienal que fue añadida a última hora figura “Antonio Canales y Amigos” ofrecido la noche del viernes en la Maestranza, y el decepcionante nivel del mismo parecía reflejar la necesidad de montar algo a vuela pluma, y una actitud tirando a “nadie se dará cuenta”. Pero nos dimos cuenta todos. De que a pesar de que Canales sigue siendo el genio que siempre ha sido, un solo bailaor no puede sostener un espectáculo entero (de una hora y veinte minutos), y menos todavía con un respaldo corrientillo compuesto por tres “naineras”, tocaores y cantaores competentes pero poco aprovechados y un cajón que soñaba con ser la figura de la noche.

El programa de mano nos informa con cierta arrogancia que estamos a punto de presenciar “una propuesta de acercamiento a lo más puro del flamenco”. ¿Quién escribe estas cosas? El repertorio sonaba prometedor, qué duda cabe: martinete, seguiriya, bulerías, tangos, bulerías, soleá, fin de fiesta, pero la realidad no tuvo, ni muchísimo menos, el impacto esperado. Igual que todos los hijos de Dios, Canales se hace mayor – se ahoga bailando y el efecto de sus momentos más inspirados, que siguen abundando, es disminuido. Se echa de menos a Juan de Juan...o a Pepe de Pepe o Paco de Paco...cualquier individuo para aliviar la imagen de Canales en ese curioso traje de funcionario de segunda, zapateando e hiperventilando bajo el implacable foco que no perdona.

No ha encontrado esa sublime locura que define su personalidad artística

El solo de pies que abre la presentación (hay un poco de cante para justificar, pero es un solo de pies y punto) es demasiado denso y largo para abrir. En este número, como en todo el espectáculo, se abusa imperdonablemente del cajón con aquel sonido molesto de “chisss” añadido. Un solo de cante mano a mano entre Guadiana y Potito cuyos estilos y voces se complementan camaronamente parece sobrar. Tangos cantados por Herminia Borja, la cantaora que más se acerca al “ange” en toda la noche, adorna una pincelada de baile, y un largo solo de percusión con el escenario a oscuras es una declaración minimalista que no provoca los estruendosos aplausos que parece estar buscando. Un solo de guitarra con coros, y empiezas a preguntarte qué habrá sido de Canales.

Vuelve el protagonista para bailar por soleá tocada con esos bellos sonidos oscuros y misteriosos que se logran mediante una afinación alterada de las guitarras, una de las mejores innovaciones introducidas por la nueva generación, pero otra vez el cante es poco aprovechado y estamos con el solo de pies. Repe repe repe. La noche empezó con un nivel medio bajo y de allí no se mueve. En el fin de fiesta por bulerías la cosa se anima momentáneamente, pero hay que resumir que esta vez el maestro Canales no ha acertado en el montaje ni ha encontrado esa sublime locura que define su personalidad artística.

Texto : Estela Zatania

Fotos: Manny Rocca

“Festival”

Baile: Milagros Mengíbar; Cante: Juan Reina y Manolo Sevilla; Toque: Rafael Rodríguez. Cante: la Macanita; Toque: Manuel Parrilla; Palmas: Chícharo y Gregorio. Cante: Calixto Sánchez; Toque: Manolo Franco. Cante: Fernando Terremoto; Toque: Antonio Higuero; Palmas: Chícharo y Gregorio.

El mismo escenario que sirvió ayer para que Juana Amaya evocara a Carmen Amaya, acoge hoy el hermanamiento entre Sevilla y Jerez. Milagros Mengíbar al baile y la Macanita, Calixto Sánchez y Fernando Terremoto como cantaores, se suben a las tablas del Lope de Vega. Dos horas y media de cante y baile dan para mucho, pero también le da a uno tiempo de cansarse. ¿Cuándo tendremos la suerte de disfrutar de un espectáculo o un recital que dure menos de hora y media y que nos deje con la miel en los labios? Otra cosa indeseable es que el artista dé “ojana” y “se lo lleve calentito”. No es el caso de los que actuaron esta noche, cuyas intervenciones fueron bastante dignas.

Milagros baila la Caña y cierra tras la actuación de Fernando Terremoto con aires de Cádiz. La bata de cola, que forma parte incluso de su personalidad, dibuja siluetas ondeantes. La bailaora mueve con elegancia y destreza el vestido, sin que suponga un obstáculo para el lucimiento de su baile. Todo lo contrario: la belleza radica en la majestuosidad con la que lo hace. Estandarte del desplante y la gracia, la sevillana rinde tributo a su tierra bailando con todo el cuerpo y posicionándose en el polo opuesto a lo que está en boga. Su baile es rico en matices gestuales, busca la expresividad con las manos, con la torsión del tronco y el marcaje acompasado. Matilde Coral recordaba hace unos días que antes se bailaba al cante. Y eso es lo que hace Milagros, que se regodea cuando escucha un ¡ay! o un arranque de la guitarra. Demuestra que no hace falta excederse con zapateados y maneja el tiempo a su antojo, permitiéndose incluso el contrapunto contestando con el sosiego de un desplante fino al compás vivo. Y además sabe pararse, recorrer el escenario o llenarlo sólo con una mirada.

La Macanita raja su garganta a palo seco. Martinete: la huerta de Molina. Ecos de Alcalá y Utrera por soleá por bulerías. El pellizquito y esa voz que no llega recuerdan a la Fernanda, de la que no se olvida cada vez que canta por este palo. Más cómoda aún se siente en la bulería. Con “El corazón tras la puerta” llega el compás: el Chícharo, Gregorio y el Macano a las palmas son la garantía. Y el fin de fiestas.

Calixto Sánchez opta por un repertorio bien diferente: malagueña, tientos, milonga y alegrías. El cantaor de Mairena dice el cante. La ortodoxia es uno de sus dones (o defectos): siempre “correcto”. Se pierde en el tiempo para retomar estilos y letras pero también acude a esferas más cultas y mete por alegrías poemas de Alberti. Puede que emocione más o menos, pero es evidente la calidad de su interpretación y la entrega con la que suele agradar al público, que se puso en pie para aplaudir su actuación. Fue el único que lo consiguió. La guitarra de Manolo Franco arrancó olés y palmas y la compenetración con Calixto fue muy buena.

Fernando Terremoto alza su voz redonda y templa por bulería por soleá . La malagueña se reviste de melismas y fraseos, pero acaba por cautivar por la emotividad con que la canta. Se queja después por seguiriya. El ¡ay! rotundo y jondo calla al silencio. Cuadra los tercios y liga los justos entre lamentos, pero arremete con fuerza cuando la pena le ahoga. Dice adiós por bulerías. Se despega del micro para darse una vueltecita y dos o tres cosas al aire bastan para admirar la potencia de su garganta.

Parece que la Bienal va mejorando.

Texto: Kiko Valle

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